El Renacer del Pelícano Pardo de California: Entre Esperanza, Crisis y Ciencia

Luego de años de lucha contra el DDT, el cambio climático y floraciones tóxicas, el icónico ave regresa a las costas de California con señales mixtas pero alentadoras

Una danza aérea sobre el Pacífico

En los acantilados rocosos de la costa central de California, el espectáculo de cientos de pelícanos pardos lanzándose al mar en picada es más que asombroso: es un símbolo de resiliencia ambiental. Estas aves, una vez al borde de la extinción, han regresado en número suficiente como para llenar el aire con su presencia majestuosa, aprovechando bancos de peces como anchoas del norte, sardinas del Pacífico y macarelas.

“Lo que vemos ahora es una señal positiva para el medio ambiente marino”, afirma Tammy Russell, ornitóloga marina y posdoctoranda en la Scripps Institution of Oceanography de la Universidad de California en San Diego.

El pasado oscuro del pelícano pardo

Durante décadas del siglo XX, la población de pelícanos pardos estuvo al borde de la desaparición debido al uso del pesticida DDT (diclorodifeniltricloroetano). Este compuesto químico, prohibido en EE.UU. en 1972, causaba el adelgazamiento de las cáscaras de los huevos, interrumpiendo los ciclos reproductivos de las aves marítimas, especialmente del pelícano pardo.

Para 1970, el pelícano pardo de California fue incluido en la lista federal de especies en peligro de extinción. Su declive era tan dramático que su avistamiento en algunas zonas costeras se volvió raro, lo que alertó a científicos y ambientalistas.

Un plan de recuperación que dio frutos

Gracias a décadas de protección federal, campañas de conservación y la eliminación del DDT del ecosistema, las poblaciones comenzaron a recuperarse. En 2009, el U.S. Fish and Wildlife Service retiró formalmente al pelícano pardo de la lista de especies en peligro.

Según el censo ornitológico del gobierno estadounidense, el pelícano pardo de California (Pelecanus occidentalis californicus) alcanzó una población estimada de 70,680 parejas reproductoras en 2006, un número considerado sostenible por científicos.

El nuevo enemigo: el cambio climático

Sin embargo, nuevas amenazas aparecen a medida que el ecosistema marino cambia rápidamente. Uno de los mayores desafíos actuales es el calentamiento del océano, que altera la distribución de los peces que el pelícano necesita para sobrevivir.

“Cuando los peces se refugian en aguas más profundas y frías, se hace más difícil para estas aves pescar con éxito”, explica Russell. Durante los últimos dos años, se han dado muertes masivas de pelícanos enfermos y hambrientos desde Monterrey hasta San Diego.

En 2022, los servicios de vida silvestre documentaron decenas de aves con síntomas de inanición y enfermedades inexplicables. Este fenómeno desconcertó a científicos y activó investigaciones intensas en diversos laboratorios costeros.

Floraciones tóxicas: un enemigo silencioso

Otra amenaza reciente son las floraciones de algas nocivas (HAB por sus siglas en inglés). En la primavera de 2023, una floración afectó a decenas de especies en la costa del sur de California.

Estas floraciones liberan toxinas que pueden viajar a través de la cadena trófica, afectando no solo a los peces, sino también a predadores como los pelícanos. “Estamos viendo pelícanos intoxicados por domoico, una neurotoxina relacionada con floraciones de algas rojas”, reportó la organización California Wildlife Center.

Estas condiciones ambientalmente estresantes sugieren que las aves deben adaptarse constantemente a un entorno cada vez más agresivo.

Fenómeno actual: frenesí alimenticio

Pese a estos desafíos, recientes observaciones muestran un incremento de la actividad alimenticia entre las bandadas. Científicos han documentado lo que llaman un “frenesí de alimentación” en la costa central.

“Están aprovechando al máximo los bancos de peces cerca de la costa. Eso no solo los alimenta, sino que también indica un ecosistema saludable a corto plazo”, indica Russell.

Seguir su ruta: ciencia y anillos digitales

Con el objetivo de comprender cómo las aves manejan los constantes cambios climáticos y ambientales, los investigadores están colocándoles anillos electrónicos con GPS a múltiples ejemplares. Estos dispositivos permiten analizar patrones de migración, alimentación y comportamiento reproductivo.

“Queremos saber no solo a dónde van, sino en qué condiciones logran reproducirse, cuánto viajan en busca de comida y cómo sobreviven a eventos disruptivos como las floraciones tóxicas”, agrega Russell.

Un gigante aéreo

El pelícano pardo adulto puede llegar a pesar hasta 3.6 kilogramos (8 libras), con una impresionante envergadura de casi 2.1 metros (7 pies). Su icónica bolsa gular puede contener más de 11 litros de agua (3 galones), la mayor capacidad entre todas las especies de aves del mundo.

Mientras caminan en tierra con torpeza, en el aire se convierten en verdaderos expertos del vuelo. Tienen la habilidad de planear durante kilómetros con mínimas aleteadas, y son conocidos por realizar clavados en picada desde alturas superiores a los 18 metros para capturar su alimento.

Un símbolo más allá del ambiente

Más allá de lo biológico, el pelícano pardo de California es un ícono cultural y ecológico. Representa una historia de éxito en conservación moderna, un ejemplo del impacto positivo que puede tener la acción humana cuando está guiada por la ciencia, la legislación y la voluntad comunitaria.

Ha sido motivo de arte, poesía y narrativa, y en muchas culturas costeras representa la conexión entre el mar y el hombre.

El futuro de la especie depende de nosotros

El caso del pelícano pardo muestra el delicado equilibrio que rige los ecosistemas costeros. Aunque la especie ha salido momentáneamente del borde de la extinción, su supervivencia futura dependerá en gran medida de políticas ambientales sólidas, transición energética para frenar el cambio climático, y sistemas de alerta contra desastres ecológicos como floraciones algales y derrames químicos.

Russell concluye con una advertencia: “Verlos ahora prosperar debe recordarnos lo frágiles que son estos logros. La próxima década será crucial para su estabilidad. Nuestro deber es asegurarnos de que no tengamos que volver a incluirlos en la lista de especies amenazadas”.

Desde Santa Bárbara hasta Baja California, el vuelo del pelícano sigue siendo testigo y centinela de la salud de nuestro océano.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press