Sudán: La infancia rota por una guerra olvidada
Cientos de niños separados de sus familias llegan a los campamentos de refugiados en Darfur, marcados por la violencia, el hambre y el abandono
Una crisis humanitaria que el mundo ignora
Mientras las cámaras del mundo giran hacia otros conflictos o disputas de potencias, en Sudán se libra un drama humano desgarrador. Desde que el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) retomó el control de el-Fasher —último bastión del ejército sudanés en Darfur del Norte—, el caos humanitario se ha intensificado, obligando a más de 100,000 personas a huir en cuestión de semanas.
Entre esos desplazados, al menos 400 niños han arribado a los campos de refugiados sin sus padres, según el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC). Algunos fueron llevados por familiares lejanos o incluso por desconocidos que los encontraron solos en su huida por el desierto.
El precio de la guerra para los más vulnerables
UNICEF ha registrado 354 menores no acompañados en el campamento de Tawila, a unos 70 kilómetros de el-Fasher, solo entre el 26 de octubre y el 22 de noviembre de 2023. Muchos de estos niños han visto a sus padres desaparecer, ser detenidos o asesinados durante el trayecto.
“Llegaron desnutridos, deshidratados y totalmente desorientados”, explicó Sheldon Yett, representante de UNICEF en Sudán. “Es impactante ver el tipo de violencia extrema que estos niños han presenciado. Algunos vieron a sus madres desaparecidas frente a sus ojos, otros relatan asesinatos de familiares. Es algo que nadie, y mucho menos un niño, debería vivir”.
Mathilde Vu, del NRC, añade que los signos de trauma son cada vez más notorios: “Algunos están en silencio absoluto, otros lloran sin parar, sufren pesadillas, se aíslan o reaccionan con brusquedad. También llegan muy hambrientos, extremadamente delgados, con evidentes signos de desnutrición crónica”.
El conflicto: más allá de el-Fasher
La guerra en Sudán comenzó en abril de 2023 como una disputa de poder entre el ejército nacional sudanés y su antigua fuerza aliada, las Fuerzas de Apoyo Rápido. Esta última tiene su origen en la temida milicia Janjaweed, grupo que protagonizó el genocidio en Darfur en los años 2000, cuando más de 300,000 personas murieron.
El conflicto se ha intensificado y brutalizado. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 40,000 personas han muerto durante los combates. Pero organizaciones humanitarias sostienen que la cifra podría triplicarse debido a la falta de acceso a las zonas más violentas y la escasa infraestructura sanitaria. Hasta la fecha, cerca de 12 millones de personas han sido desplazadas internas o externamente.
Los niños de Tawila: ¿una infancia perdida?
“En el campamento de Tawila, muchos niños duermen sobre la tierra, descalzos, sin más abrigo que lo que llevan puesto”, lamenta Vu. Y aunque la ayuda humanitaria ha comenzado a fluir, con algunas organizaciones internacionales presentes en la región, las necesidades sobrepasan la capacidad de respuesta disponible.
Hasta ahora, UNICEF ha logrado reunir 84 niños con sus familias, aunque se desconoce el paradero o la situación de los padres del resto. Se teme que muchos estén muertos o detenidos por las fuerzas contendientes.
¿Dónde está la comunidad internacional?
A pesar de la magnitud del desastre, Sudán ha sido relegado de la agenda mundial. A diferencia de otros conflictos más mediáticos, las iniciativas diplomáticas y económicas para frenar la violencia en este país africano han sido escasas y poco efectivas.
La semana pasada, las RSF aceptaron una tregua humanitaria propuesta por un grupo mediador liderado por Estados Unidos. Sin embargo, el ejército sudanés exige una retirada total del grupo armado de las zonas civiles y su desarme, algo que hasta ahora no ha sucedido. Mientras tanto, la tregua no ha detenido las matanzas ni la violencia sistemática contra civiles.
El legado genocida de las RSF
Las RSF están integradas en gran parte por excombatientes de la Janjaweed, milicia acusada por múltiples organismos internacionales de crímenes de guerra y genocidio en Darfur a principios de la década del 2000.
Hoy, muchos de esos mismos individuos vuelven a tomar el control de regiones como el-Fasher, reviviendo los horrores del pasado: aldeas arrasadas, mujeres violentadas, familias separadas y una generación entera traumatizada.
Las necesidades urgentes
"La población necesita comida, agua, protección, atención médica, acceso a la educación y apoyo psicosocial ahora, no cuando llegue la paz", enfatiza Vu. La ayuda tarda y muchas vidas cuelgan de un hilo. Cada día de inacción se traduce en más tragedias irreversibles para estos niños.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y otras ONGs piden a la comunidad internacional que ponga el foco sobre Sudán, que destine más recursos y presione a las partes en conflicto a volver a la mesa de diálogo antes de que la guerra convierta en cenizas lo poco que queda del tejido social en regiones como Darfur.
No hablamos solo de números. Hablamos de niños y niñas de 6, 8 u 11 años, que huyeron a pie, sedientos y solos por rutas hostiles, llevando apenas la ropa que llevaban puesta, escapando de la muerte directa... para encontrarse con el abismo del olvido humanitario.
Sudán, símbolo de un fracaso global
El caso de los niños refugiados en Tawila concentra todos los ingredientes de una tragedia contemporánea: guerra interna, intervención insuficiente, impunidad absoluta, crisis de desplazados y niños que cargan con heridas que los acompañarán toda su vida. Es el símbolo de un fracaso internacional en proteger a los más vulnerables y erradicar la violencia étnica sistemática.
Hasta que algo cambie, cada día seguirán llegando nuevas infancias rotas a los campos del olvido, mientras el mundo sigue mirando hacia otro lado.
Fuentes adicionales:
- UNICEF: https://www.unicef.org/press-releases
- Consejo Noruego para los Refugiados (NRC): https://www.nrc.no/
- Organización Mundial de la Salud (OMS): https://www.who.int