Pete Hegseth, poder, polémica y guerra: ¿el Pentágono pierde la brújula con el 'secretario guerrero'?
De presentador de televisión a jefe del Pentágono, el polémico liderazgo de Hegseth pone a prueba los límites de la ley y la política militar de Estados Unidos
Pete Hegseth, ex conductor de Fox News y Secretario de Defensa de los Estados Unidos, atraviesa su momento más delicado desde que asumió el cargo. Sus decisiones radicales, su estilo provocador y su defensa de una ‘cultura guerrera’ han generado polémicas que hoy retumban en los pasillos del Congreso y cuestionan la dirección actual de la política militar estadounidense.
Desde la implementación de estrategias de comunicación dudosas, como el uso de Signal para planificar ataques militares, hasta la ejecución de una operación letal frente a la costa de Venezuela, Hegseth ha encendido las alarmas entre legisladores de ambos partidos, expertos legales y mandos militares retirados. En este artículo te contamos cómo se ha gestado esta situación y cuál es su impacto en la gobernabilidad y ética del poder militar.
¿Quién es Pete Hegseth?
Graduado en Princeton, excombatiente en Irak y Afganistán, Hegseth ha sido una personalidad frecuente de Fox News, donde se alzó como una figura influyente del ala conservadora. Apasionado defensor del empleo de la fuerza militar sin concesiones, su estilo populista y confrontacional lo convirtió en un nombre recurrente dentro del círculo cercano de Donald Trump.
En 2025, Trump lo propuso para Secretario de Defensa, generando un áspero proceso de confirmación en el Senado. A pesar de las denuncias de mala gestión de ONGs, supuestos episodios de acoso e incluso problemas con el alcohol, Hegseth fue confirmado, gracias a un voto de desempate del vicepresidente.
Una 'cultura guerrera' como bandera
Desde el principio, Hegseth propuso una radical transformación del Pentágono. Quería renombrar el Departamento de Defensa como el Departamento de Guerra y eliminar lo que calificaba como “reglas de combate políticamente correctas”.
“Desatamos las manos de nuestros combatientes para intimidar, desmoralizar, cazar y matar a los enemigos de nuestra nación”, declaró en una cumbre militar en Quantico.
Estas ideas, aplaudidas por algunos círculos nacionalistas, generaron un profundo malestar dentro del estamento militar tradicional, preocupado por la pérdida de moderación y respeto al marco legal que debe regir los conflictos armados.
Signalgate: ¿el Pentágono violando la ley?
Uno de los escándalos más resonantes fue Signalgate, la revelación de que Hegseth y otros altos funcionarios militares utilizaron la aplicación de mensajería Signal para discutir ataques contra Yemen. Signal, conocida por su cifrado extremo, no es una plataforma autorizada para planificaciones militares, lo que generó cuestionamientos sobre la transparencia y legalidad de los procedimientos.
Para expertos como el profesor Michael Glennon, de la Universidad Tufts, esto representa una violación potencial a directrices de seguridad nacional y abre la puerta a problemas de rendición de cuentas.
El caso Venezuela: la gota que rebasó el vaso
El punto de quiebre llegó el 2 de septiembre de 2025, cuando una operación especial estadounidense destruyó una supuesta lancha de narcotraficantes frente a las costas de Venezuela. El ataque inicial pudo, quizá, entrar en los parámetros legales. Sin embargo, un segundo bombardeo, dirigido contra supervivientes en el agua, ha suscitado acusaciones de violación de las leyes de conflicto armado e incluso de crímenes de guerra.
La defensa de Hegseth ha sido que el segundo ataque ocurrió en medio del “fog of war” (niebla de guerra), negando la existencia de sobrevivientes visibles. Sin embargo, senadores como Chris Van Hollen fueron categóricos:
“No fue una defensa. Fue una ejecución extrajudicial que equivale a asesinato o crimen de guerra. Debe renunciar”.
Otros como el senador Thom Tillis, quien durante la confirmación mostró reservas, ahora dice: “Alguien tomó una decisión horrible. Alguien debe rendir cuentas.”
Redes sociales, falta de seriedad y caricaturas
Lejos de apaciguar la situación, Hegseth encendió aún más las críticas al publicar en sus redes sociales una imagen de la tortuga Franklin disparando misiles desde un helicóptero, claramente en alusión al ataque en Venezuela.
El líder demócrata Chuck Schumer declaró que Hegseth era “una vergüenza nacional” y que “ningún líder serio publicaría algo así”. Esta actitud ha incrementado la presión, y ahora diversos comités del Congreso iniciaron investigaciones formales sobre la actuación del Secretario.
¿Puede sobrevivir Hegseth sin el apoyo pleno de Trump?
Hasta ahora, el presidente Trump ha respaldado a su Secretario de Defensa. Pero la presión política continúa aumentando. Los comités de Fuerzas Armadas tanto del Senado como de la Cámara de Representantes ya solicitaron que Hegseth testifique.
El senador republicano John Thune, quien lideró la confirmación de Hegseth, ha defendido que los ataques están amparados en la autoridad ejecutiva, pero admite que el Congreso tiene derecho a investigar.
Sin embargo, Hegseth cuenta con aliados leales: el senador Eric Schmitt lo defendió afirmando que los ataques eran “intentos de socavar el enfoque de Trump en América Latina”, y el vicepresidente JD Vance, quien en su rol como líder del Senado fue decisivo en su confirmación, ha salido en su defensa.
Una ruptura entre el Congreso y el Pentágono
El caso está agravando un problema de fondo: el deterioro de la relación entre el Congreso y el Departamento de Defensa. Muchos senadores se quejan de la falta de comunicación, opacidad e imposiciones del Ejecutivo que limitan su capacidad para ejercer contrapesos.
También están comenzando a surgir tensiones internas en el ámbito político. Algunos senadores demócratas que votaron por confirmar a ciertos nominados judiciales de Trump están siendo cuestionados por sus bases. Organizaciones como Demand Justice ya han gastado más de un millón de dólares en campañas para criticar a senadores como John Fetterman y Maggie Hassan, buscando empujar hacia una oposición más frontal a la agenda del presidente.
¿Están estas acciones cambiando la doctrina militar de EE. UU.?
La preocupación central, más allá del escándalo puntual, es si las decisiones y el liderazgo de Hegseth están alterando la doctrina ética y estratégica de las Fuerzas Armadas de EE. UU.
Expertos advierten que la erosión de las normas de compromiso, el uso irresponsable de tecnología y el desprecio a convenciones internacionales como Ginebra pueden minar la legitimidad internacional del país y exponerlo a condenas judiciales o diplomáticas.
La situación recuerda a los debates abiertos tras la guerra de Irak en 2003, cuando se cuestionó la expansión del poder ejecutivo para lanzar ataques sin autorización del Congreso o fundamentos legales sólidos. La historia sigue resonando: ¿cuáles son los límites del poder militar en la era de la política populista?
El próximo capítulo: testimonio clave y posibles consecuencias
El siguiente paso en esta tensión institucional será el testimonio privado del vicealmirante de la Marina, Frank “Mitch” Bradley, señalado como quien ordenó el letal segundo ataque. El Congreso busca determinar si actuó por iniciativa propia, siguiendo órdenes de Hegseth, o si se trató de una decisión consensuada dentro del círculo de seguridad nacional.
En paralelo, la presión pública crece, y si Trump percibe que Hegseth representa una carga para su gobierno —especialmente de cara a su potencial reelección—, no sería imposible que lo remueva. Esta posibilidad, sin embargo, activaría una pugna política que podría redefinir completamente el equilibrio de las instituciones de defensa y gobierno de los Estados Unidos.
Mientras tanto, los ciudadanos y la comunidad internacional observan con preocupación. Las decisiones militares en nombre de la seguridad se están tomando bajo una lógica impredecible, peligrosa y, tal vez, al filo de la legalidad.