Navidad entre el dolor y la esperanza: la lucha de las madres por sus hijos desaparecidos en México

Cómo la fe, la memoria y los gestos simbólicos mantienen viva la búsqueda en un país marcado por la violencia y la impunidad

Verónica Rosas no ha vuelto a poner un árbol de Navidad desde 2015. Ese fue el año en que su hijo Diego, de 16 años, desapareció en un suburbio de Ciudad de México. Desde entonces, diciembre no es una celebración, sino un recordatorio punzante de ausencia, dolor e impotencia.

Historias como la de Verónica se repiten en todo el país, donde más de 133.000 personas han desaparecido desde 1952, según cifras oficiales. La mayoría de estos casos han sido mal investigados o simplemente ignorados por las autoridades.

Un árbol de esperanza en un país sin respuestas

En Ecatepec, Estado de México —una de las zonas más peligrosas del país—, un grupo de madres decidió transformar su dolor en memoria colectiva. Con fotografías, brillantina, cartones reciclados y recuerdos desgarradores, decoraron esferas navideñas que fueron colgadas en un árbol de la esperanza en la Catedral del Sagrado Corazón de San Cristóbal.

La actividad, organizada por la Diócesis de Ecatepec, simboliza mucho más que un simple acto artesanal. Es una denuncia silenciosa pero poderosa. “Queremos visibilizar la crisis que estamos viviendo”, afirmó Rosas, quien fundó una organización para apoyar a otras familias en su situación.

Una tragedia que afecta generaciones

Marisol Rizo busca a su madre desde 2012. Su testimonio es escalofriante: “Este ha sido un Vía Crucis”. Rizo no solo perdió a su madre, también tuvo que descuidar a sus hijos pequeños en ese momento, porque la prioridad se convirtió en buscar entre fosas, comisarías y morgues.

“Mis hijos eran pequeños cuando desapareció mi madre… mientras la buscaba, me olvidé de ellos”, cuenta con un nudo en la garganta. En su caso, sospecha que el responsable es su propio padre, aunque él siempre lo ha negado.

El duelo y la celebración: antagonistas que coexisten

Para muchas madres buscadoras, la época navideña no es un momento de alegría. Es la confirmación de una realidad cruel: hay una silla vacía, una voz que no cantará villancicos, una cena incompleta.

Rizo recuerda que en Nochebuena solía estar en las calles, pegando volantes con la cara de su madre, mientras veía salir a familias sonrientes de centros comerciales. “Lloraba mucho en esas fechas”, dice. “Estas esferas representan una tristeza profunda. No es ahí donde quiero ver la foto de mi mamá”.

Una Iglesia que, tras años de cerrar sus puertas, empieza a abrazar

Al principio, las madres buscadoras no encontraban eco en sus parroquias. “Hace cinco años pedí una misa por mi hija desaparecida y me dijeron: ‘No damos misas por desaparecidos’”, recuerda Jaqueline Palmeros, quien recientemente encontró los restos de su hija en Ciudad de México.

Sin embargo, algo está cambiando. El obispo Javier Acero, en representación de la Arquidiócesis de la Ciudad de México, se ha convertido en un aliado inesperado. Durante reuniones con las familias, ha pedido públicamente perdón: “Si no los recibimos con el cuidado que necesitaban o no rezamos como lo esperaban, les pido perdón. No supimos cómo actuar”.

Un ministerio de presencia: fe al servicio de la justicia

Grupos ecuménicos —formados por monjas, sacerdotes anglicanos, líderes cristianos y católicos— han estado al lado de estas personas desde que inició su calvario. Esta comunidad, llamada el círculo de la iglesia, los acompaña en protestas, ayuda a cavar en posibles fosas clandestinas y celebra misas en la vía pública.

El Reverendo Luis Alberto Sánchez, cuyo hermano fue secuestrado y asesinado, es una de estas voces. “No podemos quedarnos callados. La voz de los desaparecidos tiene que resonar para decir ‘ni uno más’”, dice. Durante la actividad en la catedral, fue él quien aplicó laca a las esferas navideñas recién hechas, en un gesto de cariño y respeto.

El dolor colectivo de un país herido

Según Amnistía Internacional, cada día desaparecen entre 10 y 12 personas en México. Aunque no todas se relatan en medios, cada una de estas historias es una tragedia personal que deja una estela de sufrimiento en sus familias, muchas de las cuales emprenden sus propias investigaciones ante la inacción del Estado.

La violencia ha afectado especialmente a las mujeres. De acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, más de 10 niñas y mujeres son asesinadas diariamente en territorio mexicano. En muchos casos, antes de encontrarlas muertas, pasaron días o semanas en calidad de desaparecidas.

Una crisis que no cesa

El gobierno de México ha sido constantemente criticado por organismos internacionales como la ONU y la Corte Interamericana de Derechos Humanos por su limitada respuesta a la crisis de desapariciones forzadas. A pesar de haber creado comisiones y registros nacionales, la falta de presupuestos, personal capacitado y voluntad política sigue siendo una constante.

Las propias familias han tenido que convertirse en forenses, detectives y activistas. Muchas usan redes sociales, bibliografía legal e incluso drones para rastrear posibles restos humanos. En algunas ocasiones, han logrado localizaciones más efectivas que las propias fiscalías.

Del dolor individual al activismo colectivo

Verónica Rosas no solo busca a Diego. Busca justicia. Busca que nadie más tenga que vivir su tragedia. A través de su organización, ha venido articulando redes de madres, apoyadas por psicólogos, abogados y expertos forenses.

“Yo deseo que en todas las comunidades de fe, de cualquier religión, se replique nuestro modelo”, dice, con esperanza en la voz. “Así, todas las familias podrían recibir esta presencia constante de la iglesia, del amor y de la esperanza que llevamos en nuestros corazones.”

El poder de ese árbol navideño decorado con lágrimas es, al mismo tiempo, un reclamo de justicia y un acto de fe para las miles de personas que viven una Navidad sin sus seres queridos, pero con la esperanza encendida —aunque sea en un simple adorno hecho a mano— de volver a encontrarlos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press