El otro lado de NASCAR: la lucha legal que podría redefinir el deporte motor en EE. UU.
Denny Hamlin y Michael Jordan encabezan una demanda antimonopolio que pone en duda el futuro financiero de los equipos de NASCAR
Una grieta en el corazón del automovilismo estadounidense
La NASCAR, uno de los pilares del automovilismo en Estados Unidos, se encuentra en medio de una disputa que podría cambiar drásticamente la dinámica del deporte. En el centro del conflicto están dos figuras de talla mundial: Denny Hamlin, piloto tres veces campeón del Daytona 500, y Michael Jordan, leyenda del baloncesto y ahora copropietario del equipo 23XI Racing.
¿El motivo? Una demanda por prácticas monopolísticas contra la organización NASCAR, acusada de ahogar financieramente a sus propios equipos mediante un modelo de ingresos insostenible. Esta acción legal ha sacado a la luz los conflictos internos y económicos que han estado latentes por años dentro del deporte.
¿Quiénes están detrás de la demanda?
El caso fue presentado por 23XI Racing —copropiedad de Hamlin y Jordan— junto con Front Row Motorsports, propiedad del empresario Bob Jenkins. Su argumento es claro: NASCAR mantiene un control unilateral sobre los ingresos, contratos y operación del campeonato, dejando a los equipos con pocas posibilidades de generar ganancia.
Durante su testimonio, Hamlin fue contundente: “No firmé porque sabía que ese contrato era mi certificado de defunción. Había ocho puntos mínimos que debían cambiarse y cuando los mencionamos, NASCAR respondió que las negociaciones estaban cerradas”.
Una estructura de ingresos que no funciona
Para entender la magnitud del problema, es importante analizar las finanzas detrás del show:
- En 2022, 23XI Racing pagó más de $700,000 dólares en tarifas solo por participar, credenciales y uso de infraestructura de NASCAR.
- Construir el equipo costó a Jordan y Hamlin más de $100 millones.
- Traer un solo auto a todas las carreras de una temporada cuesta alrededor de $20 millones, según Hamlin.
Por otro lado, NASCAR otorga un ingreso “asegurado” de $12.5 millones por vehículo con charter, insuficiente frente a los $20 millones de gasto básico señalados por los equipos. El desfase es evidente, y aún más alarmante cuando estudios afirman que el 75% de los equipos pierden dinero.
El sistema de “charters”: ¿oportunidad o trampa?
En 2016, NASCAR introdujo el sistema de charters, similar a una franquicia. Estos fueron entregados inicialmente sin costo, para otorgar estabilidad a los equipos. Hoy representan una inversión que se compra y vende, con un valor estimado de mercado de $1.5 mil millones.
Pese a este valor aparente, Hamlin reveló que 11 de los 19 equipos originales que recibieron charters ya no existen, muestra del alto nivel de desgaste económico. Tres de los charters actuales que posee 23XI fueron adquiridos de equipos que quebraron.
¿Una lucha por el control o por la supervivencia?
NASCAR defiende sus políticas afirmando que ha hecho esfuerzos por redistribuir mejor los ingresos. La organización asegura no haber restringido el comercio ni abusado de su poder en detrimento de los equipos. También resalta que los charters actuales tienen un valor y garantizan una fuente sostenida de ingresos.
Sin embargo, los demandantes no coinciden. Para ellos, los acuerdos propuestos por NASCAR reflejan una actitud autoritaria y un doble discurso: “Nos dicen que estamos gastando demasiado, pero no nos dan herramientas para reducir costos ni incrementar los ingresos”, sentenció Hamlin.
La situación se agrava con una paradoja: mientras NASCAR genera ganancias significativas —más de $100 millones en 2024 según documentos judiciales—, muchos equipos subsisten al borde del colapso financiero.
¿El poder de Michael Jordan como catalizador?
La popularidad y peso mediático de Jordan ha sido clave para atraer patrocinadores importantes a 23XI Racing. Eso ha permitido al equipo tener rentabilidad en 4 de sus 5 años de existencia. Pero incluso con esta ventaja, Hamlin advirtió: “Todo depende de un patrocinador. Si uno se va, nuestras ganancias también”.
Este comentario ilustra la inestabilidad del modelo actual y cómo incluso las figuras más influyentes encuentran dificultades al navegar el sistema económico de NASCAR.
Una demanda con potencial de cambiarlo todo
La demanda tiene dimensiones históricas. Está liderada por Jeffrey Kessler, abogado especialista en casos antimonopólicos, conocido por su rol en la libre agencia de la NFL y en casos clave contra la NCAA.
Podría marcar un antes y un después para el automovilismo estadounidense. Si la corte decide en favor de los demandantes, se abriría la puerta a una redistribución más justa de ingresos, nuevos contratos para equipos y posiblemente una revisión total del sistema charter.
¿Por qué importa esto más allá del deporte?
Muchos podrían ver esta disputa como un simple enfrentamiento financiero dentro del mundo del motor. Pero lo que realmente está en juego es el modelo de sostenibilidad de grandes ligas deportivas.
El caso plantea preguntas críticas para cualquier industria que dependa de estructuras cerradas y jerárquicas:
- ¿Puede un ente regulador como NASCAR ser juez y parte?
- ¿Deben los equipos tener más voz en la toma de decisiones estratégicas?
- ¿Cómo se equilibra la tradición y el negocio?
Un juicio con ojos puestos desde todos los sectores
La duración estimada del juicio es de dos semanas. Se espera que figuras clave de NASCAR declaren, incluidos ejecutivos y otros propietarios de equipos. La defensa de NASCAR insistirá en que no ha limitado la libre competencia ni ha prohibido que los equipos obtengan beneficios justos.
Mientras tanto, potenciales patrocinadores, otras ligas deportivas e incluso agentes de cambio dentro de la industria del entretenimiento, observan atentos los resultados de este caso.
La presión mediática y los silencios forzados
Durante su testimonio, Hamlin también denunció la cultura del silencio dentro de NASCAR. Indicó que si una figura pública critica al organismo, puede ser sancionado o sufrir represalias en inspecciones técnicas o retrasos administrativos.
“Ser negativo afecta mi vida profesional”, dijo. “Por eso en podcasts a veces repito la línea oficial de NASCAR. Pero es solo eso: una fachada”.
Este punto introduce una preocupación más amplia: el equilibrio entre libertad de expresión y miedo a la censura en ámbitos deportivos dominados por entidades privadas.
Un vistazo al futuro
Más allá de la sentencia del jurado, el inicio de este juicio ya ha generado espejos incómodos para NASCAR. Ha expuesto un sistema que durante décadas benefició a unos pocos y dejó al resto luchando por sobrevivir.
Ya no se trata solo de una pista de carreras. Es la competencia por un modelo justo, sostenible y moralmente coherente para uno de los deportes más representativos de la identidad estadounidense.
En palabras finales de Hamlin: “He dedicado 20 años a hacer crecer este deporte como piloto, y cinco años como dueño de equipo. Hacemos nuestra parte. ¿Por qué no lo hacen ellos?”
