Tragedia en Tai Po: El incendio que cambió una comunidad en Hong Kong para siempre

Un análisis de la catástrofe en Wang Fuk Court, donde más de 128 personas perdieron la vida, y las sombras de negligencia que emergen tras el desastre

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Una tarde común que cambió todo

La tarde del 26 de noviembre de 2025 marcó un antes y un después para los residentes del complejo residencial Wang Fuk Court en Tai Po, Hong Kong. Esa jornada, que para muchos era simplemente otro día más, se convertiría en una pesadilla de proporciones históricas. William Li, de 40 años, estaba en casa disfrutando un día libre cuando recibió una llamada de su esposa que cambiaría su vida: "Nuestro edificio está en llamas". No había alarmas, olores ni señales visibles de fuego. Pero cuando abrió su puerta apenas ocho minutos después, se encontró con una humareda negra y asfixiante. "Todo se volvió negro frente a mis ojos", relató con emoción.

El incendio más mortal desde 1948

El fuego, que se propagó durante más de 40 horas, cobró la vida de al menos 128 personas y dejó a unas 200 desaparecidas, convirtiéndose en el incendio más mortífero en Hong Kong desde 1948. Afectó a siete de los ocho edificios del complejo Wang Fuk Court, un conjunto habitacional construido en los años 80 como parte de la expansión urbanística en Tai Po, concebida como una “nueva ciudad”. Hoy, esa zona alberga a unas 300,000 personas, muchas de ellas ancianos retirados y trabajadores de clase media y baja.

Bambú, redes plásticas y una tragedia anunciada

Uno de los elementos claves en la rápida propagación del fuego fueron los andamios de bambú cubiertos con redes de nailon, características comunes en obras de construcción en Asia. Estas estructuras inflamables sirvieron como mechas que canalizaron las llamas desde los niveles bajos hacia los pisos superiores.

Además, ventanas cubiertas con espuma de poliestireno agravaron el problema: cuando se calentaron, explotaron, permitiendo la entrada de fuego a los departamentos. El viento hizo el resto, llevando el infierno de un edificio a otro. Las autoridades de Hong Kong arrestaron a al menos once personas en conexión con el incidente, incluyendo a directores de empresas de construcción y consultores de ingeniería.

Un sistema de alarma ausente

Uno de los elementos más desconcertantes del incendio fue el colapso total de los sistemas de alarma. Ni uno solo de los más de 4,600 residentes del complejo reportó haber escuchado una alarma contra incendios. Tal ausencia generó preguntas incómodas sobre el cumplimiento de normativas y la supervisión técnica de las remodelaciones que se llevaban a cabo.

Historias humanas entre el humo y el caos

Li no fue el único que vivió momentos de horror. Ding Chan, de 70 años, había salido a trabajar como empleada de limpieza apenas media hora antes de que iniciara el fuego. Su esposo, un electricista también de 70 años, tampoco estaba en casa. Su departamento, que tardaron más de una década en pagar, probablemente esté destruido.

“No he dormido en dos noches”, dijo Chan desde un albergue temporal. Miles de personas como ella ahora enfrentan no sólo la pérdida de sus hogares, sino también la incertidumbre de un futuro reconstruido desde cenizas.

El rescate milagroso de William Li

Tras fallar su primer intento de escapar, William Li se atrincheró en su apartamento, colocó toallas mojadas debajo de la puerta y llamó a la policía. También contactó a su esposa para despedirse. Se refugió con dos vecinos mayores que no sabían qué hacer después de que sus ventanas estallaran. Finalmente, después de dos horas de angustia, los bomberos lograron alcanzarlos desde la fachada exterior utilizando escaleras.

“Cuando bajaba por la escalera, me gritaron que me cubriera la cabeza por los escombros y me rociaron completamente con agua. Fue desesperante y a la vez un alivio indescriptible”, narró Li.

Un sistema en crisis: Hong Kong ante su reflejo

Este incendio no solo fue consecuencia de una serie de errores, sino el reflejo de un sistema de regulación laxo sobre obras de remodelación y condiciones habitacionales en la ciudad. Muchas de estas reformas están manejadas por contratistas independientes y subcontratistas que priorizan el ahorro de costos respecto de la seguridad. El uso de materiales inflamables y la falta de supervisión constante son sólo la punta del iceberg.

Datos del censo de 2021 indican que más de un tercio de los residentes de Wang Fuk Court tienen más de 65 años. Este dato cobra aún más relevancia considerando que personas de esa edad tienen mayor dificultad para evacuar rápidamente.

Una comunidad rota pero solidaria

En cuestión de horas, más de 900 personas se trasladaron a refugios de emergencia. Decenas de voluntarios, desde enfermeros hasta trabajadores sociales y psicólogos, acudieron a brindar asistencia. La comunidad respondió con una ola de donaciones, pero como muchos sobrevivientes han señalado, los recursos materiales son inútiles cuando ni siquiera se tiene un lugar donde guardarlos o una cama donde dormir.

“Por ahora, no sabemos qué va a pasar”, dijo Li. “Pero agradezco la generosidad del pueblo de Hong Kong, a pesar de que lo que realmente necesitamos en este momento es certeza sobre el futuro”.

¿Dónde estaban las regulaciones?

El incendio plantea urgentes cuestionamientos sobre las políticas públicas de seguridad en Hong Kong. A pesar de ser una de las ciudades con mayor densidad poblacional del planeta, muchas de sus normas de seguridad estructural se mantienen laxas o están pobremente fiscalizadas.

Las investigaciones actuales se centran en tres aspectos clave:

  • La inflamabilidad de los materiales usados en remodelaciones y andamios.
  • La ausencia de alarmas operativas efectivas en al menos siete edificios.
  • El rol de la corrupción en aprobaciones y certificaciones fraudulentas de proyectos.

Lecciones para Asia y el mundo

Este desastre resalta una lección importante para otras urbes asiáticas con condiciones similares, como Kuala Lumpur, Bangkok o Yakarta, donde la infraestructura masiva se combina con construcciones improvisadas. El uso extendido de andamiaje de bambú, si bien tradicional, requiere una actualización de sus normas de seguridad ante condiciones climáticas cambiantes y proyectos más ambiciosos.

El valor de contar la historia

Li decidió contar su experiencia en un grupo local de Facebook, buscando con ello que su historia ayudara a sanar a su comunidad. Más de 10,000 personas compartieron su publicación en apenas unas horas. Su coraje no solo contribuye a reconstruir la memoria del desastre, sino también a levantar una voz colectiva que exige responsabilidad.

“Pensé que iba a morir. Le pedí a mis amigos que cuidaran de mi familia. Ahora que estoy vivo, debo usar esta segunda oportunidad para algo importante”, dijo al final de su relato.

La reconstrucción física de Wang Fuk Court apenas comienza. Pero la reconstrucción emocional de miles de familias apenas si ha dado su primer paso. Como recordatorio, no solo de la fragilidad de nuestras vidas, sino también de la fuerza con la que una ciudad puede responder cuando lo peor ha sucedido.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press