Congo entre tragedias acuáticas: la silenciosa emergencia de los naufragios en Maï-Ndombe

Una mirada crítica al alarmante aumento de accidentes fluviales en la República Democrática del Congo y su trasfondo estructural, social y político

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Un naufragio mortal más en aguas congoleñas

El pasado jueves, una embarcación que transportaba pasajeros desde la localidad de Kiri hacia la capital, Kinshasa, se volteó en el lago Maï-Ndombe, en el noroeste de la República Democrática del Congo. El saldo preliminar es trágico: al menos 20 personas fallecidas y numerosos desaparecidos, según informaron residentes de la región.

Uno de los ocupantes era un diácono recién ordenado, cuya muerte fue confirmada por la diócesis local. El gobernador de la provincia de Maï-Ndombe, Kevani Nkoso, señaló en una entrevista televisiva que todavía se están recolectando datos sobre víctimas y sobrevivientes.

Un patrón que no cesa: embarcaciones inseguras y políticas ausentes

La República Democrática del Congo enfrenta una crisis creciente que pasa desapercibida en muchas coberturas mediáticas: la de los continuos naufragios mortales en sus lagos y ríos. En un país con infraestructuras viales casi inexistentes en muchas regiones, las personas se ven obligadas a transportarse en embarcaciones improvisadas, muchas veces de madera y sin certificación técnica.

Estos botes, que a menudo viajan sobrecargados de pasajeros y mercancías, navegan sin normativas de seguridad claras, sin chalecos salvavidas y, en la mayoría de los casos, durante la noche. Todo esto convierte el transporte acuático en una ruleta rusa para miles de congoleños cada semana.

Estadísticas alarmantes

En septiembre de 2023, dos naufragios distintos en el norte del país resultaron en la muerte de al menos 193 personas, según medios estatales. A inicios de noviembre de ese mismo año, otro accidente dejó 64 desaparecidos. El patrón se repite: la noche, el exceso de peso a bordo y la ausencia de equipamiento mínimo de seguridad.

Estos números revelan una situación de emergencia que está siendo peligrosa e inaceptablemente normalizada. Los testimonios de sobrevivientes y familiares muestran el mismo drama: cuerpos desaparecidos que nunca son recuperados, velorios sin cadáver, y reclamos ante autoridades que raramente atienden o investigan seriamente.

Por qué la gente elige estas rutas

Para comprender este fenómeno, es necesario mirar más allá del accidente y entender por qué cientos de congoleños se arriesgan al agua. Lo cierto es que las carreteras en amplias zonas del país son prácticamente inexistentes. Aquellas que sí existen, están en condiciones deplorables o son peligrosas debido a la presencia de grupos armados.

En una entrevista publicada por Radio Okapi, un habitante de Inongo, Emmanuel Bola, explicó que el transporte fluvial no solo es la opción más factible para muchos, sino también la más barata. “Un pasaje fluvial cuesta menos de la mitad que ir por carretera, si es que eso siquiera es posible”, comentó.

El entorno del lago Maï-Ndombe: bello pero letal

El lago Maï-Ndombe, cuyo nombre significa "aguas negras" en lengua local, es conocido por su profundidad y tamaño: más de 200 km de largo y 100 de ancho. Si bien es una vía navegable vital para la región, también es impredecible. Las lluvias frecuentes, los vientos turbulentos y la falta de señalizaciones hacen que los trayectos sean peligrosos incluso para marineros experimentados.

Irónicamente, los proyectos turísticos internacionales han puesto los ojos en el lago por su belleza. Sin embargo, la población local sigue dependiendo de sus aguas para subsistir, sin que se garantice su seguridad o se modernice el transporte cotidiano.

¿Qué dice el Estado congoleño?

El silencio institucional ha sido casi una constante. Aunque el gobernador Kevani Nkoso suele aparecer tras los accidentes, pocas veces se anuncian planes de seguridad a mediano o largo plazo. No hay campañas nacionales importantes para proveer chalecos salvavidas, ni para fiscalizar el estado de las embarcaciones.

Expertos como Jean-Paul Bofasa, sociólogo de la Universidad de Kinshasa, afirman que estos episodios de negligencia acumulada demuestran algo mucho más profundo: el abandono estructural de regiones rurales enteras. “Se repite el patrón de Kinshasa mirando solamente hacia sí misma, mientras el interior del país sobrevive a su suerte”, dice Bofasa.

La tragedia en contexto: otras crisis paralelas

Estos naufragios no son casos aislados. En paralelo, la RDC enfrenta decenios de conflicto armado en su región este, oleadas de desplazamientos internos, epidemias periódicas (como el ébola y el cólera), y un Estado que frecuentemente carece de presencia efectiva fuera de las grandes urbes.

La inseguridad, sumada al abandono, forma una tormenta perfecta. Cuando los pobladores deben tomar decisiones de vida o muerte (como si subirse a un bote lleno a medianoche es preferible a caminar días por caminos en la selva), las autoridades parecen más interesadas en expresarse en medios después de la tragedia, que en prevenirlas.

Los olvidados del Maï-Ndombe

Mientras los cuerpos de los fallecidos siguen sin ser recuperados, y las familias rezan por respuestas, el ciclo vuelve a empezar. Otro bote se llenará mañana, impulsado por la necesidad urgente de sobrevivir. Sin medidas reales, ni fiscalización ni infraestructura, el lago Maï-Ndombe continuará siendo un cementerio invisible y silenciado.

¿Y las soluciones?

Las organizaciones internacionales y la sociedad congoleña ya tienen sobre la mesa múltiples propuestas:

  • Dotación gratuita de chalecos salvavidas en embarcaciones públicas y privadas.
  • Prohibición efectiva de la navegación nocturna, salvo casos de emergencia.
  • Auditorías técnicas de las embarcaciones cada seis meses, bajo supervisión civil.
  • Capacitación básica en primeros auxilios y rescate a los operadores de barcos.
  • Inserción del tema en el sistema educativo como parte de la formación básica en regiones ribereñas.

No podemos seguir tratando estos naufragios como eventos aislados. El patrón es claro, el dolor es constante, y la solución depende, ante todo, de voluntad política y presión ciudadana.

Como escribiera el poeta y activista congolés Fiston Mwanza Mujila: "En nuestro país, cada río carga cuerpos como historias sin contar. Sobrevivimos narrando las que aún no han sido escritas".

Quizá ya es hora de escribir otra historia: una donde cruzar el lago Maï-Ndombe no sea una sentencia de muerte, sino parte de una vida digna y segura.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press