¿Arte o herejía? El Belén sin rostro que desató una tormenta en Bruselas
Una figura del Niño Jesús de tela y sin facciones genera controversia, robo e intensos debates sobre arte, religión y tradición en la capital belga
Bruselas ha sido escenario en las últimas semanas de una llamativa controversia que mezcla arte moderno, religión tradicional y una sociedad dividida por la interpretación de los símbolos sagrados. Todo comenzó con la instalación de un Nacimiento navideño en la emblemática Grand Place durante el mercado navideño de 2025, que atrae a más de 4 millones de visitantes cada año. En esta ocasión, la figura del Niño Jesús, confeccionada en tela y sin rasgos faciales, desató tanta indignación como fascinación. Y, tras una ola de críticas y memes, terminó siendo robada.
Un misterio navideño: ¿quién se llevó al Niño Jesús?
La noche del viernes al sábado, entre luces festivas y copas de vino caliente, alguien aprovechó la falta de vigilancia para sustraer al protagonista de la escena del Nacimiento: un Niño Jesús sin rostro, creado por la artista belga Victoria-Maria Geyer. Las autoridades aún no saben quién lo hizo ni por qué, pero el hecho ha sacudido tanto al mundo artístico como al político y religioso de Bélgica.
Curiosamente, esta versión “inclusiva” del Niño Jesús estaba diseñada con una intención profunda, según su autora.
“Quise que cada católico, sin importar su origen o color de piel, pudiera verse reflejado en Él”, explicó Geyer. “Evité los rasgos para que la figura pueda ser interpretada como japonesa, africana o europea: es un niño universal”.
Arte moderno vs. tradición cristiana: un conflicto eterno
La Grand Place suele tener cada año un Nacimiento diferente, elegido por la diócesis local en colaboración con el Ayuntamiento. Esta vez, Victoria-Maria Geyer, devota católica, fue seleccionada para dar su toque artístico. Sin embargo, su visión no fue apreciada por todos.
Georges-Louis Bouchez, líder del partido de centroderecha MR, comparó la figura con “zombis de una estación de tren” y criticó que no representaba "el espíritu de la Navidad". Otros usuarios en redes sociales calificaban el belén de “pesadilla siniestra” o “manifestación woke europeísta”.
¿Crítica válida o intolerancia estética?
En un primer momento, los comentarios fueron en su mayoría negativos. El impacto visual del rostro en blanco, sin ojos, nariz o boca, generó una desconexión emocional en muchos espectadores. Pero con el paso de los días, y tras más explicaciones de su autora, la percepción comenzó a cambiar.
“Es perturbador al principio porque estamos acostumbrados a ver imágenes realistas del Niño Jesús, pero también es poderoso abrir espacio a otras culturas en el arte sacro”, opinó Marie-Claire Verstraeten, crítica de arte belga, en una entrevista para Radio 1.
No obstante, la polémica llegó a un nuevo nivel con el robo de la figura. Se habló inicialmente de vandalismo o incluso de un intento de destrucción religiosa. Circuló el rumor de que el Niño Jesús había sido decapitado, lo cual fue desmentido por las autoridades.
Una Navidad vigilada
La figura fue reemplazada rápidamente por una copia idéntica. Las autoridades reforzaron la vigilancia, aunque no tomaron medidas excepcionales. Según Delphine Romanus, directora adjunta de “Brussels Major Events”:
“No es la primera vez que roban o dañan un belén en la ciudad. Pero este año, la dimensión política y mediática ha hecho que se sienta diferente”.
La reacción en redes sociales también cambió. Numerosos artistas y ciudadanos defendieron la propuesta de Geyer como un valiente intento de modernizar una tradición estática. Para algunos, incluso esta controversia demuestra que el arte ha cumplido su función: provocar, mover y hacer reflexionar.
¿Qué representa "lo sagrado" en el siglo XXI?
El debate trasciende el caso belga. ¿Qué significa "respetar lo sagrado" en una sociedad plural y globalizada? ¿Es válida solo la representación clásica, europea, de Cristo? Según datos del Vaticano, el cristianismo tiene actualmente más fieles en África y América Latina que en Europa. ¿No debería adaptarse el arte religioso a estas realidades culturales?
Desde Rubens hasta la Capilla Sixtina, la representación del rostro de Jesús ha cambiado con el tiempo. En Etiopía, por ejemplo, muchas imágenes lo muestran con piel oscura y cabello rizado. En China, se le retrata a veces con rasgos asiáticos. La propuesta de Geyer va aún más lejos: eliminar los rasgos por completo.
¿Es eso sacrilegio o genialidad?
Cuando la religión se somete a juicio público
Muchos creyentes se sintieron ofendidos. Otros, sobre todo jóvenes, defendieron la propuesta por considerarla más abierta, incluso poética. La controversia refleja una tensión creciente entre tradición y modernidad dentro del cristianismo europeo. Bélgica, con sus raíces católicas profundas pero una sociedad cada vez más laica, representa un campo de batalla perfecto para este tipo de debates culturales.
Francis De Laveleye, un ciudadano que visitaba el Nacimiento tras el reemplazo del Niño Jesús, resumió el sentimiento de muchos:
“Lo que es intolerable no es la forma del Niño, sino que alguien decida atacar el arte para convertirlo en una miserable controversia mediática que avergüenza a Bruselas”.
Religión, arte y redes sociales: una mezcla explosiva
La viralización de las imágenes en plataformas como X, Instagram y TikTok dinamizó la discusión, con hashtags como #BelénZombie o #JesusDeTela. Las redes sociales han reemplazado a las plazas públicas como principal espacio de debate. Un fenómeno que, según expertos, puede agravar la polarización.
Geyer, por su parte, ha mantenido la calma y recibido tanto odio como elogios. Ha sido invitada a programas europeos de televisión y le han propuesto exponer su Nacimiento en otras capitales.
“Nunca imaginé esta reacción. Pero si esto ayuda a que la gente se pregunte qué representa el Niño Jesús para ellos, entonces valió la pena”, declaró en la emisora RTBF.
La historia se repite
No es la primera vez que el arte religioso genera polémica. Recordemos que en 1989, el artista estadounidense Andres Serrano desató una tormenta con su fotografía Piss Christ, que mostraba un crucifijo sumergido en su propia orina. A pesar del escándalo, hoy es una obra referencial en el cruce entre fe y arte contemporáneo.
En América Latina, obras como La Última Cena andina, que muestra a Jesús con comida tradicional peruana, también han generado polémica y admiración por igual. El arte sagrado es, desde siempre, una arena de conflicto ideológico.
¿Hacia dónde va la Navidad?
Este evento en Bruselas abre un viejo pero persistente debate: ¿quién decide cómo debe representarse lo sagrado? ¿La Iglesia? ¿El artista? ¿La comunidad? Y, sobre todo, ¿qué papel juega la imaginación en una fe que pretende ser universal?
Si algo nos enseñó esta temporada navideña, es que incluso el más pequeño de los símbolos —como un Niño Jesús silencioso y sin rostro— puede convertirse en un espejo de nuestras pasiones, miedos y divisiones.
Y tú, cuando miras al Niño Jesús, ¿qué esperas ver?
