Cuando el pasto importa más que el pueblo: golf, agua potable y la crisis climática en Maui

La cancelación de un torneo de golf en Maui desata un debate sobre el uso de agua potable para campos de golf mientras sus comunidades enfrentan restricciones y sequías sin precedentes

El paraíso de los golfistas en tiempos de sequía

Enclavado en las laderas montañosas del oeste de Maui, el Plantation Course del Kapalua Resort es una joya turística de Hawai. Con vistas panorámicas del océano Pacífico, ballenas nadando a lo lejos y una reputación de primer nivel, el campo ha albergado durante más de 25 años el torneo The Sentry, evento de temporada de la PGA Tour con un premio de 20 millones de dólares.

Sin embargo, en 2024 el torneo fue cancelado. No por falta de jugadores ni de espectadores, sino porque el césped del campo se volvió marrón, incapaz de mantener su verdor sin un suministro constante de agua en una región ya afectada por incendios forestales y sequía. El impacto económico: una pérdida estimada de 50 millones de dólares para la comunidad local.

Un lujo regado con agua potable

El debate ha escalado rápidamente más allá del mundo del golf. ¿De dónde viene el agua utilizada para mantener estas tierras deportivas? De acuerdo con Earthjustice, una organización legal ambiental sin fines de lucro, el campo ha estado usando millones de galones de agua subterránea potable para su irrigación desde el verano, a pesar de que las comunidades cercanas enfrentan restricciones estrictas de consumo de agua.

Esta es agua que podríamos beber”, reclamó Dru Hara, abogada de Earthjustice, durante una audiencia ante la Comisión de Recursos Hídricos de Hawái. “Es un recurso sagrado. El 'wai' en la lengua hawaiana no es solo agua; es vida.”

En contraste, los administradores del campo afirman que no tienen control sobre el origen del agua que fluye hacia sus reservorios. TY Management Corporation, empresa propietaria del campo y encabezada por Tadashi Yanai —millonario japonés y fundador de Uniqlo— señaló que están evaluando alternativas como el uso de agua reciclada para futuras necesidades de irrigación.

El conflicto entre lujo y justicia ambiental

Este tipo de prácticas ha despertado indignación tanto en residentes como en líderes comunitarios. Lauren Palakiko, agricultora de taro (kalo o malanga) de Maui occidental, lo resumió en una sola frase: “No se debe bombear agua del acuífero para alimentar el césped de un campo de golf o las piscinas de mansiones vacías”.

No es solo un problema ambiental, sino también moral. Las comunidades, especialmente las indígenas hawaianas, ven cómo el agua —el “wai”— se desvía para mantener el verdor de una actividad elitista, mientras ellas luchan para regar sus cultivos tradicionales o simplemente acceder a agua potable de calidad.

Sistemas de irrigación obsoletos y una disputa legal

La situación se agrava cuando se considera que la infraestructura usada para distribuir el agua —una red de acequias centenarias— está en disputa. TY Management se alió con residentes del área y Hua Momona Farms para demandar a Maui Land & Pineapple (MLP), quien opera esta red, por presunto abandono en su mantenimiento, lo que habría afectado gravemente el flujo de agua hacia el valle.

MLP contraatacó legalmente, y ambas partes se enfrentan en un proceso que podría redefinir el acceso y uso del agua en una de las regiones más exclusivas pero vulnerables del archipiélago.

Cambio climático y el futuro del golf en Hawai

Este conflicto no es un hecho aislado. Según la Agencia Nacional de Meteorología, el oeste de Maui ha experimentado una de las peores sequías de los últimos 30 años. En paralelo, incendios como el que devastó Lahaina en 2023 —cobrando 100 vidas y más de 2.200 edificios— son cada vez más frecuentes.

Este nuevo clima hace tambalear no solo la estética de estos campos de golf, sino lo que representan. Ann Miller, veterana periodista de golf en Honolulu, advirtió: “Esto puede cambiar totalmente el paradigma del golf en Hawái. Podría afectar la popularidad del destino y el ingreso que deja el turismo deportivo.”

El negocio detrás del césped verde

Jugar una ronda en el Kapalua Resort no es barato. Un golfista puede llegar a pagar hasta 469 dólares por 18 hoyos. Este precio, asociado a vistas impresionantes y estándares de lujo, tiene su costo ambiental.

Mientras tanto, turistas disfrutan del verdor del césped sin saber que, para muchos locales, regar sus plantas de taro o simplemente ducharse significa hacer malabares con normas de uso restrictivo y la constante amenaza del racionamiento.

Como comentó Kamanamaikalani Beamer, excomisionado estatal de agua: “Ningún campo de golf debería estar usando agua potable en el siglo XXI. Existen soluciones como el agua reciclada. La prioridad debe ser la gente, no el césped.”

¿Reinvención o extinción para el golf isleño?

Ante este nuevo escenario, el futuro del golf en Maui —y en toda Hawái— está en entredicho. Ya no será suficiente con “ver para creer” como decía Ann Miller. Ahora, los organizadores de eventos deportivos y los administradores de resorts deben preguntarse: ¿es sostenible seguir operando un campo con agua potable mientras alrededor hay comunidades sedientas?

Los defensores del medioambiente y los pueblos indígenas están dejando claro que la era de las decisiones unilaterales y elitistas ha llegado a su fin. El agua en Hawái no es solo un bien escaso; es identidad, herencia y resistencia.

Del símbolo de estatus al símbolo del cambio

Paradójicamente, lo que fue símbolo de lujo puede volverse un catalizador de transformación. Si Maui logra convertir sus campos de golf en espacios regenerativos alimentados por agua reciclada, podría ser ejemplo a nivel global de cómo el ecoturismo y la preservación cultural pueden convivir con la recreación deportiva.

Mientras tanto, la lección queda clara: en una era de cambio climático, el verde más importante ya no es el del fairway, sino el de un futuro sustentable.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press