¿Demonizar el andamio de bambú? Un error que puede costarle caro a Hong Kong

La tragedia en Wang Fuk Court desata una tormenta política y técnica sobre el uso del bambú en construcción, pero ¿culpar al material puede estar ocultando fallas más graves?

Una tragedia que sacudió a Hong Kong

El incendio del 26 de noviembre en el complejo de edificios Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po en Hong Kong, se ha convertido en el más letal en décadas para la ciudad. Las llamas se propagaron rápidamente de una torre a otras seis, dejando un saldo de al menos 159 muertos. Como respuesta, las autoridades se apresuraron a señalar un chivo expiatorio: las tradicionales estructuras de andamiaje de bambú.

La historia y presencia del bambú en la construcción de Hong Kong

En Hong Kong, los andamios de bambú son omnipresentes, una imagen común que evoca una mezcla de modernidad e historia viva. Esta técnica milenaria continúa vigente en una ciudad donde la verticalidad define su paisaje urbano. Se estima que hay alrededor de 3.000 trabajadores registrados especializados en el montaje de estos andamios, según datos del sindicato local.

Mientras otras regiones de Asia, incluida la China continental, han optado por andamios metálicos, Hong Kong ha mantenido esta tradición, destacando por su eficiencia, bajo costo y adaptabilidad a estructuras urbanas irregulares y densas.

¿Es el bambú realmente el culpable?

Sin embargo, diversos expertos y voces públicas han advertido contra la simplificación del problema. Kristof Crolla, profesor de arquitectura en la Universidad de Hong Kong, advierte que el bambú, aunque combustible como todo material orgánico, no es fácil de incendiar si se acompaña de redes ignífugas homologadas.

“La decisión de culpar al bambú tan rápidamente parece precipitada y políticamente conveniente”, señaló Raffaella Endrizzi, investigadora de la Universidad China de Hong Kong. “Se están ignorando fallos sistémicos más graves en la seguridad de las obras”.

Entre los detonantes reales del incendio se encontraron:

  • Uso de materiales inflamables no regulados para cubrir ventanas (espuma de poliuretano).
  • Redes protectoras de baja calidad, posiblemente falsificadas o no certificadas.
  • Deficiencias en la supervisión oficial y en los protocolos de emergencia.

Resistencia ciudadana y voces críticas

El pueblo de Hong Kong no se quedó callado. A los pies de la zona afectada, un mensaje colocaba la responsabilidad donde muchos creen que debe estar: “No revisen el bambú, revisen todo el sistema”.

Incluso figuras prominentes como Regina Ip, exsecretaria de Seguridad, criticaron la narrativa oficial. En declaraciones al periódico local Ming Pao, calificó la acusación contra el bambú como una medida “vaga y oportunista”.

John Tsang, exsecretario de Finanzas, fue aún más contundente: “Cualquiera con sentido común sabe que el bambú no es tan fácil de quemar”.

Ventajas del bambú frente al metal

Más allá del romanticismo cultural, el bambú tiene claras ventajas técnicas:

  • Flexibilidad: puede ser montado en fachadas irregulares y espacios estrechos donde el metal no cabe.
  • Ligereza: facilita su traslado y montaje rápido, ideal para estructuras altas.
  • Bajo coste: puede costar menos de la mitad de un sistema metálico.

Como dijo el arquitecto Crolla, reemplazarlo completamente por sistemas metálicos iría en detrimento del dinamismo y agilidad que ha caracterizado a la industria constructora local.

Los desafíos de una transición a metal

Aun con los argumentos técnicos, la transición a estructuras metálicas parece inminente. El jefe de gobierno, John Lee, ha iniciado conversaciones con representantes del gremio de la construcción para acordar un calendario de migración tecnológica.

Pero más allá del debate técnico, el tema es económico. Ho Ping-tak, presidente del Sindicato de Trabajadores de Andamiaje de Bambú de Hong Kong y Kowloon, se pregunta: “¿Están dispuestas las comunidades en edificios antiguos a cubrir los costos adicionales?”

Además, el metal es más pesado, requiere mayor tiempo de montaje y desmontaje, y limita la maniobrabilidad en áreas difíciles, como señala el investigador Ehsan Noroozinejad, de la Universidad de Sídney Occidental.

Una corrupción estructural

El verdadero problema de fondo no es el bambú. Hasta ahora, las autoridades han arrestado a 15 personas vinculadas a negligencia y corrupción en el proyecto de renovación. Se habla de manipulaciones en las licitaciones, materiales no autorizados y fallos en la implementación de medidas de seguridad básicas.

Incluso, residentes del complejo Wang Fuk Court habían denunciado hace más de un año a las autoridades el uso de redes posiblemente inflamables, sin obtener respuesta ni acción alguna. Hoy, esas omisiones han costado vidas.

La arquitecta Endrizzi lo resume con fuerza: “Cambiar materiales no resolverá un sistema regulador deficiente. Nos arriesgamos a destruir una técnica eficaz por no enfrentar la corrupción y la laxitud en la fiscalización”.

Un símbolo que resiste al fuego… y a la política

El andamio de bambú no solo es una herramienta funcional, sino un emblema de identidad hongkonesa. Frente a la creciente presión por occidentalizar métodos y materiales, muchos defienden su legítimo lugar en la arquitectura moderna.

Los cambios deben llegar, sin duda, pero deben estar anclados no en medidas reactivas sino en políticas informadas y estructurales. No se trata de elegir entre tradición y modernidad, sino de exigir responsabilidad y profesionalismo a las autoridades y empresas involucradas.

La tragedia de Wang Fuk Court no se apaga con eliminar el bambú de los cielos de Hong Kong. La verdadera llama que quemó edificios y vidas fue la de la negligencia, la corrupción y la ineficacia institucional.

El camino hacia adelante

El gobierno ha prometido una investigación independiente para esclarecer lo sucedido y modificar las regulaciones del sector constructivo. Pero la ciudadanía exige algo más: rendición de cuentas, transparencia y profunda reforma institucional.

Mientras tanto, muchas constructoras han comenzado a retirar las redes protectoras de sus obras en curso, esperando pruebas sobre su calidad antes de reinstalarlas. Hong Kong se encuentra en una encrucijada técnica, cultural y moral.

En este momento, la historia exige valentía, no excusas. Exige que las soluciones no destruyan aquello que ha funcionado por generaciones solo para encubrir errores recientes. Y, sobre todo, exige justicia para 159 vidas que no debieron apagarse entre andamios, burocracias defectuosas y promesas huecas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press