¿Quién debe responder en una crisis de salud mental? El caso Win Rozario expone fallas del sistema
La muerte de un joven de 19 años baleado por la policía en Nueva York reabre el debate sobre la seguridad pública, la salud mental y la responsabilidad institucional
Una tragedia que pudo evitarse
El 27 de marzo de 2023, Win Rozario, un joven de 19 años de Queens, Nueva York, murió a manos de la policía mientras atravesaba una crisis de salud mental. El hecho ocurrió en su vivienda, frente a su madre y su hermano, quienes suplicaron a los oficiales que no abrieran fuego. Sin embargo, Win fue abatido con cinco disparos. El caso ha causado conmoción en la ciudad y ha encendido una necesaria discusión: ¿quién debe manejar las crisis de salud mental? ¿Están los cuerpos policiales capacitados para hacerlo?
¿Qué ocurrió exactamente?
Según los informes del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) y el video captado por las cámaras corporales de los oficiales, el joven se abalanzó sobre ellos con unas tijeras en la mano. La llamada al 911 había sido realizada por un familiar que expresó preocupación: “Creo que mi hijo está drogado y se está comportando erráticamente”. La respuesta fue la llegada de dos agentes de la policía: Salvatore Alongi y Matthew Cianfrocco.
El video muestra cómo Rozario tomó unas tijeras en la cocina, fue alcanzado por un taser y desarmado momentáneamente por su madre. Cuando Win volvió a tomar las tijeras y avanzó hacia los oficiales, estos respondieron con fuego real, disparándole en varias oportunidades.
La declaración de la fiscalía
La Oficina del Fiscal General del Estado de Nueva York, Letitia James, decidió no presentar cargos contra los oficiales. Su conclusión fue que no se podía demostrar, más allá de una duda razonable, que los policías no actuaron en defensa propia.
“El temor que experimentaron los agentes cuando Rozario se aproximó con las tijeras no puede ser desestimado legalmente”, explicó el informe. No obstante, los oficiales aún enfrentan un juicio administrativo por uso excesivo de la fuerza conforme al Departamento de Revisión de Quejas Civiles (CCRB).
El dolor de una familia sin justicia
El dolor de la familia Rozario permanece abierto. En una declaración pública, sus padres y hermano acusaron directamente a los agentes: “La cobarde decisión de la fiscal James de no procesar a los oficiales es como ver a Win ser asesinado por segunda vez”.
“Estábamos seguros en nuestro hogar hasta que llegaron los oficiales Cianfrocco y Alongi e impusieron el caos”, afirmaron. “El NYPD no debe ser quien intervenga en casos de crisis de salud mental”.
El uso de la fuerza y la salud mental
Casos como el de Win Rozario revelan una falla sistemática. Según un estudio de Treatment Advocacy Center, hasta el 50% de los tiroteos letales por parte de la policía en Estados Unidos involucran a personas con trastornos mentales.
Pero ¿por qué seguimos enviando oficiales armados a responder llamadas por emergencias psicológicas? La policía es entrenada para neutralizar amenazas, no para calmar a personas en crisis.
Datos que alarman
- Entre 2015 y 2022, más de 1,500 personas con padecimientos mentales fueron abatidas por la policía en EE.UU. (Washington Post Police Shootings Database)
- En Nueva York, 1 de cada 5 intervenciones policiales están relacionadas con salud mental, según el NYC Department of Health.
- Un oficial promedio recibe solo 8 horas de entrenamiento en intervención de crisis mental durante toda su carrera (National Alliance on Mental Illness - NAMI)
Alternativas posibles: ¿otra forma de actuar?
El informe del fiscal general recomendó ampliar un programa piloto llamado B-HEARD (Behavioral Health Emergency Assistance Response Division), en el que paramédicos y profesionales de salud mental responden a ciertas llamadas al 911. En sus primeros seis meses, este programa logró atender lo equivalente al 24% de los reportes de crisis psicológicas sin la necesidad de intervención policial, y ninguna de esas intervenciones requirió el uso de armas.
Además, se enfatizó la necesidad de aprobar una legislación estatal que permita respuestas públicas basadas en la salud a crisis relacionadas con el uso de sustancias, trastornos mentales o dependencia al alcohol.
¿Qué opinan los líderes de la ciudad?
El alcalde electo, Zohran Mamdani, criticó el manejo del caso y reiteró su compromiso con una estrategia centrada en la salud: “Hacer justicia no es solo castigar. Es evitar que vuelva a suceder”.
Por su parte, Patrick Hendry, presidente del sindicato policial, defendió a los agentes alegando que “se vieron obligados a tomar decisiones en fracciones de segundo dentro de un contexto extremadamente peligroso”.
Un precedente: ¿y ahora qué?
Este no es el primer caso ni, lamentablemente, será el último si no se toman medidas concretas. Los casos de personas como Elijah McClain (Colorado), Daniel Prude (Rochester) o Walter Wallace Jr. (Filadelfia) son trágicamente similares: jóvenes en estados de alteración psicológica, confundidos por amenazas, abatidos antes de recibir ayuda.
En varios de estos casos, el denominador común fue un sistema que reaccionó con pistolas en vez de con humanidad y comprensión. En palabras de la activista de salud mental Sondra Crosby: “Estamos criminalizando el neurodiverso y medicalizando la desesperación”.
Una reforma necesaria y estructural
Modificar la manera en que se responde a las llamadas 911 por causas mentales no es utópico. Ciudades como Denver han implementado modelos como el CAHOOTS (Crisis Assistance Helping Out On The Streets), con una tasa de éxito del 98% sin necesidad de intervención policial y gran aceptación ciudadana.
Incluso en ciudades más grandes, esfuerzos como el mencionado B-HEARD demuestran que otra forma es posible. Solo hace falta voluntad política, financiación adecuada y valentía para romper sistemas arraigados.
Voces juveniles en riesgo
No podemos ignorar el componente generacional. Las estadísticas muestran un aumento alarmante de trastornos mentales entre adolescentes y jóvenes adultos en EE.UU., en parte por el estrés post-pandemia, aislamiento digital y presiones sociales.
De acuerdo con CDC, las visitas a emergencias por salud mental en adolescentes aumentaron un 31% entre 2019 y 2023. La respuesta no puede seguir siendo el uso letal de la fuerza como solución rápida.
¿Qué se puede hacer como ciudadano?
- Exigir a las autoridades locales el financiamiento y expansión de programas como B-HEARD
- Apoyar leyes estatales para que trabajadores de salud mental acudan antes que la policía a estas llamadas
- Reportar abusos y dar seguimiento ciudadano a casos como el de Win Rozario
- Educarse y conversar abiertamente sobre salud mental en hogares y comunidades
Win Rozario era más que una estadística, era un joven con sueños, una familia que lo amaba y un futuro por escribir. Su muerte debe marcar un “nunca más” a la respuesta violenta ante crisis humanas complejas. La pregunta es: ¿lo permitiremos?
