Eric Adams, entre vuelos y escándalos: ¿soñador global o evasor institucional?

A medida que su mandato llega a su fin, el alcalde de Nueva York acumula millas aéreas y críticas por sus viajes internacionales financiados con dinero público

El alcalde que soñaba con recorrer el mundo

Para Eric Adams, ser alcalde de Nueva York no solo fue una oportunidad política, sino también una vía para cumplir un sueño de infancia: viajar por el mundo. Desde que asumió en 2021, Adams ha recorrido más países que muchos diplomáticos de carrera, y no ha escondido su fascinación por otras culturas, religiones y sistemas políticos. Sin embargo, su historial viajero ha sido igual de objeto de admiración y crítica, especialmente conforme se acercaba el final de su administración, empañada por investigaciones, escándalos y una creciente desconexión con los problemas cotidianos de la ciudad.

Los viajes de Adams: ¿diplomacia creativa o turismo a costa del erario?

Las más recientes expediciones del alcalde incluyen paradas en Israel, Albania y Uzbekistán, además de su participación en una gala en Nueva Orleans organizada por el movimiento Combat Antisemitism. Aunque su equipo insiste en que los viajes tienen un carácter oficial —y buscan traer innovación y empleos a Nueva York—, los costos corren en gran parte por cuenta del contribuyente: vuelos, alojamiento, seguridad y personal.

Esto ha generado malestar entre sus críticos, muchos de los cuales consideran que Adams estaría priorizando su perfil internacional en detrimento de las necesidades urgentes de los neoyorquinos. El Defensor Público de la Ciudad, Jumaane Williams, fue especialmente contundente al afirmar que Adams hace parecer que "la ciudad es secundaria frente a lo que sea mejor para él en un momento dado".

Un problema persistente: los beneficios de viaje y el escándalo turco

Uno de los escándalos más graves que han perseguido al alcalde tuvo como epicentro sus constantes viajes a Turquía. En una acusación federal presentada en 2023, se alegaba que Adams había recibido vuelos gratuitos o con grandes descuentos por parte de agentes externos que buscaban influir en su política. Aunque las imputaciones fueron posteriormente desestimadas tras la intervención de Donald Trump, el daño ya estaba hecho: sus índices de aprobación colapsaron y su campaña de reelección se desmoronó.

No obstante, Adams ha negado categóricamente haber cometido delito alguno. En múltiples declaraciones ha insistido en que su objetivo es posicionar a Nueva York como una ciudad global, abierta al diálogo con otras naciones y culturas.

Agenda internacional: de la Muralla de los Lamentos a la cuarentena vegetal

El itinerario del alcalde es digno de un diplomático senior. En su viaje a Israel, se reunió con el presidente Isaac Herzog y el primer ministro Benjamin Netanyahu, además de visitar lugares religiosos emblemáticos como el Muro de los Lamentos. Menos glamuroso fue, quizás, su encuentro con la Agencia para la Cuarentena y Protección Vegetal de Uzbekistán, una de las imágenes compartidas mientras en Nueva York sus detractores ofrecían ruedas de prensa y le reprochaban su ausencia en tiempo de crisis.

Curiosamente, estos viajes coincidieron políticamente con momentos clave: su visita a Israel se produjo días después de la elección de Zohran Mamdani, un político abiertamente crítico con la política israelí, y su presencia en Albania se cimentaba en parte en la relación de su hijo con ese país, donde participó en el "American Idol" local.

Adams y el legado del "líder global"

Antes de ser alcalde, Adams ya mostraba inclinaciones internacionalistas. Durante su etapa como presidente del distrito de Brooklyn, promovió acuerdos de ciudades hermanas con Senegal, Turquía y China, que le permitieron realizar viajes oficiales a esos países. Como alcalde, continuó este patrón: fue a Catar durante el Mundial, recorrió América Latina para disuadir a migrantes de cruzar la frontera estadounidense, y constantemente ondeaba banderas extranjeras en eventos locales.

Adams se ha descrito a sí mismo como un "líder global" y, aunque ha dejado entrever posibles oportunidades profesionales en otros países tras dejar la alcaldía, no ha confirmado nuevo destino. "Muchas personas quieren que yo haga cosas en otros países", dijo en octubre de forma enigmática.

Un alcalde desconectado de su ciudad

Mientras Adams viajaba por el mundo, en Nueva York se profundizaban problemas fundamentales: el aumento de la inseguridad en el metro, una crisis de vivienda sin precedentes y tensión con los sindicatos municipales. La percepción de que la ciudad quedó en segundo plano durante su mandato fue creciendo, especialmente después de la solicitud de ayuda federal por la saturación del sistema de refugios debido al flujo migratorio de la frontera.

En lugar de enfrentar estos desafíos desde su despacho, Adams parecía proyectar su imagen hacia escenarios internacionales, algo que —aunque legítimo en ciertos contextos— resultó contraproducente en medio de un ambiente político hostil.

¿Una tendencia entre alcaldes o un caso aislado?

Adams no es el primer alcalde neoyorquino que viaja al extranjero. Sus predecesores, como Bill de Blasio y Michael Bloomberg, también realizaron visitas a otras naciones. Sin embargo, la frecuencia y el contexto de los viajes del actual alcalde lo han colocado en el centro de una conversación más amplia: ¿cuál es el límite entre proyección internacional y abandono institucional?

Bloomberg, por ejemplo, fue célebre por sus viajes al Foro Económico Mundial en Davos, pero mantenía una rigurosa agenda local. En cambio, Adams se ha ausentado del escenario político local justo cuando más presente debería estar. Esa diferencia no ha pasado desapercibida para la ciudadanía.

Lo que viene para Adams (y para Nueva York)

Con el ascenso inminente de Zohran Mamdani, el rumbo político de la ciudad podría cambiar. Mamdani, del ala progresista del Partido Demócrata, ha prometido mayor transparencia, justicia social y fiscalización del gasto público. Será interesante ver cómo se reconfigura la diplomacia metropolitana.

En cuanto a Adams, muchos se preguntan si su futuro está en la política internacional, en una fundación, o quizás en una nueva aventura mediática. Por ahora, sigue haciendo maletas, acumulando sellos en el pasaporte y dejando un legado ambiguo: el del alcalde que prefirió ver el mundo mientras su ciudad lo miraba partir.

Una lección para los futuros líderes locales

El caso Adams ofrece una lección clave para el liderazgo urbano en la era global: el deseo de internacionalizar una ciudad debe ir de la mano con una profunda conexión con las necesidades locales. La gobernanza comienza en casa, y aunque la proyección global es importante, no puede ser un sustituto del servicio directo a quienes votaron por uno.

En palabras de Jumaane Williams: “Ha sido difícil ver esto”. Muchos ciudadanos comparten ese sentimiento. Nueva York, una ciudad tan cosmopolita como desafiante, necesita más que un embajador: necesita un alcalde presente, comprometido y, sobre todo, disponible.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press