Guardia Nacional, crimen y política: el nuevo frente de batalla en Nueva Orleans
La promesa de Trump y la petición de Landry desatan un debate sobre seguridad, derechos civiles y la politización del Ejército
Nueva Orleans vuelve a estar en el centro de atención nacional, no por su carnaval ni por su gastronomía, sino por una controversia que combina política, seguridad pública, migración e incluso cultura. El debate se intensifica tras el anuncio del expresidente Donald Trump de que desplegará tropas de la Guardia Nacional en la ciudad, en respuesta a una solicitud del gobernador de Luisiana, Jeff Landry.
¿Una ciudad en crisis o un discurso politizado?
Trump, en un encuentro de gabinete en la Casa Blanca, afirmó: “El gobernador Landry —un gran tipo, un gran gobernador— pidió ayuda para Nueva Orleans. Iremos en un par de semanas”. Este despliegue se suma a una operación federal antipandillas e inmigración ilegal denominada “Swamp Sweep” dirigida por la Patrulla Fronteriza. Según dijo el propio Landry, la intención es arrestar hasta a 5,000 personas en las próximas semanas.
El contexto de esta intervención parece sólido a primera vista. En 2022, Nueva Orleans fue considerada la “capital del asesinato de Estados Unidos”, con 266 homicidios, lo que representa una tasa de 70 muertes por cada 100,000 habitantes.
No obstante, los datos actuales cuentan otra historia. De acuerdo con cifras del Departamento de Policía de Nueva Orleans, hasta noviembre de 2023 la cifra de muertes violentas era de solo 97, lo que posiciona al 2023 como uno de los años más seguros desde la década de 1970.
¿Por qué entonces enviar tropas?
Según Landry, la necesidad de asistencia militar se basa en tres factores: los altos índices de criminalidad (aunque estén bajando), la escasez de personal policial y la vulnerabilidad del estado ante desastres naturales. El gobernador incluso pidió al Pentágono en septiembre de este año que envíe hasta 1,000 efectivos federales.
Pero detrás de ese pedido se esconde una estrategia política. Nueva Orleans es vista a menudo como “ciudad azul” en un “estado rojo”. Mientras los líderes locales demócratas rechazan la militarización, los líderes estatales republicanos la exigen como prueba de mano dura contra el crimen.
Auge y caída de la violencia en Luisiana
La narrativa de ciudades peligrosas resurge con frecuencia en años electorales, y no pocos analistas han relacionado el movimiento de Landry y Trump con la campaña presidencial 2024. Nueva Orleans, Baton Rouge y Shreveport —las tres grandes urbes mencionadas en la petición al Pentágono— han visto disminuciones en la violencia.
Por ejemplo:
- Baton Rouge: aunque sigue lidiando con violencia armada como consecuencia del uso de dispositivos que convierten armas semiautomáticas en automáticas, las tasas de homicidio han bajado en comparación con 2022.
- Shreveport: donde el alcalde republicano Tom Arceneaux afirma que el crimen violento ha descendido drásticamente, aunque acoge con reserva la posible ayuda militar, prefiriendo policías estatales a tropas federales.
Conflictos políticos: del Capitolio al barrio
Nueva Orleans ha sido históricamente un bastión demócrata en el corazón republicano del sur: multicultural, con fuerte presencia afroamericana y latina, y símbolo del activismo pos-Katrina por la justicia racial. Para muchos, enviar la Guardia Nacional a sus calles resucita fantasmas de la represión estatal.
La alcaldesa saliente LaToya Cantrell fue ambigua en su postura, aceptando “colaborar con el gobierno federal” mientras estaba bajo investigación por supuesta corrupción. Por otro lado, la alcaldesa electa Helena Moreno rechazó rotundamente la idea de militarizar la ciudad, advirtiendo sobre riesgos de violaciones a los derechos civiles y el daño a eventos culturales únicos como los “second lines” —esos desfiles improvisados con brass bands que son alma del espíritu de Nueva Orleans.
La “Swamp Sweep” y el fantasma del racismo institucional
La otra parte del operativo federal es la llamada “Swamp Sweep”, una campaña migratoria que ha generado alarma entre comunidades hispanas y de inmigrantes. En palabras del propio Landry: “Damos la bienvenida a la Swamp Sweep en Luisiana”.
Activistas de derechos civiles recuerdan que este tipo de intervenciones han limitado en el pasado las libertades básicas:
- Redadas sin orden judicial.
- Amenazas de deportación a ciudadanos con residencia legal.
- Acusaciones racistas camufladas de discursos de seguridad nacional.
Para analistas como Heather Anderson, del Southern Poverty Law Center, “la Swamp Sweep es menos una operación de seguridad y más un espectáculo político dirigido a la base trumpista”.
Precedentes incómodos: cuando la Guardia Nacional llega
No es la primera vez que la Guardia Nacional patrulla las calles de Nueva Orleans. En enero de este año, 100 efectivos fueron enviados tras un ataque con camión el día de Año Nuevo que dejó 14 muertos en Bourbon Street. Incluso después del huracán Katrina, las calles estuvieron militarizadas durante meses, lo cual generó miedo en muchas comunidades afrodescendientes.
Pero existen resistencias dentro del propio Ejército estatal. En esta ocasión, el portavoz de la Guardia Nacional de Luisiana, el teniente coronel Noel Collins, se negó a comentar y altos mandos han expresado en privado su preocupación por el uso político de los soldados.
La Guardia Nacional: ¿instrumento de seguridad o de campaña?
Durante el mandato de Trump, varios intentos de desplegar tropas federales en ciudades demócratas generaron controversia: desde Portland hasta Washington, D.C. En Chicago y Los Ángeles se intentaron bloqueos legales. La percepción en muchas urbes ha sido la de una instrumentalización con fines electorales más que reales soluciones al crimen.
Y es que no hay que olvidar que el crimen violento efectivamente disminuyó en muchas ciudades de Estados Unidos durante 2023. Según el Council on Criminal Justice, los homicidios en grandes urbes bajaron en promedio un 9% entre enero y septiembre del año pasado. Nueva Orleans sigue esa tendencia.
Entonces, ¿por qué militarizar una ciudad que está mostrando señales de recuperación?
Entre el control estatal y la autonomía local
El conflicto también revela una dimensión federalista. ¿Puede un gobernador republicano imponer tropas federales en una ciudad gobernada por demócratas sin su consentimiento? ¿Tiene el presidente esa facultad sin el respaldo del alcalde?
De momento, todo parece moverse como un tablero político por la presidencia de 2024. Trump refuerza su mensaje de “mano dura” y Landry consolida su imagen conservadora. Al mismo tiempo, Nueva Orleans resiste desde sus instituciones locales y desde su cultura.
Para muchos residentes, la violencia no se combate con rifles M16 sino con empleo digno, servicios sociales y opciones para los jóvenes. Como dijo el músico local Kermit Ruffins: “No estamos rotos. Estamos vivos. Y no necesitamos botas militares para vivir mejor”.
La historia aún se está escribiendo, pero la pregunta central sigue sin respuesta: ¿seguridad para quién? ¿Y a qué costo?
