‘Wake Up Dead Man’: ¿la caída en gracia de Rian Johnson?

La tercera entrega de la saga ‘Knives Out’ se tropieza en su intento por sátira religiosa y termina siendo más sermón que misterio

Un regreso poco esperado de Benoit Blanc

Desde su sorprendente debut en 2019 con Knives Out, el director Rian Johnson ha aprovechado con astucia las convenciones del misterio clásico para lanzar mordaces sátiras sociales. En su segunda entrega, Glass Onion (2022), arremetió contra el mundo de la tecnología y el culto a la riqueza. Pero en su tercera película, Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery, Johnson apunta a un blanco más complejo: la religión institucionalizada. ¿Logra mantener el equilibrio entre el misterio y la crítica social? La respuesta, desafortunadamente, no es clara.

Una apuesta arriesgada

Con un presupuesto reportado de $80 millones, la nueva entrega llega con gran elenco y expectativas aún más altas. Daniel Craig regresa como el carismático detective sureño Benoit Blanc, pero su presencia se demora tanto que se siente relegado a un segundo plano durante buena parte del filme. En su lugar, el personaje central es el padre Jud Duplenticy —interpretado con una fuerza y ternura notables por Josh O’Connor—, un joven sacerdote católico y exboxeador con un pasado problemático, ahora transformado por su fe.

Una parroquia envuelta en misterio (y cliché)

Jud es asignado a la parroquia neoyorquina Our Lady of Perpetual Fortitude, gobernada con puño de hierro por el monseñor Jefferson Wicks (un intenso Josh Brolin), quien predica el evangelio del miedo, la culpa y la ira. Sus desgarradores sermones contrastan con el mensaje más amoroso de Jud, plantando desde el principio una guerra ideológica teñida de sospecha.

Todo da un giro cuando Wicks aparece muerto en su despacho, en un claro homenaje al clásico “misterio del cuarto cerrado”. Benoit Blanc por fin hace su entrada triunfal, autodenominándose un "hereje orgulloso" que "solo se arrodilla ante el altar de lo práctico". A partir de ahí, la dupla Blanc-Jud se convierte en el eje central del relato, aunque su química no alcanza niveles memorables del cine de misterio.

Una investigación que se hunde en su ambición

Esta nueva película intenta mezclar demasiados elementos: crítica religiosa, sátira social, simbolismos casi bíblicos y una trama detectivesca con tintes de ópera gótica. El resultado es una narrativa lánguida, torpe en su ritmo, desbordada de subtramas que no llevan a ningún sitio más que al cansancio del espectador.

A lo largo de la historia, desfilan múltiples sospechosos: su fiel secretaria (Glenn Close), un médico alcohólico (Jeremy Renner), un jardinero taciturno (Thomas Haden Church), una novelista de ciencia ficción en decadencia (Andrew Scott), una chelista con dolor crónico (Cailee Spaeny), un asesor político ultraconservador (Daryl McCormack), y una resentida abogada que lo crió (Kerry Washington). Johnson trata de humanizar a cada uno con pinceladas de carácter, pero sus esfuerzos terminan diluidos en la congestión narrativa.

Fe, herejía y resurrección: ¿demasiado para una comedia de misterio?

Uno de los momentos más polémicos sucede cuando el monseñor parece haber resucitado tras tres días en una cripta, una referencia directa al dogma cristiano. ¿Un golpe satírico brillante o una mueca de cinismo desechable? Dependerá del espectador. Johnson pisa terreno escabroso al arremeter contra símbolos fundamentales de la fe.

La crítica a las estructuras de poder religioso en la película no es sutil. El monseñor es un personaje diseñado para personificar el fanatismo opresivo, mientras Jud lucha por mantener su integridad en medio del caos. Sin embargo, el mensaje se diluye al no profundizar en el contexto institucional que permite estos abusos, quedando en una caricatura más que en una reflexión real.

Actuaciones que salvan momentos

A pesar de sus fallos, la película posee momentos de brillantez actoral. Josh O’Connor aporta honestidad y matices a su personaje. Josh Brolin, como el fanático monseñor, tiene algunos de los mejores diálogos del filme. Daniel Craig, aunque relegado al segundo acto, mantiene su encanto, aunque su personaje ya comienza a mostrar signos de agotamiento.

Un espectador señaló que Craig “empieza a parecer una parodia de sí mismo”, toda vez que frases como “Scooby Dooby Doo” rompen completamente el tono que intenta construirse. La mezcla de humor absurdo y crítica social a veces funciona… pero en otras ocasiones, simplemente no.

Recepción fría por parte de la crítica

Wake Up Dead Man fue recibida con una tibia reacción por parte de críticos especializados. Rotten Tomatoes le otorgó un 47% de aprobación al momento de su estreno limitado en salas, con opiniones divididas sobre su guion y ritmo. Muchos anotaron que, si bien Johnson intenta ser transgresor, este filme no alcanza la frescura ni la agudeza de sus predecesores.

Un crítico del New York Times resumía: “Rian Johnson nos invita a rezar… pero termina predicándonos.” El público también parece estar dividido. En redes sociales, algunos acusan al director de haber perdido el rumbo, mientras otros agradecen el intento de innovar dentro del formato.

¿Colapso de una franquicia o simple tropiezo?

La saga Knives Out sigue siendo una marca potente para Netflix, que pagó más de $450 millones por los derechos de dos secuelas. Aún con la recepción irregular de esta entrega, es casi seguro que veremos una cuarta película. La cuestión será si Johnson decide regresar a la esencia del primer filme —una crítica más estructurada sobre los privilegios y la arrogancia— o si seguirá experimentando mediante temáticas de mayor calado moral.

Por ahora, Wake Up Dead Man deja un sabor a misa de domingo con homilía interminable: buenas intenciones, pero ejecución confusa. En la apuesta de elevar un género popular con carga filosófica y política, Johnson se aleja demasiado de la esencia que enamoró a los fans inicialmente.

Lo bueno, lo malo y lo cuestionable

  • Lo bueno: Josh O’Connor y Josh Brolin están brillantes. El diseño de producción es impecable. Algunos diálogos logran sacar sonrisas profundas.
  • Lo malo: Trama densa y mal equilibrada. Demoradísimo arranque narrativo. Blanc aparece demasiado tarde. Exceso de subtramas y personajes innecesarios.
  • Lo cuestionable: El uso de elementos religiosos no solo bordea lo polémico, sino que cae en el sensacionalismo. ¿Necesario para la trama o simple provocación vacía?

El misterio, al final, quizás no radique tanto en quién mató al monseñor, sino en por qué Johnson dejó que el propio caso —y la película entera— se le escapara entre las manos.

Calificación: ★★☆☆☆ (2 de 5)

Este artículo fue redactado con información de Associated Press