El éxodo invisible del Sahel: pastores desplazados y su lucha por sobrevivir en Costa de Marfil
Miles de pastores Fulani huyen de Burkina Faso y Mali por culpa del conflicto armado, dejando atrás tradición, identidad y ganado en busca de seguridad y sustento en las afueras de Abiyán
Abiyán, Costa de Marfil – Entre bañados y suelo arcilloso, decenas de hombres se reúnen junto a rebaños ajenos, intentando reproducir una vida que han perdido para siempre. La mayoría de ellos eran pastores en Burkina Faso y Mali, pero la violencia extrema de grupos armados yihadistas los obligó a dejarlo todo para cruzar las fronteras y asentarse en los márgenes urbanos de Costa de Marfil.
El drama de un pastor convertido en jornalero
Nouhoun Sidibè solía ser jefe de una comunidad de pastores, heredero de una tradición familiar ancestral. Pero en 2020, hombres armados entraron a su pueblo en el norte de Burkina Faso, arrasaron con su ganado y destruyeron su vida. "Perdí todo en minutos", relató Sidibè al borde del llanto.
Desde entonces, deambuló entre pueblos en busca de empleo durante tres años sin éxito, hasta que en 2023 decidió desplazarse a Costa de Marfil. Hoy sobrevive como ayudante en un corral en Abiyán, una ciudad caótica y costosa donde la mayoría de estos desplazados viven hacinados en condiciones precarias, sin baño ni cocina.
El Sahel, una región en crisis permanente
Burkina Faso, Mali y Níger conforman el llamado triángulo del Sahel central, una zona marcada por desiertos, pastizales secos e históricas tribus nómadas. Desde 2012, cuando comenzó el conflicto en el norte de Mali, la presencia de grupos armados ligados a Al Qaeda y al Estado Islámico ha recrudecido. Hoy en día, el conflicto se ha expandido, causando una de las mayores crisis migratorias internas del África Occidental.
Según datos de UNICEF, más de 72,000 personas huyeron de Burkina Faso y Mali hacia Costa de Marfil solo entre enero y marzo de 2025. Eso representa un aumento notable frente a los 54,000 del período entre abril de 2021 y marzo de 2024, según la Organización Internacional para las Migraciones.
Pastores Fulani, víctimas estigmatizadas del conflicto
La mayoría de los pastores desplazados son de la etnia Fulani, una comunidad musulmana nómada que practica el pastoreo desde hace siglos. El ganado no es solo su sustento, sino su identidad cultural más profunda.
“No hay un fulani sin su ganado. Eso es su identidad”, explica Amadou Sonde, secretario general de la Federación de Asociaciones Fulani de Burkina Faso en Costa de Marfil.
Con tristeza, Sonde señala que cada semana recibe a más personas que llegan desarraigadas, sin estudios, y sin conexión alguna con la vida urbana. "Nos llegan pidiendo ayuda para encontrar trabajos que no tienen que ver con la ganadería. Algunos terminan como conductores, ayudantes de tienda o en fábricas".
Una cultura arrinconada por las armas y el clima
La violencia no es el único impulsor del desplazamiento. El cambio climático también ha agudizado los conflictos entre pastores nómadas y agricultores sedentarios por el uso de tierras cada vez más escasas. En medio de la inseguridad, muchos Fulani se ven atrapados entre el fuego cruzado de bandas y poblados que los acusan de colaborar con grupos extremistas.
El resultado: una pérdida de identidad colectiva, según advierte el profesor Yao Kouamé, sociólogo de la Universidad de Bouaké. "Frente a la inseguridad y tensiones, algunos fulani están abandonando el pastoreo para involucrarse en comercio o incluso adquirir tierras urbanas", afirma.
“La ciudad no es para nosotros”
Tanané Ibrahim fue otro pastor desplazado. Perdió su ganado hace tres años cuando su aldea fue atacada. "No dejaron ni las gallinas", recuerda con tristeza. Tras abandonar su aldea, llegó a las afueras de Abiyán donde trabaja cuidando rebaños que no son suyos. Todavía añora sus días de libertad.
“Antes era libertad total. Estabas con tus animales, podías descansar. En la ciudad todo es caro y necesitas trabajar hasta el cansancio para no tener nada”.
Como Ibrahim, miles de fulani viven atrapados entre la nostalgia y la supervivencia forzada. La estructura de vida en Abiyán no es compatible con sus costumbres. No hay espacio para el pastoreo, y la ciudad impone condiciones socioeconómicas cada vez más difíciles.
Costa de Marfil fortalece sus fronteras
Ante el creciente flujo de desplazados desde Mali y Burkina Faso, el gobierno marfileño ha anunciado que reforzará la seguridad en sus regiones del norte. La llegada masiva de desplazados pone presión sobre los servicios sociales, el empleo urbano y el tejido comunitario ya tensado por años de urbanización acelerada.
Costa de Marfil se ha convertido en un refugio regional debido a su estabilidad política comparativa y a su crecimiento económico, que ha sido del 6.5% anual desde 2019, según el Banco Africano de Desarrollo. Sin embargo, esa bonanza económica no alcanza a los migrantes no calificados.
El futuro incierto de una población errante
La tragedia humana del Sahel no muestra signos de terminar. Según Oluwole Ojewale, experto del Instituto de Estudios de Seguridad en Dakar, "las juntas militares en Burkina Faso, Mali y Níger están completamente sobrepasadas por los ataques múltiples y simultáneos de grupos armados diversos".
Mientras la población civil sufre desplazamientos, hambre y pérdida de medios de vida, las iniciativas internacionales han sido lentas y parciales. Algunos planes, como los impulsados por el G5 Sahel o ECOWAS, han fracasado ante la falta de recursos y coordinación.
En ese contexto, los desplazados como Sidibè e Ibrahim representan una de las tragedias menos visibles del siglo XXI: comunidades enteras cuyos estilos de vida y culturas están extinguiéndose bajo el peso de la violencia, el desplazamiento forzado y la indiferencia internacional.
Los Fulani del Sahel hoy sobreviven en márgenes urbanos donde no hay lugar para el pastoreo, acorralados por una modernidad que nunca buscaron. En palabras de Sidibè: "Podré aprender nuevos trabajos, pero nunca dejaré de ser pastor en mi corazón".
