Golpe o montaje: la crisis política en Guinea-Bisáu pone en jaque la democracia en África Occidental
La inestabilidad vuelve a azotar Guinea-Bisáu tras una elección disputada: ¿fue una toma del poder real o un intento encubierto del presidente por mantenerse en el cargo?
Una presidencia bajo sospecha y un "golpe" demasiado conveniente
Guinea-Bisáu, uno de los países más inestables del África Occidental, volvió a las portadas internacionales a finales de noviembre de 2025. Esta vez, no fue por una elección democrática ejemplar ni por avances institucionales, sino por lo que algunos ya califican como un "golpe ceremonial": una puesta en escena orquestada para salvar el poder de un mandatario enfrentado a una derrota electoral casi segura.
El 23 de noviembre se realizaron elecciones presidenciales en este pequeño país de 2.2 millones de habitantes. El presidente saliente, Umaro Sissoco Embaló, y el principal líder opositor, Fernando Dias, se proclamaron ganadores en medio de acusaciones cruzadas de fraude. Sin esperar resultados oficiales, tres días después, oficiales militares anunciaron por televisión estatal que el ejército había tomado el control del gobierno.
La justificación fue una supuesta conspiración para manipular el resultado electoral, involucrando a políticos, extranjeros y un notorio narcotraficante local. Sin embargo, las formas y circunstancias han generado más preguntas que respuestas.
¿Golpe de Estado o teatro político?
El mismo Embaló apareció en medios internacionales declarando haber sido arrestado y despojado del poder. El detalle llamativo fue que lo hizo en libertad y sin muestras de coerción militar. Incluso, viajó en un vuelo fletado por el gobierno de Senegal hacia Brazzaville (República del Congo), en lo que parece más una gira diplomática que una huida.
Este extraño desarrollo llevó al ex presidente nigeriano Goodluck Jonathan, que encabezaba una misión internacional de observadores, a poner en duda la legitimidad del golpe. "Un ejército no toma el poder y permite que el presidente depuesto convoque ruedas de prensa donde dice que lo arrestaron", afirmó.
El primer ministro de Senegal, Ousmane Sonko, fue más directo todavía: calificó el suceso como una maniobra política premeditada para descarrilar la transición democrática.
Una región marcada por los golpes militares
Desde 2020, África Occidental ha vivido una serie de golpes de estados "reales" en Mali, Burkina Faso, Níger y Guinea. En todos esos casos, los militares argumentaron preocupaciones legítimas como el terrorismo, el desgobierno o la corrupción desenfrenada. Sin embargo, Guinea-Bisáu destaca por su peculiaridad del contexto.
Según la analista Beverly Ochieng, de la consultora Control Risks: "No fue un golpe para corregir fallas del sistema, sino una movida orquestada por hombres leales al presidente". Entre los líderes del golpe se distingue a Dinis N’Tchama, exasesor militar de Embaló.
Este matiz revela un intento más por retener el poder en la elite gobernante que una reestructuración del orden político. Y si fue un golpe genuino, sus anomalías son difíciles de ignorar.
Una historia de inestabilidad crónica
Guinea-Bisáu ha tenido cuatro golpes de Estado exitosos y múltiples intentos fallidos desde su independencia de Portugal en 1974. En palabras de Ochieng: "Su historia de inestabilidad se explica por la debilidad institucional".
- En 1980, Joao Bernardo Vieira derrocó al presidente Luis Cabral, alegando mala gestión.
- En 1999, Vieira fue expulsado en una revuelta militar debido a la desconfianza por el tráfico de armas.
- En 2003, Kumba Yala fue depuesto sin violencia por su propia cúpula militar.
- En 2012, elecciones interrumpidas al ser tomado el poder entre vueltas electorales.
Una y otra vez, las urnas han sido rehenes del fúsil. El rol del ejército como árbitro final de la vida política ha sido un obstáculo insalvable para consolidar una democracia duradera.
La sombra del narcotráfico en la política
Guinea-Bisáu es tristemente conocida como el "narcoestado del Atlántico africano". Su frágil institucionalidad, costas porosas y escasa vigilancia la han convertido en un punto clave del tráfico de drogas entre América Latina y Europa.
Un informe del UNODC de 2021 alertaba que cerca del 25% de la cocaína latinoamericana con destino europeo pasa por África Occidental, y que Guinea-Bisáu es uno de los principales corredores.
En 2022, el hijo del expresidente Malam Bacai Sanha fue condenado en EE.UU. a más de seis años por liderar una red internacional de tráfico de heroína. La penetración del narcotráfico en las altas esferas del poder no solo es alarmante, sino que erosiona aún más la confianza ciudadana en el régimen.
Un presidente con mandato en disputa
Umaro Sissoco Embaló fue elegido en 2019, pero su legitimidad ha sido cuestionada desde el inicio por sus controversiales métodos y pugnas con sus rivales políticos. En 2023 disolvió el parlamento, dominado por la oposición, argumentando un supuesto intento de golpe.
Desde entonces, el Congreso no ha sesionado, y el equilibrio de poderes quedó suspendido. Sectores de la sociedad civil ya hablaban de derivas autoritarias, antes incluso del golpe del 26 de noviembre.
Para muchos, los recientes eventos son la culminación de una presidencia que jamás logró alcanzar estabilidad democrática. La sospecha de que el "golpe" fue organizado por sus propios aliados militares refuerza la narrativa de un autogolpe, al estilo de lo que Alberto Fujimori ejecutó en Perú en 1992.
Las consecuencias para la región
El panorama actual proyecta una larga transición política de al menos un año, encabezada por el general Horta Inta-a. Sin embargo, pocas esperanzas hay de que el proceso devenga en elecciones limpias o instauración de un auténtico régimen democrático.
La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) ha condenado el golpe, y se suman voces internacionales que exigen el restablecimiento institucional. Pero el caso de Guinea-Bisáu plantea un dilema diferente al de sus vecinos: ¿Qué hacer cuando el poder militar y civil están coludidos?
Mientras tanto, la población continúa enfrentando pobreza estructural, desempleo, acceso limitado a salud y educación, y un clima político opresivo. El riesgo, como alertan múltiples analistas, es que la región caiga en una normalización del autoritarismo militar, disfrazado de gobierno de transición.
¿Qué sigue?
Todo el continente africano observa con atención este caso atípico. Grupos prodemocráticos denuncian un retroceso, mientras organismos internacionales estudian posibles sanciones o medidas de presión. La población, una vez más, queda atrapada entre el poder político y la inoperancia judicial. Sin parlamento funcional desde 2023 ni un tribunal supremo independiente, el país carece de mecanismos internos de resolución.
Un dato final que pone en perspectiva lo que vive Guinea-Bisáu: según el Índice de Democracia 2023 de The Economist, el país ocupa el lugar 128 de 167. Después del aparente "golpe ceremonial", es posible que siga bajando en ese ranking.
