Protección a los guardianes del océano: tiburones y rayas reciben nuevas medidas de conservación
Más de 70 especies de tiburones y rayas se beneficiarán de restricciones históricas al comercio internacional, en un intento global por revertir su peligro de extinción
Una victoria para la conservación marina
La reunión más reciente de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), celebrada en Uzbekistán, trajo un importante hito ambiental: los gobiernos asistentes aprobaron protecciones sin precedentes para más de 70 especies de tiburones y rayas. Esto ocurre en un contexto de creciente preocupación por la sobrepesca y el comercio mundial de sus aletas, carne, aceite e incluso branquias.
Entre las especies que ahora contarán con mayores protecciones se encuentran el tiburón oceánico de puntas blancas, mantas rayas, rayas diablo y el emblemático tiburón ballena. Algunas de estas especies ahora están sujetas a una prohibición total de comercio, mientras que otras solo podrán comercializarse con pruebas rigurosas de que su origen es legal, sostenible y trazable.
¿Por qué se necesita proteger a los tiburones?
Desde hace años, organizaciones como la Wildlife Conservation Society (WCS) y el International Fund for Animal Welfare (IFAW) han alertado sobre la alarmante disminución de las poblaciones de tiburones debido a la pesca indiscriminada. Se calcula que más de 100 millones de tiburones son matados cada año por sus productos, en particular sus aletas, utilizadas principalmente en sopas y platos tradicionales en ciertas regiones de Asia.
El comercio de tiburones y rayas representa una industria multimillonaria. Sin embargo, esto resulta insostenible: más del 37% de las especies conocidas de tiburones y rayas están amenazadas de extinción, según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
“Durante demasiado tiempo los tiburones que han recorrido nuestros océanos por millones de años han sido masacrados por sus aletas y carne,” — Barbara Slee, IFAW
La decisión de Uzbekistán: un precedente global
La votación en Uzbekistán marca un precedente sin igual. Además de los ya mencionados, se fortalecieron regulaciones para especies como los tiburones gulper, los tiburones lisos (smoothhound) y el tiburón tope. También se establecieron cuotas anuales de exportación cero para varias especies de pez guitarra y wedgefish, lo que equivale en la práctica a una prohibición del comercio internacional de estas especies.
Luke Warwick, director de conservación de tiburones y rayas en Wildlife Conservation Society, enfatizó que esto fue una “victoria monumental” lograda gracias a la cooperación de diversos países de América Latina, África, el Pacífico y Asia.
Impactos previos: avances logrados en 2022
La última conferencia de CITES, celebrada en 2022 en Panamá, ya había sentado las bases de este progreso. En esa ocasión, se aprobaron protecciones para más de 90 especies de tiburones, incluyendo 54 especies de tiburones réquiem, el tiburón cabeza de pala, tres especies de tiburón martillo y 37 especies de pez guitarra, muchas de las cuales nunca antes habían contado con protección alguna.
Estos avances demuestran una creciente conciencia global sobre la necesidad de proteger a especies que, por siglos, han sido estigmatizadas y explotadas sin piedad.
Retos en la aplicación
Sin embargo, la implementación de dichas medidas no está exenta de desafíos. CITES depende en gran medida de que los países, especialmente los en vías de desarrollo, tengan los recursos y capacidades para fiscalizar y aplicar las restricciones comerciales. Esto es complejo, considerando que el tráfico ilegal de especies animales genera más de 10 mil millones de dólares anuales, según estimaciones de INTERPOL y la ONU.
Esta dependencia ha generado críticas hacia CITES, ya que muchas veces los países más afectados por el comercio ilegal carecen de apoyo logístico o financiero internacional suficiente.
Eco-negocios y el doble filo de la conservación
El comercio de productos derivados de tiburones ha encontrado mercados específicos, especialmente en Asia oriental. Las famosas aletas de tiburón, que pueden alcanzar precios de hasta 1.000 USD el kilo, son consumidas como manjar o símbolo de estatus. También sus hígados son utilizados para obtener escualeno, ingrediente clave en cosméticos y suplementos.
La paradoja es evidente: mientras se buscan proteger especies, otras iniciativas vinculadas a la conservación —como el turismo sostenible para observar tiburones— también dependen del “valor comercial” de estos animales. Es decir, su preservación empieza a volverse rentable a medida que cambia la percepción del público hacia ellos.
Mitos vs realidad: cambiando la narrativa sobre los tiburones
El cine y los medios han contribuido a que el tiburón se perciba como un monstruo devorador de humanos, gracias a películas como “Jaws” o “Deep Blue Sea”. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Las muertes humanas provocadas por tiburones promedian menos de 10 al año. En contraste, los humanos eliminan millones de tiburones anualmente.
“Las personas temen a los tiburones, pero la verdadera amenaza somos nosotros para ellos”, indicó Barbara Slee de la IFAW.
Iniciativas educativas, documentales de divulgación como los de BBC Earth o National Geographic, y movimientos como el “Shark Awareness Day”, han sido cruciales para generar empatía y conocimiento sobre estas criaturas vitales para los ecosistemas marinos.
Implicaciones ecológicas: los tiburones como especie clave
Los tiburones y rayas son considerados especies clave (keystone species) en los ecosistemas oceánicos. Esto significa que su desaparición podría desencadenar desequilibrios catastróficos en las cadenas tróficas, afectando indirectamente la viabilidad de otras especies, incluso aquellas consumidas por los seres humanos.
Un estudio de la revista Nature en 2021 reveló que la desaparición de tiburones en regiones del Indo-Pacífico provocó un aumento descontrolado de ciertas poblaciones de peces, lo cual dañó los arrecifes de coral al reducir especies herbívoras necesarias para su mantenimiento.
Una esperanza para el futuro
Además de imponer nuevas reglas, la protección de tiburones también sienta vínculos entre países. CITES ha logrado que gobiernos tradicionalmente opuestos —como ciertos países asiáticos consumidores y otros latinoamericanos proveedores— trabajen en acuerdos sostenibles, con monitoreo independiente y participación de ONGs.
En palabras de Luke Warwick, “el verdadero triunfo es haber logrado que tantos países usualmente dispares se unan con un objetivo común: proteger el futuro de estos animales”.
¿Qué sigue?
Aunque estas medidas son bienvenidas por los científicos y conservacionistas, también queda claro que son solo un primer paso. Se requiere un compromiso de largo plazo, incluido el financiamiento para que los países implementen adecuadamente las regulaciones, así como campañas educativas para reducir la demanda.
En este sentido, organizaciones como Shark Advocates, Project AWARE y Marine Stewardship Council (MSC) seguirán presionando para que los compromisos asumidos se traduzcan en cambios concretos en el agua.
Los tiburones y rayas no son simples recursos; son símbolos vivientes de la complejidad evolutiva de nuestros océanos. Conservarlos es también conservar la salud planetaria y, en última instancia, nuestro futuro como humanidad.
