Moda en movimiento: Chanel transforma el metro de Nueva York en pasarela de estilo y diversidad
El desfile Métiers d’Art 2025/26 de Chanel se sumerge en la vida cotidiana urbana, celebrando la artesanía y la pluralidad a través de una experiencia única bajo tierra.
Cuando la alta costura se encuentra con los pasillos del día a día, el resultado es puro arte escénico. Eso fue exactamente lo que logró Chanel en su desfile Métiers d’Art 2025/26, convirtiendo una estación subterránea del metro de Nueva York en una experiencia inolvidable de moda, arte y vida.
Una locación inesperada: del glamour parisino a la vida urbana neoyorquina
Matthieu Blazy, el nuevo rostro creativo de Chanel, decidió romper esquemas y apostar por lo inesperado. El lugar elegido fue una sección clausurada de la estación Bowery del metro de Manhattan, un sitio que pasó de ser un rincón olvidado a un escenario digno de memorias icónicas.
La decisión de Blazy no fue fortuita. Como él mismo expresó en sus notas del desfile: “El metro de Nueva York le pertenece a todos: estudiantes, innovadores, políticos y adolescentes. Es un espacio de encuentros maravillosos, un choque de arquetipos pop”. Esta declaración se materializó en cada paso de las modelos sobre los andenes, mostrando looks que dialogaban con distintas épocas, estilos y personalidades.
Reescribiendo el concepto de pasarela
El desfile rompió con las convenciones habituales desde el primer momento. Los invitados, entre los que estaban celebridades como Tilda Swinton, Kristen Stewart, Lupita Nyong’o y A$AP Rocky, llegaron a través de una discreta puerta en el número 168 de Bowery, sin pistas de lo que estaban a punto de presenciar. Escaleras abajo, les aguardaba el verdadero espectáculo: un andén real, con bancos imitando los asientos del metro y anuncios ambientados con estilo vintage. El escenario se completaba con una banda sonora que comenzaba con el característico anuncio “Stand clear of the closing doors!”.
Y entonces… el tren llegó. Literalmente.
De los vagones emergieron las modelos, interpretando con gracia natural escenas cotidianas: revisando los horarios, mostrando molestia ante un supuesto retraso del tren o simplemente apoyándose en los pilares como cualquier transeúnte anónimo.
Diseños que cuentan historias
Inspirándose en el trajín urbano desde los años 20 hasta hoy, Blazy presentó una colección rica en contrastes y detalles. Desde trajes Chanel clásicos con T-shirts de “I ❤️ NY”, hasta lujosos looks de tweed reinterpretados con colores ácidos, capas oscuras en tejidos delicados y faldas con patrones vibrantes.
Una de las claves de la colección fue mostrar la pluralidad de identidades que transitan el metro: no había una “mujer Chanel prototípica”, sino múltiples versiones, cada una con una historia, estética y presencia única. Kristen Stewart lo describió de forma elocuente: “Sentí que no estaba viendo a una sola mujer, sino muchas. Me pareció auténtico. Aunque sea todo artífice, logran una impresión de verdad. Y eso emociona.”
Más allá de la moda: una experiencia inmersiva
Chanel no se limitó al espectáculo visual. Para acompañar el evento, se distribuyó un periódico especial llamado “La Gazette”, preparado exclusivamente para el desfile, con entrevistas, ensayos y curiosidades relacionadas con la inspiración detrás de la colección. En ella, Blazy mencionó una influencia poco conocida: el viaje de Gabrielle “Coco” Chanel a Nueva York en 1931, una visita que dejó huella en la casa francesa y en su forma de entender el lujo moderno.
La ciudad como musa
Blazy nos recuerda que el metro no solo es funcional: es un espacio social, sin fronteras de clase, raza o edad. En su visión, el subterráneo es “el vórtice de la ciudad, donde todo se conecta”.
Este desfile marcó un notable contraste con la última vez que Chanel presentó una colección Métiers d’Art en Nueva York, en 2018, cuando Karl Lagerfeld transformó el Templo de Dendur del Museo Metropolitano de Arte en una oda a la realeza egipcia. Blazy, en cambio, resignifica lo cotidiano como fuente de belleza y sofisticación.
El arte de los Métiers d’Art: homenaje a la artesanía
El evento no solo brilló por su estética, sino también por lo que celebra: los Métiers d’Art, los fabulosos talleres artesanales que colaboran con Chanel —bordadores, plumassiers, zapateros, joyeros— y que han sido el corazón palpitante de la maison desde sus inicios.
Cada prenda del desfile era una obra maestra de complejidad técnica y dedicación. Las texturas, bordados y acabados eran una carta de amor al trabajo manual, un arte cada vez más amenazado por la producción en masa y la automatización.
Reacciones de los asistentes y el impacto cultural
El desfile recibió ovaciones y vítores. Desde las primeras filas, figuras como Sofia Coppola, Rose Byrne, Margaret Qualley y Bowen Yang aplaudieron el enfoque disruptivo de Blazy. Muchos coincidieron en que no era solo un desfile de moda, sino una experiencia emocional, estética y casi cinematográfica.
La elección del metro como espacio no solo provocó reacciones artísticas, sino también sociopolíticas. En una era donde la moda enfrenta cuestionamientos por su desconexión con la realidad y la crisis ambiental, Chanel apostó por lo común, lo urbano, lo colectivo. Y lo hizo sin perder ni un ápice de glamour.
¿Un nuevo paradigma en las pasarelas?
Este evento plantea una pregunta inevitable: ¿Estamos frente a una nueva era en la concepción de desfiles de alta costura? La tendencia hacia experiencias inmersivas, interactivas y contextualizadas parece intensificarse. Marcas como Louis Vuitton, Dior o Balenciaga ya han apostado por escenarios exóticos, museos o instalaciones artísticas. Chanel, sin embargo, ha ido un paso más allá: convirtió lo cotidiano en extraordinario.
New York, je t’aime
Chanel regresó a Nueva York después de siete años, y lo hizo con una declaración de amor vibrante a la ciudad, sus símbolos culturales y su gente. En tiempos donde las ciudades a menudo se perciben como escenarios de caos, Blazy propuso otra visión: las urbes como espacios de belleza diversa, efímera y poderosa.
Porque al final del día, si hay algo que la moda puede (y debe) hacer, es reinterpretar nuestro mundo. Y Chanel lo hizo con maestría desde un andén del metro. Así, lo que pudo haber sido solo un desfile, se transformó en una crónica sensible del siglo XXI.
