¿Paz o pausa? Las dudas, miedos y realismo de los soldados ucranianos en la línea del frente

Mientras Ucrania combate en una guerra agotadora con Rusia, sus soldados y expertos advierten: cualquier tregua sin garantías sólidas es solo un respiro antes del próximo ataque

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Desde las trincheras, un grito de escepticismo

En lo profundo de la región de Dnipropetrovsk, entre trincheras llenas de lodo y sótanos húmedos, los soldados ucranianos que luchan en el frente oriental repiten una sola realidad: la guerra no ha terminado, y cualquier futuro acuerdo de paz sin garantías tangibles solo será una tregua temporal.

Las Fuerzas Armadas de Ucrania son ahora la principal barrera entre la vida pacífica de los civiles y nuestro mal vecino”, afirma un artillero de 40 años identificado con el seudónimo militar de “Kelt”. Recalca que no importa el tratado que se firme, Rusia volverá, quizás más fuerte.

¿Paz con el enemigo? La confianza, en ruinas

La desconfianza hacia Moscú entre los soldados ucranianos es absoluta. “Este armisticio servirá solo para que reconstruyan su ejército en tres a cinco años”, afirma Kelt desde un refugio improvisado, mientras el sonido de drones enemigos y artillería ensordece el ambiente.

El comandante del batallón Da Vinci Wolves, Serhii Filimonov, lo coloca en términos más duros: “Rusia usará cualquier cese del fuego para levantar sanciones, rearmarse y volver a atacar. No habrá paz real hasta que el liderazgo ruso cambie o su capacidad militar se destruya”.

Batallones diezmados: la urgencia de refuerzos

La moral puede ser alta, pero la fuerza física está debilitada. Según el analista militar estadounidense Rob Lee, gran parte del desafío reside en la falta de reservas: “A Ucrania le falta personal. Si una sola brigada colapsa, Rusia puede avanzar rápidamente”.

El experto ucraniano Taras Chmut advierte que muchos batallones apenas tienen 20 soldados en vez de los 400-800 que deberían tener. A pesar de que Ucrania moviliza hasta 30,000 reclutas al mes, una gran parte se declara no apta o encuentra la manera de evitar el servicio.

Esta realidad plantea preguntas difíciles para la sostenibilidad del esfuerzo bélico a largo plazo.

Occidente sostiene la resistencia

Ucrania no podría continuar la guerra sin la ayuda occidental. Desde el inicio de la invasión en 2022, prácticamente todo el gasto interno se ha destinado al ejército. Los servicios sociales, la salud, las pensiones y la educación son financiados en su mayoría por préstamos y subvenciones extranjeras.

La Unión Europea ha prometido 50 mil millones de dólares de ayuda entre 2024 y 2027, pero según Glib Buriak, profesor de economía en la Universidad Concordia Ucraniano-Estadounidense, Ucrania necesitará al menos 83.4 mil millones para financiar solo a su ejército en 2026 y 2027.

La solución, plantea, podría estar en el uso de los activos rusos congelados en bancos occidentales, cuyos intereses generan miles de millones cada año. Pero todo dependerá de lo que se establezca finalmente en los términos del acuerdo de paz, si es que llega.

Rusia gana terreno, pero a paso medido

En el plano militar, Rusia ha incrementado el ritmo de sus ofensivas en 2025 respecto al año anterior, en particular en la región de Donetsk. El patrón, según Rob Lee, es claro: “Cuando Ucrania refuerza una línea, Rusia avanza por otra dirección”.

Y es que Moscú aún no controla por completo ni Donetsk ni Zaporizhzhia, regiones que, junto con Luhansk y Jersón, fueron ilegalmente anexadas por Putin en 2022. La resistencia ucraniana en ciudades como Pokrovsk, Vovchansk y Kupiansk continúa siendo un muro que Rusia aún no ha logrado derribar.

El borrador de la discordia: ¿ceder o resistir?

Un borrador filtrado de un plan de paz presentado por EE.UU. y Rusia sugiere que Ucrania debería limitar su ejército y retirarse de ciertas partes ocupadas de Donetsk. Es una propuesta que los soldados tildan de suicida.

Es como hacerle la vida más fácil a los rusos para que te maten más tarde”, dice Kelt con sarcasmo, desde su trinchera. Hay una preocupación creciente de que cualquier compromiso que debilite la defensa ucraniana solamente postergará lo inevitable.

El presidente Zelenskyy ha admitido que una versión revisada del plan podría ser “viable”, pero no ha ofrecido detalles.

Simbolismo frente a estrategia

Mientras Rusia exige que Ucrania se retire de todas las regiones en disputa para detener la guerra, los ucranianos insisten en que ceder ese territorio sería equivalente a rendirse. En el plano internacional, este mensaje comienza a calar, pero lentamente.

Los soldados en el campo ven su lucha como algo más que geopolítica: es una cuestión existencial. Abandonar las armas sería, para ellos, abandonar su derecho a la existencia como nación libre.

¿Reescribiendo el mapa de Europa?

La guerra en Ucrania ha desatado temores comprensibles en Europa del Este y la OTAN. Si Rusia logra una victoria parcial o reconfigurar las fronteras a su antojo, estaríamos ante la mayor modificación territorial forzada desde la Segunda Guerra Mundial.

Las lecciones de la historia pesan: hoy, la mayoría de los expertos coinciden en que permitirle a Rusia establecer precedentes peligrosos solo agrandará su apetito expansionista. Georgia en 2008, Crimea en 2014 y ahora el este de Ucrania… ¿cuál será el próximo objetivo?

La opción inevitable: una Ucrania armada a largo plazo

Aunque la paz llegará eventualmente, para muchos en Ucrania, el camino no será desmilitarizarse sino lo contrario. Ya quedó claro que su existencia depende de una fuerza armada sólida, profesional y moderna.

Ser parte de la OTAN sigue siendo una meta central para Kyiv, ya que ofrece no solo protección legal sino un símbolo de integración al mundo occidental. Pero hasta que eso ocurra, la seguridad debe seguir siendo interna.

Un futuro en suspenso

La realidad es sombría: Ucrania debe defender una línea de frente de 1,300 kilómetros y sostener un ejército de más de un millón de personas. Las decisiones que se tomen hoy en Washington, Bruselas y Moscú definirán si Ucrania seguirá de pie o si solo correrá el reloj para una guerra futura aún más devastadora.

Kelt, desde su refugio lleno de barro, tiene clara su elección: “Prefiero luchar ahora, que entregarle a mi hija un país ya derrotado”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press