El nuevo enfoque de Bolivia: visas eliminadas y una apuesta por el turismo para enfrentar la crisis
La administración de Rodrigo Paz abre las puertas al mundo buscando dinamizar la economía y superar el aislamiento del pasado
Una radical apertura migratoria
Con el ascenso al poder del presidente Rodrigo Paz, Bolivia está dando un vuelco geopolítico y económico inédito en las últimas dos décadas. Su primera gran medida: eliminar los requisitos de visa para ciudadanos de Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Sudáfrica y varios países de Europa oriental. Una apuesta que busca revitalizar el turismo, atraer divisas y cambiar la imagen internacional del país.
Desde el lunes, los ciudadanos de estos países pueden ingresar a Bolivia solo presentando un pasaporte vigente para estancias de hasta 90 días. Esto marca el fin de un sistema que implicaba largas esperas, tarifas de hasta $160 USD y, en muchos casos, la denegación arbitraria del permiso de entrada.
Crisis económica y fuga de divisas
La eliminación de visados llega en un contexto alarmante para la economía boliviana. El país atraviesa su peor crisis económica en cuatro décadas. La falta de dólares ha paralizado importaciones cruciales y afectado el abastecimiento interno. Esta medida es solo una pieza de una estrategia más amplia impulsada por Paz para reconectar al país con Occidente y estabilizar las finanzas públicas.
La decisión se basa en cálculos económicos ambiciosos: según estimaciones oficiales, Bolivia perdió cerca de $900 millones en ingresos turísticos desde 2007 debido a las restricciones de visado. El gobierno de Paz espera que la nueva política genere al menos $80 millones adicionales en ingreso turístico durante los próximos cuatro años, a medida que el país mejore su reputación internacional.
El aislamiento del pasado
Para entender la magnitud del cambio, es esencial retroceder al periodo de Evo Morales (2006–2019). Bajo su presidencia, Bolivia rompió relaciones diplomáticas con EE.UU. e Israel, expulsó a la agencia antidrogas DEA, y adoptó políticas migratorias excluyentes. Se instauró el principio de reciprocidad plena: como los bolivianos enfrentaban requisitos estrictos para entrar a EE.UU., el gobierno decidió imponer requisitos similares a ciudadanos estadounidenses.
Durante la guerra Israel-Hamas de 2014, Morales calificó a Israel como Estado terrorista y suspendió relaciones bilaterales, agravando aún más el aislamiento. La administración de Morales estrechó lazos con China, Rusia y Venezuela, lo que consolidó una postura antinorteamericana que caracterizó la política exterior del MAS (Movimiento al Socialismo).
Un giro conservador con enfoque estratégico
Rodrigo Paz, quien asumió el poder tras una sorpresiva victoria electoral, ha prometido modernizar el país y alejarlo del populismo autoritario. Su gobierno se autodefine como conservador, liberal-económico y prooccidental, y ha iniciado reformas estructurales drásticas para encaminar al país hacia una nueva integración global.
- Se eliminaron varios impuestos corporativos y sobre la riqueza.
- Se anunció una política de endeudamiento responsable para abrir líneas de crédito internacional.
- Se busca establecer nuevas alianzas bilaterales orientadas al comercio e inversión con EE.UU., Israel y Europa Occidental.
En palabras del canciller boliviano Fernando Aramayo: “Debemos restaurar la confianza del mundo en que Bolivia es un país adecuado y seguro para visitar”.
¿Puede el turismo salvar la economía boliviana?
Bolivia posee uno de los paisajes naturales más diversos y espectaculares del continente: los salares de Uyuni, las cumbres nevadas de los Andes, pueblos coloniales, ruinas preincaicas, y extensiones vírgenes del Amazonas. Sin embargo, históricamente ha sido infravalorada como destino turístico en comparación con sus vecinos Perú, Brasil y Chile.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) señaló en 2019 que Bolivia apenas atraía 1 millón de turistas internacionales al año, mientras que Perú superaba los 4 millones. El potencial está ahí: según cifras del BID, el turismo representa solo el 2.6% del PIB boliviano, frente al 6% en promedio para el resto de América Latina.
Paz busca duplicar esta cifra antes de 2030 y sentar las bases para desarrollar una industria robusta de hospitalidad y servicios. Ya ha comprometido inversiones públicas para mejorar carreteras, aeropuertos e imagen país, además de digitalizar procesos migratorios y ofrecer nuevos paquetes turísticos en colaboración con operadores internacionales.
La seguridad: el principal reto
A pesar de las nuevas oportunidades, las advertencias internacionales persisten. El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene a Bolivia bajo alerta de nivel 2, instando a los viajeros a tener precaución por riesgos de disturbios civiles. Además, algunas regiones como Chapare —de fuerte presencia cocalera— están bajo nivel 4: Prohibido viajar.
Chapare es también el lugar donde supuestamente se encuentra escondido el exmandatario Evo Morales, quien enfrenta órdenes de arresto por presunta violación legal de menores y otros cargos. Hasta ahora, su captura no ha sido ejecutada, lo que sigue generando tensiones políticas internas.
¿Un puente hacia una nueva Bolivia?
Con sus reformas, Paz intenta no solo reanimar la economía, sino también lavar la imagen de un país marcado por años de confrontación ideológica y autoritarismo. El éxito de su política dependerá en buena medida de su capacidad para construir institucionalidad, mantener la estabilidad democrática y garantizar la seguridad de los visitantes.
Bolivia, después de años de dar la espalda al mundo, busca ahora abrir las puertas y mostrar todo lo que tiene para ofrecer. Desde las culturas originarias hasta sus vistas imponentes, el país está listo para escribir un nuevo capítulo donde la bienvenida reemplace al rechazo.
