La economía en forma de K: un espejo de las desigualdades modernas
Mientras las élites acumulan riqueza gracias a la IA y la bolsa, la clase trabajadora lidia con salarios estancados e inflación persistente
¿Qué es la economía en forma de K?
En medio de cifras macroeconómicas aparentemente sólidas, los estadounidenses están experimentando realidades económicas divididas por una línea invisible pero poderosa: la desigualdad. Este fenómeno ha sido encapsulado con el término “economía en forma de K”, una expresión que prolifera entre banqueros, ejecutivos de empresas, analistas y economistas de la Reserva Federal.
La letra K simboliza la tendencia divergente de dos realidades: hacia arriba, el ascenso económico de los estadounidenses de mayores ingresos; hacia abajo, la lucha creciente de hogares de bajos recursos. Mientras algunos acumulan riqueza sin precedentes gracias a bonanzas bursátiles y avances tecnológicos, otros apenas sobreviven al alza de precios en necesidades básicas como vivienda, alimentos y transporte.
Origen del concepto y por qué ahora todos lo mencionan
El término fue popularizado por Peter Atwater, profesor de economía en William & Mary, durante la pandemia del 2020. En ese entonces, las letras como V, U o L eran comunes para describir formas de recuperación económica post-recesión. Pero ninguna encapsulaba las profundas diferencias vividas por distintos estratos sociales como la K.
La crisis del COVID-19 impulsó teletrabajo y crecimiento en sectores digitales, beneficiando a los trabajadores con empleos estables y portátiles. A su vez, sectores como manufactura, restauración y entretenimiento vivieron despidos masivos. El concepto se mantuvo vigente y ha resurgido con fuerza en 2023 y 2024 debido a un nuevo enfriamiento económico.
Un crecimiento ilusorio: consumo polarizado y empleo desigual
Aunque a primera vista la economía de EE.UU. muestra solidez —con el mercado bursátil cerca de máximos históricos y un crecimiento del PIB del 2.6% anual en 2024, según el Bureau of Economic Analysis—, los indicadores subyacentes son menos optimistas para la mayoría.
- Las tasas de contratación han bajado.
- El desempleo ha subido ligeramente, situándose en 4.1% en junio de 2024.
- El consumo general se mantiene, pero impulsado principalmente por hogares de altos ingresos.
- El gasto de consumidores de bajos ingresos apenas creció un 0.7% en octubre de 2024, frente al 2.7% del segmento superior (datos de Bank of America).
Inflación persistente y salarios en ralentización
La inflación sigue siendo una preocupación significativa, especialmente para las clases media y baja. Aunque ha disminuido desde su pico en 2022, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) reporta una inflación del 3.2% en octubre de 2024, según el U.S. Bureau of Labor Statistics. Pero esto no se refleja igual en todos los bolsillos.
La Reserva Federal de Minneapolis reveló que el crecimiento salarial real ajustado a la inflación para el 25% de trabajadores con ingresos más bajos fue de solo 1.5% anual este año. Por contraste, los empleados en el cuartil superior vieron aumentos del 2.4%.
Esta brecha salarial ha reducido el poder de gasto de los trabajadores con menos recursos, quienes dependen más del consumo diario que de activos financieros.
Riqueza concentrada en la élite y el rol de Wall Street
Las ganancias del mercado bursátil benefician principalmente a los estadounidenses más ricos. De acuerdo con datos de la Reserva Federal, el 10% más rico de la población posee el 87% del valor del mercado de acciones. La mitad más pobre apenas controla el 1.1%.
Empresas como Google, Microsoft, Nvidia, Amazon y Apple —apodadas “los Magníficos 7”— impulsan estos valores gracias a su inversión en infraestructura de inteligencia artificial, centros de datos y servicios digitales. Sin embargo, esta bonanza tecnológica no está generando empleos en la misma proporción.
“Lo que vemos en lo más alto es una economía contenida; entre IA, bolsa y experiencias de lujo, no fluye hacia abajo” — Peter Atwater
El consumo fragmentado llega hasta los hábitos de compra
Ante esta disparidad, empresas han adaptado sus estrategias. Coca-Cola, por ejemplo, ha intensificado su enfoque dual entre lujos y asequibilidad. Su director operativo, Henrique Braun, explicó que están impulsando productos “premium” como Smartwater al mismo tiempo que ofrecen versiones más pequeñas y baratas del refresco tradicional.
Delta Airlines reporta que el incremento en ventas ocurre principalmente en primera clase y clase ejecutiva, sectores donde los clientes aún disfrutan de amplio poder adquisitivo. Best Buy, por su parte, afirma que el 40% superior de los consumidores genera dos tercios del consumo general.
¿Podría esta economía fragmentada arrastrar a todos?
Muchos economistas temen que una economía impulsada solo por las élites sea insostenible. Si la situación laboral de las clases medias y bajas no mejora, es probable que reduzcan aún más su consumo, generando una reacción en cadena que afectaría también a las corporaciones.
Dario Perkins, de TS Lombard, alerta que si las tasas de desempleo aumentan o si las familias no logran acceder a crédito asequible, los ingresos de empresas como Amazon, Meta o Apple podrían caer. Esto llevaría incluso a un freno en la expansión tecnológica de las grandes tecnológicas.
“Entonces hablamos de que el fondo de la K arrastraría hacia abajo la parte superior” — Dario Perkins
Factores que mantienen viva la esperanza (y riesgos)
Aunque el panorama es preocupante, hay señales de alivio potencial:
- Devoluciones fiscales más generosas a principios de 2025 bajo la legislación fiscal vigente aún desde la era Trump podrían impulsar el gasto.
- Se espera que una futura administración republicana nombre un nuevo presidente de la Reserva Federal con inclinación a recortar tasas de interés. Esto podría estimular el acceso al crédito y fomentar el consumo.
No obstante, el recorte de tasas podría avivar la inflación nuevamente, complicando los esfuerzos para lograr equilibrio.
El papel de los gobiernos y una advertencia para el futuro
La política económica debe adaptarse a esta nueva realidad. Históricamente, una desigualdad marcada ha conducido a ciclos de burbujas y crisis. La economía de EE.UU. no puede sostenerse eternamente sobre la base de un 10% hiperconsumidor.
Según un estudio publicado en 2023 por el Economic Policy Institute, la brecha de ingresos ha impedido que una amplia proporción de estadounidenses pueda construir patrimonio. Aquellos que viven de cheque en cheque son más vulnerables a cualquier perturbación económica.
El riesgo para los gigantes tecnológicos, el sector de lujo y los mercados financieros es depender de una base poco diversificada de consumidores. Y en el momento en que dicha base enfrente estrés económico severo, se resentirán todos los niveles de la economía.
La K no es solo una letra simbólica: es un llamado de alerta.
