Macron y Xi Jinping: ¿un nuevo eje de poder global o una ilusión diplomática?
China y Francia intentan redefinir su relación con acuerdos comerciales, llamados a la paz en Ucrania y el fortalecimiento del multilateralismo, pero ¿hasta qué punto es genuina esta cooperación?
Por primera vez en casi dos años, Emmanuel Macron y Xi Jinping se reunieron en una cumbre diplomática cargada de simbolismo y estrategia geopolítica. Esta visita oficial de tres días al gigante asiático ha producido una serie de acuerdos y declaraciones que, leídas entre líneas, abren un sinfín de interpretaciones sobre el verdadero rumbo de la política internacional en un mundo cada vez más polarizado.
Un encuentro determinado por la urgencia geopolítica
En palabras del propio Macron: “Nos enfrentamos al riesgo de desintegración del orden internacional que trajo paz al mundo durante décadas.” Con esas palabras, el presidente francés dejó claro el eje de su visita: buscar en China un actor que le ayude a establecer un alto al fuego, al menos parcial, en Ucrania, mediante un cese de ataques a infraestructura crítica. El anhelo de convertir a Pekín en socio diplomático en este conflicto crucial para Europa volvió a estar sobre la mesa.
Sin embargo, la respuesta de Xi Jinping fue, como es costumbre en la diplomacia china, ambigua pero calculada: "China apoya todos los esfuerzos que conduzcan a la paz". Si bien no hubo un compromiso directo con el llamado francés, sí que se mantiene la narrativa de neutralidad estratégica con inclinaciones pragmáticas hacia Moscú, como ha sido evidente desde el inicio de la invasión rusa.
Comercio y diplomacia: los dos brazos del nuevo eje franco-chino
Junto a los llamamientos a la paz, el comercio fue uno de los principales motores del diálogo. Tanto Xi como Macron declararon su intención de fortalecer la cooperación económica en sectores clave como la inteligencia artificial, las energías renovables, la energía nuclear y la aviación. Además, firmaron al menos 12 acuerdos que incluyen desde conservación del panda gigante hasta colaboración en educación e investigación universitaria.
Un dato revelador para entender el alcance de esta agenda comercial: China representa el 46% del déficit comercial total de Francia. En 2022, la Unión Europea registró un déficit comercial de más de 300 mil millones de euros con China. La asimetría comercial genera tensiones crecientes en Bruselas, especialmente tras la apertura de investigaciones contra subsidios a vehículos eléctricos chinos, a lo que Pekín respondió con restricciones al brandy, productos porcinos y lácteos europeos.
China quiere abrir sus puertas... selectivamente
Xi aseguró que “la puerta de China se abrirá aún más”, prometiendo ampliar el acceso al mercado en ciertos sectores e incentivar una disposición racional de las cadenas de suministro transfronterizas. Esta retórica, en apariencia pro-globalización, es también un grito de auxilio encubierto: la economía china, golpeada por una desaceleración estructural y tensiones exteriores, necesita urgentemente revitalizar el comercio exterior.
No menos importante, el mandatario chino subrayó que China y Francia deben actuar como potencias globales independientes, mostrando apoyo mutuo en cuestiones críticas, en un claro guiño a la multipolaridad que desafía la hegemonía estadounidense y la cohesión interna de la Unión Europea.
Pekín y París: socios estratégicos o rivales sistémicos moderados?
Bruselas ha catalogado a China como un “socio, competidor y rival sistémico”. Esta triple definición está cada vez más a prueba, sobre todo cuando potencias como Francia avanzan en acuerdos bilaterales que pueden pervertir la cohesión del bloque europeo. Esto fue advertido por Lyle Morris, experto en política de Asia de Asia Society:
“China busca dividir el enfoque común de la UE haciendo acuerdos bilaterales con miembros clave.”
De este modo, la reunión Franco-China trasciende la simbología: plantea serias interrogantes sobre si Francia está dispuesta a redefinir su posición geopolítica apostando por un prudente acercamiento a China pese a los riesgos de desalinearse con sus socios europeos más escépticos de Pekín.
Ucrania, Gaza y la delicada expansión global de China
Además del conflicto en Ucrania, Xi Jinping anunció un aporte de 100 millones de dólares para la crisis humanitaria en Gaza, un gesto que busca reforzar el papel de China como benefactor global en un momento donde el descontento con la inacción occidental en Palestina crece.
No es menor que esta ayuda se materialice junto a una campaña diplomática más intensa para posicionarse como gran mediador no alineado en conflictos internacionales. Y es que tanto en Ucrania como en Gaza, Pekín quiere proyectar una imagen de “potencia compasiva”, sin tomar partido abierto pero cosechando capital diplomático en numerosos frentes.
Pandas, cultura y soft power entre bambúes
El viaje de Macron y su esposa continuó en Chengdu, en la provincia de Sichuán, hogar del Centro de Conservación del Panda Gigante. Allí, reside Yuan Meng, el primer panda nacido en Francia, nombrado por la primera dama Brigitte Macron. Como parte de los acuerdos, se enviaron desde Francia a China varios pandas que vivieron 13 años en suelo francés y tuvieron tres crías.
¿Qué representa esto más allá de una anécdota animal? El panda ha sido instrumental en la diplomacia china desde la era de Mao Zedong, conocido como “diplomacia del panda”. Así, este gesto suaviza la imagen del régimen chino en una clara estrategia de soft power que acompaña la agenda dura de acuerdos económicos.
Competencia tecnológica y transición ecológica como ejes de convergencia
Entre los acuerdos firmados destacan los relacionados con inteligencia artificial y la transición verde. Europa, muy comprometida con el Pacto Verde, ve con buenos ojos la cooperación con China, líder en producción de paneles solares, baterías y tecnología de hidrógeno.
Pero no todo es armonía: la comisión Europea investiga fuertemente los subsidios estatales chinos que, aseguran, distorsionan el libre mercado y dan una ventaja desleal a las empresas chinas. Esta dualidad entre colaboración y litigio comercial parece ser la norma en las relaciones eurochinas.
¿Serán Macron y Xi los nuevos arquitectos de un orden multipolar?
En un mundo postpandemia, con el conflicto en Ucrania sin visos de término y una creciente rivalidad entre EE.UU. y China, el eje franco-chino plantea una tercera vía. Emmanuel Macron ha defendido con ahínco la “autonomía estratégica europea”, y esta visita puede leerse como un paso más hacia esa visión.
No obstante, muchas voces alertan que este idilio puede ser efímero si Francia no mide cuidadosamente sus concesiones frente a una potencia que ha demostrado saber usar el poder duro, económico y simbólico con gran pericia. Como dijo Xi: “ambas partes deben demostrar visión estratégica y pararse del lado correcto de la historia”. Una frase potente… aunque depende de quién escriba esa historia.
