La paz en el Congo: ¿una jugada estratégica de EE.UU. o un verdadero inicio del fin del conflicto?

Mientras Washington celebra un acuerdo 'histórico' en África central, la violencia persiste en el este del Congo y los críticos debaten si los intereses minerales están detrás del aparente avance diplomático.

Un acuerdo para la paz (y los minerales)

El jueves se firmó en Washington un acuerdo que ha sido tildado por la Casa Blanca como “histórico”: los presidentes Félix Tshisekedi de la República Democrática del Congo (RDC) y Paul Kagame de Ruanda pusieron su firma en los llamados Acuerdos de Washington por la Paz y la Prosperidad, con la mediación del presidente estadounidense Donald Trump.

Sobre el papel, el pacto busca poner fin al prolongado conflicto que azota el este del Congo, donde más de 100 grupos armados operan desde hace décadas, siendo el más poderoso el grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda según organismos internacionales como la ONU.

Pero este acuerdo tiene también otra cara menos humanitaria: el acceso estadounidense a minerales estratégicos.

El este del Congo: una región rica en recursos, pero empobrecida por la guerra

La región oriental de la RDC es uno de los lugares geopolíticamente más estratégicos del mundo, alberga importantes reservas de coltán, cobalto, litio y otras tierras raras esenciales para la fabricación de smartphones, aviones de combate y baterías eléctricas.

China es el coloso dominante en este terreno con:

  • 70% de la extracción mundial de tierras raras,
  • y 90% de su procesamiento global.

Desde la administración Trump, Estados Unidos ha acelerado su estrategia para reducir su dependencia de Pekín y encontrar alternativas en África. Con el Congo en crisis y necesitando seguridad, la oportunidad era evidente: brindar apoyo militar y político a cambio de contratos mineros preferenciales.

¿Una paz duradera o una tregua estratégica?

A pesar de las firmes declaraciones en Washington, los ciudadanos congoleños tienen una percepción diferente.

Seguimos en guerra”, dice Amani Chibalonza Edith, residente de Goma. “No puede haber paz mientras las líneas del frente sigan activas”.

La ciudad de Goma ha sido tomada por el M23 este año, y Bukavu también está bajo control rebelde. Estos centros urbanos eran claves para la administración regional, las operaciones humanitarias y el comercio.

Hoy, enfrentan:

  • El aumento de la criminalidad,
  • Cierre de bancos y escuelas,
  • Incremento abrupto en el precio de artículos básicos,
  • Millones de desplazados internos y un aeropuerto que no opera.

Un conflicto con raíces históricas profundas

El conflicto en el este de la RDC no puede entenderse sin mencionar el genocidio ruandés de 1994. En ese año, cerca de 800,000 personas —principalmente tutsis— fueron masacradas por milicias hutus.

Como resultado:

  • Dos millones de hutus huyeron a la RDC temiendo represalias,
  • Algunos perpetradores del genocidio estaban entre ellos,
  • El nuevo gobierno tutsi en Ruanda los percibe como amenaza existencial,
  • Desde entonces, Ruanda ha intervenido militarmente varias veces en el Congo.

En este complejo panorama, Ruanda acusa a la RDC de colaborar con milicias hutu que desean atacar Ruanda; mientras que Congo acusa a Ruanda de apoyar al M23 como estrategia de dominación regional y saqueo mineral.

La verdad detrás de la diplomacia: ¿quién gana realmente?

Desde el punto de vista estadounidense, este acuerdo sirve varios intereses:

  1. Refuerza su influencia en África central, compitiendo con China y Rusia,
  2. Abre puertas a inversiones mineras respaldadas por la Cámara de Comercio de EE.UU.,
  3. Se presenta como éxito diplomático en un año electoral para Trump.

Necesitamos esa atención continua de la administración para llegar adonde queremos”, declaró Yolande Makolo, asesora sénior de Kagame.

El mismo jueves del acuerdo, se celebró una cumbre empresarial en Washington donde líderes congoleños y ruandeses presentaron oportunidades en minería, turismo y energía a grandes empresas estadounidenses.

La paz firmada, pero el conflicto sigue ardiendo

Mientras los líderes posaban para las cámaras, en localidades de Kivu del Sur se reportaban enfrentamientos activos. Tanto el M23 como el ejército congoleño se acusan mutuamente de haber violado los múltiples acuerdos de cese al fuego.

La ONU ha estimado que cerca de 3,000 a 4,000 soldados ruandeses están desplegados junto al M23 en el este congoleño. Ruanda niega este dato, pero insiste en que cualquier actuación suya tiene por objeto proteger su frontera.

Diplomacia sin resultados inmediatos

Los especialistas en política africana son escépticos sobre los efectos reales del acuerdo:

“No esperamos un fin del conflicto en el corto plazo, pero se trata de un compromiso dirigido por actores clave”, comentó el analista Christian Tshiunza en entrevista con Jeune Afrique.

Por su parte, organizaciones no gubernamentales, como Human Rights Watch, han advertido que “la instrumentalización de la paz con fines económicos puede perpetuar las desigualdades y fomentar nuevas violencias”.

El error de confiar solo en acuerdos entre élites

La RDC ha sido escenario de más de una docena de acuerdos de paz desde los años 90. La mayoría ha fallado por una triste razón: olvidan a la población local.

Moise Bauma, un joven estudiante en Bukavu, opinó: “Esperamos ver qué pasará, pero hasta ahora, ambos bandos siguen atacándose”.

Ese escepticismo popular es entendible. La historia les ha enseñado que mientras los gobiernos firman acuerdos en capitales lejanas, la guerra se libra en sus patios y calles.

Organismos de ayuda humanitaria también están preocupados: la reciente reducción de fondos por parte de EE.UU. ha afectado hospitales y refugios. La situación en el terreno es extremadamente frágil.

¿Triunfo para Trump o combustible para futuros conflictos?

Donald Trump ha vivido momentos de impopularidad en el plano internacional, pero con este acuerdo busca posicionarse como mediador internacional. Sus seguidores lo presentan como el líder que ha 'logrado lo que nadie más pudo'.

Sin embargo, la realidad en el campo lo contradice. Las armas siguen sonando en las montañas congoleñas, los niños huyen de los disparos y las rutas mineras continúan en manos rebeldes.

¿Es entonces un tratado por la paz o simplemente una nueva etapa en la geopolítica de los recursos?

En palabras crudas: hay calma diplomática en Washington, pero sigue habiendo guerra en Bukavu.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press