Googoosh: La voz prohibida que nunca dejó de cantar
La icónica cantante iraní abre su corazón en un libro revelador mientras emprende su última gira. Una vida a contracorriente entre la tradición, la censura y la resistencia.
El equilibrio imposible de una diva persa
Faegheh Atashin, mejor conocida como Googoosh, no solo es una de las artistas más influyentes en la historia contemporánea de Irán, sino también un emblema de lucha, resiliencia y arte. Su historia está plagada de momentos tan intensos y contradictorios como la historia de su país. A sus 75 años, Googoosh ha enfrentado la represión del régimen iraní, la censura sistemática, persecuciones, encarcelamientos, y aún así ha emergido como una veterana imparable del escenario internacional.
Ahora, mientras realiza su gira de despedida, lanza su biografía “Googoosh: A Sinful Voice”, un relato profundo y sin censura en coautoría con Tara Dehlavi, que muestra lo que fue y sigue siendo vivir siendo mujer, artista y libre pensadora en una nación que reprime los tres conceptos.
Un talento precoz nacido en medio del espectáculo
Nacida en 1950 en Teherán, Googoosh se embarcó en su vida artística desde muy pequeña, actuando junto a su padre, un acróbata de circo. Nada mejor define esa infancia que una anécdota reveladora: ella, con apenas años, balanceada sobre una silla, sobre otra silla, sostenida solo por la barbilla de su padre. Aquella tensión, aquel vértigo inicial, marcarían el tono del resto de su vida.
Su carrera artística despegó en la juventud, destacándose tanto por su potente voz como por su presencia escénica magnética.
A lo largo de los 60 y 70, Googoosh fue más que una cantante: fue un fenómeno cultural. Su peinado, estilo de vestir y forma de cantar crearon un nuevo verbo: “Googooshi”, una estética que miles de mujeres iraníes imitaron apasionadamente en la recta final del gobierno del Sha.
El silencio forzado tras la Revolución Islámica
La revolución de 1979 marcó un punto de ruptura radical. El régimen de los ayatolás instauró una república teocrática que no sólo prohibió el arte libre, sino también la existencia pública de mujeres artistas. Googoosh, icono nacional, se convirtió en enemiga del sistema tras la llegada al poder del Ayatolá Jomeini.
Se le prohibió cantar en público, actuar o incluso salir del país. Su casa fue embargada. Fue arrestada. Pasó años recluida en un exilio interior, recluida en su país pero silenciada por sus propios compatriotas. Muchos creían que había muerto. Pero no. Sólo estaba esperando el momento correcto para regresar.
Resiliencia, drogas y la catarsis de volver a cantar
Después de años de silencio, Googoosh tomó decisiones que cambiarían su vida: luchó por su pasaporte, comenzó a pagar las deudas impuestas por el régimen, y en el año 2000, gracias al auge reformista del presidente Mohammad Khatami, pudo legalmente salir de Irán por primera vez en décadas.
La escena que describe su primera actuación después de esa larga pausa es casi mística: “Cuando sentí la ovación del público por primera vez en años, supe que no había vuelto simplemente para cantar. Había regresado para sanar”.
Pero el camino fue arduo. En su libro confiesa episodios de adicciones —desde la cocaína al opio—, intentos de suicidio, y relaciones rotas. Revelaciones impactantes que no necesariamente buscan redención, sino entender y compartir. Como bien decía su coautora: “Siempre insistía, o cuento todo, o no cuento nada”.
Una voz disidente en medio del autoritarismo
El contenido político del libro brilla tanto como el personal. No rehúye de hablar sobre el uso de la religión como herramienta de opresión, de la crisis socioeconómica profunda, del control fanático sobre el cuerpo de las mujeres, ni de la represión sistemática hacia artistas y pensadores.
La música de Googoosh, tras su regreso, se ha vuelto cada vez más abiertamente política. En 2014 lanzó un videoclip sobre el amor homosexual, una temática que puede ser castigada con la muerte en Irán. Su postura solo aumentó su prestigio internacional como símbolo de resistencia y libertad.
El nuevo Irán, el viejo dolor
El lanzamiento del libro ocurre en un contexto tremendo para Irán: más mujeres dejan de usar el hiyab obligatorio tras la muerte de Mahsa Amini en 2022; crecen los movimientos estudiantiles y feministas; y las protestas son cada vez más masivas, aunque brutalmente reprimidas.
“Veo a nuestras jóvenes luchar, en las calles, por el simple derecho de decidir cómo vestir o expresar su arte. Ellas sí son valientes”, dice Googoosh. Y continúa: “Nuestro ciclo de miseria debe terminar. Cada ser humano merece libertad”.
Un legado que resiste el paso del tiempo
La música de Googoosh sigue vigente gracias a la diáspora iraní y a nuevos movimientos culturales que la redescubren y reinterpretan en distintos formatos. Desde rap, electrónica hasta poesía visual, su voz está viva, provocando nuevas conversaciones sobre identidad, género y nación.
¿Volvería a Irán? Es poco probable. “Siempre viví reaccionando a lo que me sucedía, más que planificando mi futuro”, dice. Y admite que no podrá reencontrarse con su tierra mientras exista la república islámica.
Lo que sí proyecta es seguir defendiendo su arte, su causa, su historia. “Dejo una obra para el día en que mi país sea libre”, cierra Googoosh.
Una despedida que es comienzo
Si bien se trata de una gira de despedida, “Googoosh: A Sinful Voice” es también una manera de anclar su legado y lanzar nuevas generaciones a contarse sin miedo, sin adornos, sin omisiones.
“Las estrellas como Googoosh nacen pocas veces. Pero cuando lo hacen, el universo nunca vuelve a ser el mismo”, escribió el poeta Behrouz Panahi en una dedicatoria que acompaña el libro.
Y es cierto. Googoosh es mucho más que una artista de gran voz. Es un espejo donde se reflejan las luchas más íntimas y colectivas de un pueblo. Es una historia aún sin punto final.