La nueva cara de la crisis de opioides en EE.UU.: El inesperado aumento del consumo entre adultos mayores
Un análisis revelador en Maine muestra un alza preocupante en el uso de fentanilo y tratamiento con buprenorfina entre personas mayores de 65 años, desafiando estereotipos y sistemas de salud
Una epidemia en evolución: los rostros cambian, el problema persiste
Durante décadas, la epidemia de opioides en Estados Unidos ha sido retratada principalmente como una tragedia entre jóvenes y adultos de mediana edad. Sin embargo, una nueva tendencia está comenzando a preocupar a expertos en salud pública: un número creciente de adultos mayores, muchos de ellos jubilados, está recurriendo a opioides ilícitos, especialmente fentanilo. En Maine, el estado más envejecido del país, la situación se ha vuelto lo suficientemente evidente como para que médicos, terapeutas y funcionarios estatales enciendan las alarmas.
Una estadística que llama la atención
Entre 2019 y 2023, el número de beneficiarios de Medicare mayores de 65 años en Maine que recibieron tratamiento con buprenorfina —un medicamento aprobado para la dependencia de opioides— aumentó un 70%. Si bien solo se trata de alrededor de 450 personas más en total, este aumento es significativo dentro de un grupo demográfico que tradicionalmente ha sido considerado como de bajo riesgo para el consumo de drogas ilícitas.
A nivel nacional, los datos también son alarmantes. Un análisis de KFF reveló que las muertes por sobredosis entre personas mayores de 55 años se triplicaron entre 2014 y 2023. En Maine, ese número se multiplicó por cinco. En particular, las muertes relacionadas con fentanilo combinado con estimulantes (como cocaína o metanfetaminas) entre mayores de 65 años tuvo un aumento del 9,000% en apenas ocho años.
Entre el estigma y el silencio: una generación en negación
Según Walt Bresnahan, un voluntario de 68 años en el Centro de Recuperación de Portland en Maine, gran parte del problema radica en una barrera cultural y generacional. “La generación Boomer tiene un fuerte sentido del orgullo. Admitir que tienen un problema con drogas no es fácil para ellos”, declaró.
El pastor Leon Licata de la iglesia Union Street Brick en Bangor asegura que ha notado un aumento anecdótico de personas mayores envueltas en el uso de sustancias ilegales, aunque ellas mismas lo niegan. “Una mujer de más de 70 años insistía en que no usaba nada desde hacía 30 años. Pero yo la conozco, y eso no es cierto”, afirmó.
Más allá del estereotipo: cómo se manifiesta la adicción en los mayores
La adicción en adultos mayores se presenta de forma distinta a la de personas más jóvenes. Según la Dra. Rachel Solotaroff, especialista en salud comunitaria de Penobscot en Bangor, “la mayoría de mis pacientes mayores no se inyectan: fuman fentanilo. Además, muchas son mujeres, a menudo frágiles”.
En muchos casos, el uso inicia mediante recetas médicas legítimas para tratar dolor crónico o posoperatorio, pero ante regulaciones más estrictas y dificultades en la renovación, algunos recurren a alternativas ilícitas. Más preocupante aún: algunos han tenido largos periodos de sobriedad que se interrumpen tras eventos como la pérdida del hogar o la muerte de un cónyuge.
Un enfoque limitado puede ignorar nuevos riesgos
El director estatal del programa de respuesta a opioides en Maine, Gordon Smith, reconoce la existencia del problema, pero asegura que la prioridad sigue siendo la población joven. “Tenemos que enfocar nuestros recursos donde hay mayor impacto. Es una enfermedad que en su mayoría inicia en la adolescencia”, explicó.
Sin embargo, esa estrategia podría dejar desprotegido a un grupo creciente y vulnerable. Maine es el estado con mayor proporción de personas mayores en Estados Unidos. A medida que la población envejece, la necesidad de planes adaptados aumenta.
La brecha en los cuidados: ¿quién se ocupa de los mayores en tratamiento?
Uno de los principales retos para los mayores que buscan tratamiento es la integración de servicios en centros de atención a largo plazo. Kaylie Smith, terapeuta en el hospital Northern Light Acadia, describe cómo muchos de sus pacientes mayores enfrentan dificultades al ingresar a residencias, ya que estas no están equipadas para facilitar tratamientos como la metadona.
“Obligarlos a interrumpir su medicación es desestabilizante y los pone en riesgo. No hay muchas opciones diseñadas para ellos”, sentenció Smith.
Amelia Hersey, asistente médica geriátrica, intentó en 2022 adaptar políticas en 12 hogares de ancianos en Maine para atender mejor a residentes con adicción. El resultado fue decepcionante: solo dos centros, donde ella misma trabajaba, aceptaron los cambios. Identificó alta rotación de personal y resistencia organizacional como las principales barreras.
¿Qué está fallando en la prevención y el tratamiento?
Menos del 40% de los beneficiarios de Medicare con trastorno por uso de opioides reciben tratamientos que cumplen estándares de calidad, según un estudio reciente en Health Affairs. Además, muchos médicos de atención primaria dudan en preguntar directamente a sus pacientes mayores sobre su uso de opioides, por temor a ofenderlos o romper la relación médico-paciente.
El Dr. Erik Steele, médico de familia en Brunswick, advierte que distinguir entre la dependencia fisiológica y la dependencia patológica puede ser complicado. Los síntomas del envejecimiento como pérdida de memoria o movilidad también pueden confundirse con efectos secundarios del uso prolongado de opioides.
Perspectivas futuras: ¿una crisis a puertas abiertas?
El aumento del uso de opioides ilícitos entre personas mayores no solo es preocupante por sus implicaciones inmediatas, sino que también puede reflejar una falta de preparación del sistema de salud para atender esta evolución de la epidemia.
Christy Daggett, directora de Aroostook Mental Health Services, ve con optimismo el hecho de que más adultos mayores busquen ayuda. “Significa que se sienten más cómodos pidiendo apoyo”, comentó. Su organización también ha visto un aumento, aunque leve, de adultos mayores en tratamiento, pasando del 14% al 21% entre 2020 y 2025.
A través de distintas voces y testimonios, se vislumbra una realidad compleja: EE.UU. se enfrenta a una nueva ola de su antigua crisis, ahora con protagonistas replanteados y retos estructurales aún no resueltos. La epidemia no discrimina por edad, y el sistema debe evolucionar para enfrentarlo integralmente.
