¿Democracia a dedo? El gerrymandering en EE.UU. amenaza la representación real de los votantes
La reconfiguración partidista de distritos electorales está redefiniendo las reglas del juego político y silenciando millones de voces: un análisis crítico del auge del gerrymandering impulsado desde Nashville hasta California
¿Qué es el gerrymandering y por qué debería importarte?
El gerrymandering, o manipulación partidista de distritos electorales, es una práctica con más de dos siglos de historia en los Estados Unidos, utilizada para beneficiar al partido político en el poder modificando las fronteras de los distritos de votación. Aunque no es nueva, esta herramienta electoral ha cobrado renovada relevancia en 2024 y 2025, en el contexto del impulso de reconfiguraciones legislativas clamorosamente estratégicas por parte del Partido Republicano, promovidas por el expresidente Donald Trump.
Un caso paradigmático de esta práctica ha ocurrido recientemente en Nashville, Tennessee, donde, tras una redistribución de distritos en 2022, los votantes demócratas han visto desdibujada su capacidad de elección significativa, pese a un intenso entusiasmo electoral. Aftyn Behn, candidata por el Partido Demócrata en una elección especial celebrada en diciembre de 2025, perdió frente al republicano Matt Van Epps por solo nueve puntos porcentuales en el rediseñado 7.º distrito congresional, un resultado que, si bien refleja resiliencia demócrata, pone al descubierto el impacto meticuloso de la reorganización electoral.
Nashville como laboratorio de experimentación
Desde 2003 hasta 2022, el 5.º distrito congresional de Nashville fue representado por el demócrata moderado Jim Cooper. Su estabilidad electoral se sustentaba en un electorado urbano progresista. En 2022, sin embargo, la legislatura estatal republicana utilizó los datos del censo para dividir la ciudad en tres distritos que incluyen grandes áreas rurales, todos con inclinación republicana.
El resultado fue inmediato: los republicanos ganaron los tres distritos nuevos en 2022 y reafirmaron esos triunfos en 2024. Aunque la victoria de Van Epps fue más estrecha en 2025, queda claro que la estrategia de “cracking” —división de centros urbanos demócratas en múltiples distritos más conservadores— cumplió su propósito.
De Nashville a Indianápolis: el contagio de un modelo
No se trata de un caso aislado. Lo que ocurrió en Nashville se está intentado replicar en Indianápolis, Indiana. En un nuevo plano legislativo impulsado por la mayoría republicana, el distrito del representante demócrata y afroamericano André Carson sería fragmentado en cuatro distritos rurales de inclinación republicana, borrando del mapa la posibilidad de que un sector urbano y diverso tenga representación significativa.
La representante estatal demócrata Robin Shackleford advierte que estos nuevos mapas “desmembran barrios históricos afroamericanos, debilitando nuestro poder de voto y silenciando las voces que ya luchan por estabilidad económica y calles seguras.”
Gerrymandering: ¿herramienta política o sabotaje democrático?
John McGlennon, profesor de gobierno en el College of William & Mary, pone el dedo en la llaga: “En este caso, el gerrymandering funcionó. Pero podría costar escaños en otras partes”. Si bien permite maximizar el número de distritos ganados por un partido, también diluye la calidad de la representación ciudadana. El votante promedio termina en distritos incongruentes y mal diseñados donde su voz se funde entre comunidades con intereses dispares.
Por ejemplo, un residente de Nashville que intenta votar en unas elecciones puede descubrir que ya no forma parte de un distrito donde un candidato de su preferencia está presentándose. En diciembre de 2025, una madre, Maggie Tekeli, acudió a votar por Aftyn Behn solo para descubrir que su hogar había sido redibujado fuera del distrito.
El efecto dominó: Texas, Carolina del Norte, Missouri y más
Siguiendo los pasos de Tennessee, otros estados han implementado ajustes similares. En Texas, el distrito demócrata de Dallas fue estirado para incluir bastiones republicanos lejanos. En Missouri, se ha diluido un distrito pro-Demócrata de Kansas City dividiéndolo entre varias regiones rurales conservadoras.
Incluso en Carolina del Norte y Ohio han adoptado nuevos mapas legislativos con una clara intención de consolidar el poder republicano. En paralelo, los Demócratas en California también han caído en esta dinámica, diseñando distritos que mezclan comunidades rurales conservadoras con zonas liberales costeras, atomizando la participación republicana.
El mensaje es claro: ambos partidos recurren al gerrymandering, pero el último impulso liderado por Trump busca establecer una red de dominio electoral que socava cada vez más la idea del voto libre y justo.
Las cifras detrás del juego de mapas
- En el ciclo electoral de 2022, los republicanos ganaron los 3 distritos de Nashville con márgenes de 17, 22 y 36 puntos porcentuales.
- Los demócratas necesitan ganar solo tres escaños netos para recuperar el control de la Cámara de Representantes en 2026.
- Hasta ahora, 20 estados han iniciado procesos de redistribución en 2024-2025.
- Más del 90% de los distritos estadounidenses son hoy en día considerados “seguros” para uno u otro partido.
Esto último contribuye a la polarización política, pues reduce la necesidad de centrarse o atraer al votante moderado.
El impacto psicológico y social
Para estudiantes como Luci Wingo, líder de los College Democrats en la Universidad de Vanderbilt, el gerrymandering genera una constante frustración. “Es una batalla dura porque es tan intencional, tan evidente, y llega al punto en que da ganas de rendirse”, dice. Ella describe su esperanza por la candidatura de Behn como parte de una estrategia de “pesimismo intencional”, una resignación que demuestra cómo el gerrymandering también desgasta la voluntad ciudadana de participar.
En otras palabras, estas prácticas desincentivan el voto, generan apatía política y deterioran la relación entre ciudadanía e instituciones.
Implicaciones futuras: ¿una democracia a elección del cartógrafo?
El caso de Lindsay Crain y su hija enferma, citadas en un artículo paralelo, muestra otra cara devastadora del debilitamiento institucional que sigue a estos rediseños: menos capacidad del Estado para financiar servicios básicos, menos apoyo a la educación especial y, en suma, menos representatividad para padres, madres, trabajadoras y personas discapacitadas.
La red de servicios construida por décadas puede desaparecer con un simple trazo legislativo. Si el votante pierde su poder, ¿quién protegerá políticas públicas tan esenciales como Medicaid o la Ley de Educación para Personas con Discapacidades (IDEA)?
La respuesta está en preservar una arquitectura electoral legítima. Porque detrás de líneas arbitrarias hay derechos humanos concretos. Y entre jurisdicciones torcidas hay vidas enteras que se desmoronan cuando se silencia su voz electoral.
¿Es este aún un sistema representativo cuando los votantes ya no escogen a los representantes, sino que los representantes escogen a sus votantes?
