Sudán bajo fuego: Una carrera contra el tiempo para salvar el patrimonio arqueológico de una nación

Mientras la guerra devasta museos y sitios históricos, una arqueóloga sudanesa lucha desde París por rescatar lo que queda de la memoria milenaria de su país

La guerra que amenaza con borrar la historia

Desde abril de 2023, Sudán vive un conflicto armado devastador entre las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), una guerra que no solo ha cobrado miles de vidas humanas, sino que también amenaza con destruir la memoria histórica y cultural de una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

En los primeros días del conflicto, los museos en ciudades como El Geneina y Nyala fueron saqueados y destruidos casi por completo. El Museo Nacional de Jartum, hogar de más de 100,000 piezas que abarcaban desde la prehistoria hasta la era islámica, fue invadido por milicianos cuyos actos vandálicos fueron difundidos en redes sociales. La magnitud del saqueo aún no se conoce en su totalidad.

La resistencia cultural desde el exilio

En medio del caos, surge la figura de Shadia Abdrabo, arqueóloga y curadora de la Corporación Nacional de Antigüedades y Museos (NCAM) de Sudán. Exiliada en París gracias a una beca de investigación, Abdrabo trabaja contra reloj para crear una base de datos digital con toda la información disponible sobre los objetos, archivos y sitios arqueológicos de su país.

Tenemos que actuar rápido para proteger nuestras colecciones. Ya perdimos dos museos y no podemos permitirnos perder más”, dice con voz firme pero emocional.

Esta misión no es sólo profesional: es profundamente personal. Originaria de Nubia, una región del norte sudanés rica en monumentos milenarios, Abdrabo huyó con sus hermanas del bombardeado Jartum hacia ciudades más seguras como Atbara, Abri y finalmente Port Sudán. Desde entonces, ha enfocado todos sus esfuerzos en preservar el legado que define a su nación.

Sudán: cuna de culturas milenarias

Para muchos, Sudán es simplemente un país en conflicto. Pero para los arqueólogos e historiadores, es una joya enterrada en las arenas del tiempo. Fue el hogar de la civilización de Kerma (2500–1500 a.C.), anterior incluso al imperio egipcio en algunos registros, seguido por los reinos napatense y meroítico, cuando los faraones negros gobernaron tanto Egipto como Nubia.

Sudán alberga más pirámides que Egipto, muchas en la región de Meroe. También cuenta con arte cristiano medieval único en África y con objetos del periodo islámico temprano que revelan la rica mezcla cultural del valle del Nilo.

Entre los tesoros perdidos o en peligro están las momias de más de 4,500 años de antigüedad y las joyas reales de los reinos kushitas, considerados por muchos como iguales o incluso superiores en artesanía a sus contrapartes egipcias.

Un diagnóstico que llega tarde

Según Ali Nour, defensor del patrimonio cultural sudanés, los esfuerzos internacionales fueron reactivos y lentos. “Mientras se escribían solicitudes de ayuda, los sitios eran vaciados; mientras se revisaban protocolos de riesgo, los archivos desaparecían”, escribió en un artículo para el Instituto Internacional de Conservación del Patrimonio Artístico e Histórico del Reino Unido.

Abdrabo confirma esta frustración. “Perdimos más que objetos. Perdimos investigaciones, estudios, registros. Es desgarrador”. A día de hoy, ha documentado más de 1,000 objetos solo del Museo Nacional, y estima que ha logrado un 20% de todo el trabajo previsto.

Un esfuerzo solitario con impacto global

Gracias a la colaboración con instituciones como el Louvre y el Museo Británico, Abdrabo ha podido comenzar a establecer una plataforma digital. Pero gran parte del trabajo lo realiza sola, revisando archivos polvorientos e inventarios a mano escritos hace décadas.

El arqueólogo Geoff Emberling del Museo Kelsey de Arqueología en la Universidad de Michigan subraya la importancia de apoyo internacional: “Si realmente estamos interesados en las culturas antiguas del mundo, también debemos interesarnos en Sudán”.

Emberling participa en el recién fundado Fondo de Recuperación de la Emergencia Cultural de Sudán, que busca unir a académicos, museos y donantes para una misión urgente: salvar lo que queda del patrimonio cultural sudanés.

Un patrimonio sin micrófonos

A diferencia de conflictos similares como el de Irak o Afganistán, los estragos culturales en Sudán han pasado casi desapercibidos en los medios. La experta Meryam Amarir afirma que esta falta de visibilidad ha frenado respuestas coordinadas globales.

La UNESCO ha lanzado advertencias, capacitado a agentes de aduanas y policías en la identificación de piezas robadas y ha hecho un llamado a los coleccionistas para que no compren artefactos sudaneses, pero el flujo de saqueo continúa.

La otra cara de la crisis: el tráfico

La guerra ha facilitado el saqueo organizado de piezas arqueológicas, muchas de las cuales terminan en mercados ilegales vía rutas desde África Oriental hasta Europa o Asia. El arte africano, especialmente cuando no está en ningún inventario formal, es increíblemente vulnerable.

En este caos, bases de datos como la que Abdrabo está creando funcionan como “huellas digitales” que permiten rastrear y recuperar piezas cuando emergen en casas de subastas o colecciones privadas. Cada foto, cada número de inventario, cada coordenada es clave.

“Lloro cuando hablo de esto”

Lloro cada vez que hablo de esto. Mi única meta es hacer todo lo posible por Sudán, pero no es fácil”, confesó Shadia Abdrabo entre lágrimas. El tiempo corre. Su beca está financiada hasta abril de 2026, y el trabajo es abrumador.

Solo para el Museo Nacional he registrado 1,080 objetos… pero hay otros 10 museos, y después están los sitios arqueológicos, los archivos… necesito añadir fotografías, coordenadas, números de ID... Es una montaña de trabajo”.

Mientras el invierno avanza en París, la violencia en su tierra natal no cesa. “Hasta que termine la guerra, no sabemos qué puede pasar. Las piezas están en lugares desconocidos, sin seguridad. La cultura está indefensa”.

El legado de una de las regiones más ricas en historia del mundo está amenazado. Pero gracias a mujeres como Abdrabo, ese pasado aún tiene una voz, aún hay resistencia, aún hay memoria.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press