Guerra en Ucrania: la diplomacia de Trump, los dilemas europeos y el ajedrez geopolítico que se intensifica

Las nuevas negociaciones impulsadas por Estados Unidos despiertan expectativas, tensiones y profundas divisiones entre los actores clave: Rusia, Ucrania, Europa y la OTAN

Un plan de paz que agita aguas internacionales

Desde que el conflicto entre Rusia y Ucrania estalló en 2022, múltiples intentos de mediación no han logrado finalizar la guerra que ha conmocionado al mundo, alterado el orden geopolítico y dejado en ruinas ciudades enteras. Ahora, en 2024, un nuevo esfuerzo de paz liderado por Estados Unidos —impulsado por el presidente Donald Trump— pretende reconfigurar la situación en Europa del Este. Sin embargo, el proceso avanza entre obstáculos diplomáticos, intereses contrapuestos y presiones internas.

Trump, entre el pragmatismo y la controversia

El plan de paz inicial de Trump fue revelado el mes pasado y generó revuelo inmediato. Varios analistas y aliados lo calificaron como demasiado complaciente con Moscú. El borrador inicial incluía concesiones clave como la cesión de territorios ucranianos ocupados de facto por fuerzas rusas (y otros aún no ocupados) y el compromiso de que Ucrania abandone su aspiración de ingresar a la OTAN.

Este enfoque generó alarma tanto en Kiev como en Bruselas. Aunque posteriormente el plan fue revisado tras nuevas conversaciones en Ginebra, muchas objeciones aún persisten. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, definió la nueva propuesta como "potencialmente viable" pero dejó claro que ceder territorio no es una opción.

Rusia, por su parte, aplaudió el intento de reanudar la diplomacia. El presidente Vladimir Putin afirmó que el plan "podría ser una base para acuerdos futuros", aunque también reiteró sus exigencias máximas: el retiro total de las fuerzas ucranianas de las cuatro regiones ilegalmente anexadas por Rusia en 2022.

Rusia juega su partida con paciencia

Putin parece contar con el factor tiempo a su favor. Frustrado por la resistencia ucraniana en el frente y por los apoyos occidentales, el Kremlin adopta una estrategia de desgaste diplomático y militar. Según Tatiana Stanovaya, analista del Carnegie Russia and Eurasia Center, "Putin se siente más confiado que nunca respecto a la situación en el campo de batalla y está convencido de que puede esperar hasta que Kiev acepte negociar bajo los términos rusos".

Mientras tanto, persisten los bombardeos sobre suelo ucraniano, consolidando gradualmente posiciones rusas especialmente en zonas como Zaporiyia y Donetsk. El mensaje de Moscú es claro: no habrá concesiones significativas, y cualquier paz pasará por legitimar sus ganancias territoriales.

Zelenski entre la presión política interna y la exigencia internacional

En el lado ucraniano, el presidente Zelenski libra una batalla en varios frentes: el militar, el diplomático y el doméstico. La reciente renuncia de Andrii Yermak, jefe negociador hasta hace una semana, tras un escándalo de corrupción, debilitó momentáneamente al equipo presidencial. No obstante, fue vista como una "oportunidad de reforma", según comentó Valeriia Radchenko del Centro Anticorrupción ucraniano.

Zelenski se ha mantenido firme en sus líneas rojas: no a la cesión de territorio, sí a garantías de seguridad robustas, preferentemente bajo el paraguas de la membresía total en la OTAN. Esta posición ha sido respaldada por los 32 países que conforman la alianza atlántica, al declarar en 2023 que Ucrania se encuentra en una "vía irreversible hacia la membresía". Trump, sin embargo, se opone abiertamente a este ingreso.

Washington actúa con cautela mientras Europa se siente marginada

Durante el último fin de semana, representantes estadounidenses se reunieron por cuatro horas con funcionarios ucranianos como Rustem Umerov (Jefe del Consejo de Seguridad Nacional), Andrii Hnatov (Jefe de las Fuerzas Armadas) y el asesor presidencial Oleksandr Bevz. El Secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el diálogo como “productivo”, aunque reconoció que quedan múltiples desafíos por resolver.

En los próximos días, el enviado especial Steve Witkoff viajará a Moscú para ser recibido por Vladimir Putin. Informes recientes indican que Witkoff habría asesorado al equipo ruso sobre la mejor forma de presentar sus propuestas ante Trump, lo que sembró dudas sobre la imparcialidad del mediador, aunque ambos gobiernos minimizaron el incidente.

Trump ha insinuado que podría reunirse personalmente con Putin y Zelenski, pero solo si el proceso muestra avances considerables.

Europa: mucho apoyo, poca influencia

En paralelo, la Unión Europea y la OTAN sufren una crisis de legitimidad diplomática. A pesar de ser los principales proveedores de ayuda económica y militar a Ucrania, su peso real en las negociaciones es limitado. Nigel Gould-Davies, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, comentó que Europa ha quedado “dolorosamente expuesta” como actor marginal en la diplomacia de paz.

Esta semana, líderes europeos discuten cuál será el destino de los activos rusos congelados en Bélgica, estimados en más de 200.000 millones de euros. Algunos sectores promueven su uso para financiar la reconstrucción de Ucrania, mientras otros —como el primer ministro belga— temen represalias legales y económicas de Rusia e inestabilidad para el euro.

¿Y qué dice la OTAN?

La OTAN ha reiterado su apoyo a Ucrania. Este lunes, el secretario general Mark Rutte se reunió con el Ministro de Defensa ucraniano Denys Shmyhal en Bruselas. Dos días después se realizarán más encuentros con carácter militar y político.

El dilema es claro: otorgar garantías claras a Ucrania, sin agravar la amenaza de un conflicto directo con Rusia, ni dividir aún más al bloque europeo. Francia y Estonia han propuesto diferentes formas de participación militar indirecta, incluida una fuerza de mantenimiento de paz, lo cual Rusia considera una línea roja intransigente.

¿Hay futuro para el plan de paz?

Nadie espera una solución inmediata, pero la ventana diplomática está abierta —aunque frágil. Zelenski quiere garantías, Putin exige resultados, Trump busca una victoria política internacional de cara a las elecciones de 2024. El equilibrio es endeble. Mientras tanto, los ucranianos siguen resistiendo y la población rusa vive bajo un relato bélico sostenido por el Kremlin.

Tal como dijo Zelenski recientemente: “No tenemos derecho a detenernos. Nuestra lucha continúa”.

Una frase que resume no solo la voluntad de un gobierno, sino de un pueblo que se niega a ceder ante la ocupación y que ve la diplomacia no como una rendición, sino como un instrumento más para su supervivencia.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press