Cuidado materno en crisis: El racismo sistémico que sigue poniendo en riesgo la vida de mujeres negras
Dos casos recientes en EE. UU. exponen fallas graves en la atención médica a mujeres negras embarazadas, reflejando un problema estructural de salud que clama por reformas urgentes.
La desigualdad que mata: mujeres negras en el sistema de salud estadounidense
Dos historias estremecedoras protagonizadas por mujeres negras embarazadas en Estados Unidos han sacudido las redes sociales y reavivado un debate imprescindible: el racismo sistémico dentro del sistema de salud. Mercedes Wells en Indiana y Kiara Jones en Texas estuvieron a punto de convertirse en víctimas de un sistema médico insensible y negligente, una situación que refleja una realidad alarmante: las mujeres negras enfrentan un riesgo mucho mayor durante el embarazo y el parto.
Datos que gritan: La mortalidad materna en mujeres negras
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las mujeres negras tienen una tasa de mortalidad maternal casi 3.5 veces mayor que las mujeres blancas en Estados Unidos. En 2023, mientras las tasas de mortalidad para mujeres blancas, hispanas y asiáticas disminuyeron, la de mujeres negras apenas se movió. Estos números no son nuevos, pero cada caso vuelve a evidenciar la urgencia de atender una crisis estructural con raíces racistas.
El caso de Mercedes Wells: parto en la carretera tras ser ignorada
Mercedes Wells, madre de tres hijos y residente de Illinois, acudió con fuertes dolores al hospital Franciscan Health Crown Point cuando ya había roto fuente. Pese a suplicar permanecer en observación, fue forzada a salir. “No puedo ser dada de alta, estoy a punto de tener al bebé”, rogó Wells mientras el personal, todas enfermeras blancas, la ignoraban. La escena, captada en video, la muestra llorando mientras es empujada hacia la salida.
Solo minutos después, ya en una autopista de Indiana, su esposo Leon la ayudó a dar a luz en el asiento del coche. La pequeña nació en condiciones precarias y bajo un riesgo que pudo evitarse. Más tarde, la madre fue hospitalizada de nuevo por complicaciones tras el parto, agravadas por la forma en que se realizó el alumbramiento.
Despedidos y cambios apresurados
La indignación general llevó al hospital a emitir un comunicado en el que informaron que tanto la enfermera como el médico involucrados fueron despedidos. Además, la institución implementó programas de capacitación en competencia cultural para todo el personal de maternidad. “Debemos corregir lo que falló para que nadie más pase por lo que pasó Mercedes”, declaró Raymond Grady, presidente del hospital.
El caso de Kiara Jones: espera de más de 30 minutos en evidente trabajo de parto
En Texas, Kiara Jones vivió una historia similar. En pleno trabajo de parto, llegó al Dallas Regional Medical Center gritando por el dolor. Fue dejada en la sala de triaje por más de 30 minutos. Solo cuando su madre increpó al personal, la trasladaron a la sala de parto... donde nació su bebé minutos después.
Un video viral compartido por su madre recoge el momento: “¿Así tratan a todas sus pacientes o solo a las negras?”, pregunta la mujer al personal médico. Tras el nacimiento, el bebé presentó signos de estrés fetal y complicaciones médicas que, según la familia, podrían haber sido provocadas por la demora en recibir atención.
En respuesta, el hospital comunicó que ha iniciado una revisión interna del caso. La diputada estatal de Texas, Rhetta Bowers, exigió respuestas claras y medidas correctivas efectivas.
La atención, una cuestión de vida o muerte
Los problemas para las mujeres negras no terminan con el parto. Muchos de los casos de muerte materna acontecen en el periodo posparto, donde los síntomas más comunes son ignorados o minimizados por prejuicios raciales y suposiciones sobre la tolerancia al dolor.
Mercedes Wells, por ejemplo, tuvo que ser ingresada nuevamente una semana después del parto por intensos dolores abdominales y dificultades para respirar. “Nunca había sentido un dolor así. Tuvimos que llamar a la ambulancia porque no podía ni caminar”, recuerda. Aunque fue dada de alta al día siguiente, su esposo continúa preocupado por las secuelas físicas y emocionales que dejó el trato inhumano que recibió en el primer hospital.
Las raíces del problema: racismo estructural en la medicina
Ante semejantes tragedias, numerosas organizaciones han alzado la voz. La National Black Nurses Association ha documentado cómo el racismo estructural se manifiesta en múltiples niveles del sistema de salud: desde triajes más lentos y analgesias tardías hasta respuestas inadecuadas en emergencias obstétricas.
“Los casos no son accidentes. Son síntomas de un sistema que ha fallado en brindar atención materna digna y oportuna. Hay que transformar el sistema, no solo investigar incidentes”, afirmó Dr. Sheldon D. Fields, presidente de la asociación.
Otra entidad clave en esta lucha es SisterSong, un colectivo de justicia reproductiva con sede en el sur de EE. UU. Su directora ejecutiva, Monica Simpson, indicó que incluso mujeres negras acaudaladas y con alto nivel educativo reportan sentirse ignoradas por sus médicos.
“Vemos desde mujeres comunes hasta las más privilegiadas con la misma historia: ‘no me creen, no me escuchan’. Esto no se trata de ingresos, sino de raza”, expresa Simpson.
‘Hay que documentarlo todo’, dicen los Wells
Como consecuencia directa del trauma vivido, Mercedes y su esposo han decidido nunca volver a un hospital sin antes investigar su historial, políticas y reputación en torno al tratamiento a pacientes negros. “Vamos a llegar con la expectativa de que podríamos ser tratados mal, porque lo que vivimos nos dejó una herida profunda”, dijo Leon Wells. “Y lo documentaremos todo”.
¿Cómo ha respondido el gobierno federal?
La administración Biden ha lanzado varias iniciativas para reducir la disparidad racial en salud materna, incluyendo planes para expandir el acceso a Medicaid para mujeres posparto y nuevas reglas que obligan a los hospitales a reportar sus cifras de resultados desagregadas por raza.
No obstante, para muchas activistas estas medidas son insuficientes. “Las políticas son importantes, pero si los médicos y enfermeras no tienen empatía ni formación antirracista, nada cambiará”, dicen desde múltiples organizaciones.
No es una anécdota: es una epidemia de negligencia
Estas historias no son nuevas ni aisladas. En 2017, la tenista Serena Williams relató cómo tuvo que insistir para que le hicieran una tomografía tras dar a luz, salvándole la vida al detectarse una embolia pulmonar. A pesar de su fama y recursos, tampoco fue creída al inicio.
Se estima que 60% de las muertes maternas en EE. UU. son prevenibles, una cifra que debería avergonzar al país más desarrollado del mundo. Si a esto le sumamos un sistema que ignora o minimiza el dolor de las mujeres negras por prejuicios raciales, el panorama se vuelve intolerable.
¿Qué hacer?
- Capacitación obligatoria en empatia y racismo estructural para todo el personal médico.
- Sanciones reales y públicas a hospitales que violen derechos de pacientes por motivos raciales.
- Mayor representación de personas negras en cargos de poder en el sistema de salud.
- Visibilizar y legislar sobre el racismo médico como violación a los derechos humanos.
Para Mercedes y Kiara, el daño ya está hecho. Pero su valentía al compartir sus historias debe servir como un punto de inflexión. La medicina debe sanar, no herir. Y nadie, absolutamente nadie, merece parir con miedo, en una acera o solitaria en una sala de espera, por el simple hecho de ser negra.
