Entre medallas y silencios: el costoso legado del encubrimiento en la gimnasia olímpica
El caso de Sean Gardner revela el fracaso institucional de USA Gymnastics y SafeSport, que hicieron eco de viejos errores al ignorar señales de abuso en una de las disciplinas más exigentes y vigiladas del deporte estadounidense
Un escándalo que vuelve a sacudir a la gimnasia estadounidense
La comunidad de la gimnasia en Estados Unidos, acostumbrada a ofrecer al mundo escenas de perfección acrobática y disciplina olímpica, enfrenta una vez más una realidad mucho más sombría: nuevos casos de abuso sexual en uno de los centros más prestigiosos del país, con graves omisiones por parte de las instituciones llamadas a proteger a las atletas.
El reciente arresto del entrenador Sean Gardner y las demandas civiles presentadas por dos exgimnastas contra USA Gymnastics, el U.S. Center for SafeSport y figuras prominentes como Liang Chow, reavivan temores y cicatrices aún frescas luego del terremoto Larry Nassar, el más grande escándalo de abuso sexual en la historia del deporte estadounidense.
¿Qué pasó en Chow’s Gym?
El Chow’s Gymnastics & Dance Institute en West Des Moines, Iowa, fundado por el renombrado entrenador olímpico Liang Chow, parecía ser el escenario ideal para formar campeonas olímpicas como Shawn Johnson y Gabby Douglas. Pero entre 2018 y 2022, se convirtió en el epicentro de una red de abuso, negligencia y silencio institucional.
Las demandas presentadas este 2024 en el condado de Polk alegan que Sean Gardner fue contratado por Chow’s tras tener varias denuncias previas de comportamiento inapropiado con niñas mientras trabajaba en un gimnasio en Misisipi. Entre esas señales de alarma se encontraban besos en la frente, abrazos prolongados, reuniones a puerta cerrada y una obsesión desmedida por controlar física y emocionalmente a sus pupilas.
Un patrón preocupante de negligencia
Entre diciembre de 2017 y abril de 2018, Gardner trabajó en un gimnasio de Misisipi donde varios padres presentaron quejas formales ante USA Gymnastics y SafeSport. A pesar de que el jefe directo de Gardner denunció comportamientos de "grooming", el entrenador siguió trabajando sin restricciones.
Fue así como logró mudarse a Iowa y conseguir empleo en Chow’s, donde se repitieron las conductas ya reportadas. Aquí, el presunto abuso fue aún más alarmante: Gardner colocó una cámara oculta en un baño para grabar a menores mientras se cambiaban de ropa, según investigadores federales.
El resultado: cargos federales por pornografía infantil. Gardner se declaró no culpable y está actualmente bajo arresto, esperando juicio programado para el próximo mes.
El silencio de los guardianes
La existencia de SafeSport fue justificada como una respuesta estructural a Nassar. En teoría, está diseñado para prevenir y responder de manera efectiva a denuncias de abuso en deportes olímpicos. Pero como indica el abogado de las víctimas, Elizabeth Pudenz, "SafeSport y USA Gymnastics tuvieron múltiples oportunidades de detener a Gardner antes de que llegara a Iowa".
Las instituciones fallaron en:
- Realizar una investigación inmediata en 2018 tras la primera denuncia.
- Revocar las credenciales de Gardner como entrenador.
- Informar a las autoridades correspondientes.
- Evitar que se empleara nuevamente en otro centro con menores.
No fue sino hasta julio de 2022 que SafeSport suspendió a Gardner mediante una resolución "temporal", pero ya decenas de víctimas habían pasado por sus manos.
¿Campeones a qué precio?
Lo más perturbador es que entre las víctimas se encontraban gimnastas con sueños olímpicos. Eran niñas de 11 y 12 años entrenando bajo presión diaria, buscando perfección absoluta, mientras lidiaban con el temor y la manipulación de un entrenador acusado de abuso físico, emocional y sexual.
Dos de ellas han dado el paso al frente: Finley Weldon, actual gimnasta en la Universidad del Estado de Iowa, y Hailey Gear, estudiante de la Universidad de Iowa. Ambas aseguran haber sido abusadas desde 2018 hasta que abandonaron Chow’s años después; buscan compensación por daño emocional, gastos médicos y terapia.
“Ninguno de nuestros sueños debería haberse convertido en una pesadilla”, declaró Weldon en una entrevista.
Un deporte marcado por el trauma
El eco de este nuevo escándalo no puede ser comprendido sin recordar la sombra de Larry Nassar. Más de 500 mujeres lo denunciaron como víctima de abuso. A raíz del caso, USA Gymnastics fue demandado colectivamente, perdiendo incluso reconocimiento como organización olímpica nacional ante el Comité Olímpico de EE.UU.
Hoy vemos cómo, a pesar de miles de horas invertidas en nuevas normativas, capacitaciones y un presupuesto millonario para SafeSport, los fallos sistémicos persisten en un entorno que sigue priorizando la victoria antes que el bienestar de las atletas.
En palabras de Aly Raisman, sobreviviente y campeona olímpica: “Siguen cambiando los nombres, pero el encubrimiento y el gaslighting persisten. No hemos aprendido nada.”
Una industria anclada en el poder jerárquico
¿Qué permite que esto se repita? Una mezcla peligrosa de idolatría deportiva, estructuras jerárquicas rígidas, familias dispuestas a todo por una beca universitaria y la falta de mecanismos de supervisión verdaderamente independientes.
Entrenadores como Liang Chow son tratados como semidioses del deporte. Fue entrenador de dos campeonas olímpicas, y aún hoy es una figura respetada. Pero las demandas lo señalan como negligente en su obligación de proteger a las menores bajo su responsabilidad, al no reaccionar apropiadamente ante las acusaciones contra uno de sus empleados.
Su esposa y socia, Liwen Zhuan, también figura como demandada. Se les acusa de no investigar el pasado de Gardner y de continuar tolerándolo incluso después de recibir nuevas quejas de comportamiento indebido.
¿Una cultura de impunidad?
SafeSport afirmó haber recibido una denuncia relacionada con Gardner en 2018, pero que no calificaba como "conducta sexual inapropiada". En 2020 se recibió otra queja desde Chow’s, que tampoco fue investigada a fondo. ¿Cuántas señales hacen falta antes de actuar?
El problema de muchas de estas instituciones es que, aunque fueron creadas como herramientas de protección, no tienen dientes para hacer cumplir las normas, y dependen de las propias organizaciones deportivas para aplicar castigos reales. Es una relación viciada desde el principio.
Como señala John Barr, periodista de investigación de ESPN: “SafeSport no tiene la independencia ni los recursos para desafiar a las federaciones deportivas. A fin de cuentas, caen en la misma dinámica de omisión y complicidad.”
El valor inmenso del testimonio
El carácter público y decidido de Finley Weldon y Hailey Gear es uno de los avances más importantes en esta historia. Romper el silencio, especialmente en un entorno que fomenta la obediencia ciega, es un acto de valentía.
Cada testimonio tiene el poder de desenmascarar estructuras de impunidad. Cada historia compartida ayuda a formar un nuevo contrato entre atletas, entrenadores y federaciones: sin seguridad, no hay gloria que valga.
Y aunque los procesos legales aún están en marcha, y seguramente se unirán nuevas víctimas, una cosa queda clara: la cultura debe cambiar, no sólo las reglas.
¿Y ahora qué?
El caso de Gardner y Chow’s debe convertirse en un parteaguas. USA Gymnastics, SafeSport y todas las academias de alto rendimiento tienen que redefinir sus estándares de contratación, implementar más evaluaciones psicosociales a entrenadores y facilitar mecanismos de denuncia urgentes y confiables para niñas y adolescentes.
No es suficiente con suspender a un abusador tres años después. No es suficiente poner un cartel de “zona segura para atletas” si se sigue encubriendo a violadores. Como sociedad, debemos asumir que nuestros íconos deportivos también deben ser modelos éticos.
Porque detrás de cada medalla olímpica, hay una historia. Y ninguna historia debería estar hecha de miedo, silencio y vergüenza.
