Guinea-Bisáu y Camerún: ¿Democracias en caída libre?

Dos golpes, una región: lo que las crisis en África Occidental revelan sobre la fragilidad democrática

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El rostro cambiante de África Occidental

Las instituciones democráticas en África Occidental están atravesando una tormenta sin precedentes. La reciente crisis en Guinea-Bisáu, donde un golpe militar depuso al presidente Umaro Sissoco Embaló tras unas elecciones disputadas, y la muerte en custodia del líder opositor Anicet Ekane en Camerún, reflejan una tendencia alarmante: la fragilidad persistente de la gobernabilidad democrática en países donde las promesas de elecciones libres y justicia se han ido evaporando entre abusos de poder, corrupción e inestabilidad institucional.

Guinea-Bisáu: entre golpes y mediaciones

El país, con apenas 2.2 millones de habitantes, ha enfrentado más de una decena de golpes o intentos de ellos desde su independencia de Portugal en 1974. Pero el golpe de diciembre de 2025 plantea nuevas interrogantes. Fue ejecutado solo tres días después de unas elecciones presidenciales tan competitivas como caóticas, en las que ambos candidatos se proclamaron ganadores.

Umaro Sissoco Embaló, el presidente depuesto, afirmó desde el exilio en Brazzaville que fue arrestado y derrocado ilegalmente. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS) envió rápidamente una delegación de alto nivel, encabezada por el presidente de Sierra Leona, Julius Maada Bio, para intentar mediar en la restauración del orden constitucional. Pero el nuevo régimen militar, liderado por el exjefe del Estado Mayor, el general Horta Inta-a, ya había aprobado un gobierno de transición con figuras afines a Embaló, dejando en evidencia que los militares no pretendían romper completamente con la élite política anterior.

La ONU, en palabras del secretario general Antonio Guterres, calificó el golpe de "una violación inaceptable de los principios democráticos" y exigió la liberación inmediata de funcionarios electoralmente elegidos y políticos detenidos.

Más que una historia de golpes

Los analistas destacan que la aparente neutralidad del ejército no es real. "Este no es un golpe clásico en donde los militares buscan un nuevo orden", afirmó Paul Melly, investigador en Chatham House. "Es más bien una forma sistémica de bloquear cualquier posibilidad de alternancia en el poder."

Con la prohibición de protestas públicas, huelgas y manifestaciones, Guinea-Bisáu parece haberse sumido de nuevo en un ciclo histórico de autoritarismo militar disfrazado de orden constitucional transitorio.

La fragilidad democrática en África Occidental: ¿un patrón regional?

Desde 2020, siete países africanos han dado lugar a golpes militares exitosos, como Mali, Burkina Faso, Guinea, Chad, Sudán, Níger y ahora Guinea-Bisáu. En todos los casos, los actores militares justificaron estas acciones como respuestas a gobiernos corruptos, elecciones fraudulentas y amenazas a la paz civil. Sin embargo, en la práctica, lo que suele instalarse tras estos derrocamientos es una forma de autoritarismo "legitimado" mientras la comunidad internacional busca no "quemar puentes" para seguir cooperando económicamente.

El caso de Camerún: represión, elecciones y muerte en prisión

Mientras Guinea-Bisáu trata de sobrevivir a otro gobierno de facto, el régimen de Paul Biya en Camerún —con sus 92 años y más de 40 en el poder— sigue aferrado al poder mediante métodos aún más siniestros. El líder opositor Anicet Ekane, de 74 años, murió en detención tras un arresto por su participación en protestas que denunciaban fraude en las elecciones del 12 de octubre. Su partido, el Movimiento Africano por la Nueva Independencia y Democracia, denunció su muerte como "un asesinato político por negligencia médica deliberada".

"Durante una semana mi padre no podía respirar y no se le administró tratamiento adecuado", denunció su hijo Muna Ekane. La respuesta estatal fue escueta: el Ministerio de Defensa afirmó que Ekane falleció "luego de una enfermedad", aunque ya se había alertado desde días antes a las autoridades sobre su condición crítica.

La represión se extiende más allá del caso de Ekane. Desde que se anunciaron los resultados, con una supuesta victoria de Paul Biya, han surgido protestas callejeras donde murieron al menos 55 personas, según organizaciones de derechos humanos, aunque el gobierno habla de solo 16 víctimas.

¿Y la ECOWAS? La autoridad simbólica y su crisis de legitimidad

Formada en 1975, la ECOWAS ha sido por décadas vista como el árbitro político y económico de África Occidental. Pero ha tenido enormes dificultades para revertir golpes o prevenir crisis. En los últimos tres años, Mali, Burkina Faso y Níger han desafiado directamente su autoridad, incluso hasta expulsar misiones internacionales y acusar a la ECOWAS de favorecer a élites urbanas y extranjeros por intereses económicos.

En el caso de Guinea-Bisáu, aún se desconoce el verdadero alcance de su capacidad para presionar a los militares. En otros episodios recientes, como el de Níger (2023), la ECOWAS amenazó con intervención militar, pero finalmente se conformó con sanciones blandas y acuerdos que consolidaron regímenes golpistas.

Guinea-Bisáu: ¿Estado fallido atrapado en la corrupción y el narcotráfico?

Desde hace años, Guinea-Bisáu ha sido catalogado como un "narcoestado" por funcionarios de Naciones Unidas. Su posición geográfica la convierte en una ruta clave para el tráfico de drogas entre América Latina y Europa, y se estima que ese comercio ha fortalecido redes dentro del gobierno, el ejército y la policía, erosionando toda posibilidad de institucionalidad.

"Hay sectores enteros de la administración pública que son financiados indirectamente por dineros provenientes del narcotráfico", explicó Eric Goinard, experto en gobernanza africana. Dicha conexión ha convertido a la política guineense en un tablero de competencia mafiosa, donde ganar una elección muchas veces significa adquirir acceso a redes de poder ilegal, y no la implementación de políticas públicas sólidas.

¿Hacia dónde camina África Occidental?

La muerte de Ekane y el golpe en Bissau son dos caras de una misma crisis estructural: el estancamiento democrático de regiones enteras del continente, donde ni los procesos electorales ni las instituciones formales logran canalizar los conflictos sociales que hierven desde hace décadas. Si bien cada contexto es particular, hay un hilo conductor ineludible: la deslegitimación de la autoridad política, ya sea por longevidad en el poder (como Biya) o por la falta de alternancia real (como en los gobiernos militares de transición).

Y más allá del caso de África Occidental, la comunidad internacional también tiene su parte de responsabilidad. La insistencia en apoyar gobiernos "estables" (aunque autoritarios) en nombre del desarrollo económico ha permitido que muchos regímenes se perpetúen sin cambios de fondo.

Reflexión final: ¿Puede África salir del círculo vicioso?

Salir de este ciclo requerirá, primero, una redefinición profunda de qué constituye una transición democrática: no basta con elecciones periódicas si no hay justicia, acceso a derechos y protección del disenso. Segundo, los países vecinos, como Senegal o Ghana, pueden ser ejemplos de modelos democráticos imperfectos pero razonablemente estables. Y tercero, los bloques regionales y la Comunidad Africana deben romper con una diplomacia de silencios: no condenar frontalmente deja espacio para la impunidad.

Lo que ocurre ahora en Guinea-Bisáu y Camerún importa más allá de sus fronteras: demuestra con crudeza que la lucha por el poder, cuando no se canaliza por vías justas, termina en represión, muerte y miseria.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press