Ran Gvili: El escudo de Alumim y el símbolo de una lucha inconclusa
La historia del héroe israelí cuya entrega en combate representa el sacrificio y el dolor de una nación en guerra
Una batalla que definió una tragedia
El 7 de octubre de 2023 marcó un antes y un después en el conflicto entre Israel y Hamas. Ese día, Ran Gvili, un joven oficial de policía de tan solo 24 años, se encontró en el centro del caos mientras militantes armados se infiltraban en territorio israelí. Hoy, su nombre resuena en todo Israel como símbolo de heroísmo, resistencia y pérdida. Su cuerpo, sin embargo, permanece desaparecido en Gaza, lo que convierte su historia en una herida aún abierta.
¿Quién era Ran Gvili?
Conocido cariñosamente como “Rani”, Gvili era un miembro de una unidad policial de élite. Estaba en casa recuperándose de una lesión en el hombro cuando escuchó noticias de un ataque en el Nova Music Festival. A pesar de estar de baja médica, no dudó en dirigirse al lugar con su equipo.
Pero no llegó al festival. El destino lo llevó a las inmediaciones del Kibutz Alumim, uno de los muchos poblados del sur que fueron atacados. Fue allí donde desplegó un acto de valentía que más tarde inspiraría al país entero. “Era el primero en avanzar, porque así era él”, dijo el sargento Richard Schechtman, colega de Ran, al medio israelí Ynet.
El escudo de Alumim
En la entrada de Kibutz Alumim hoy se puede ver una señal con su rostro sonriente en uniforme. Bajo su fotografía, un título: “Rani, el escudo de Alumim”. La razón es simple: ese kibutz fue uno de los pocos donde todos sus residentes sobrevivieron, gracias a la resistencia de personas como Gvili, que formaban parte de un improvisado grupo de respuesta conformado por policías, soldados y civiles armados.
Desgraciadamente, los mismos resultados no se vieron en otros sectores. En zonas agrícolas fuera del perímetro defensivo, 22 trabajadores migrantes perdieron la vida, según el diario Haaretz.
Un acto final de resistencia
Mientras combatía, Ran se dirigió a la zona oeste del kibutz para enfrentarse a militantes que llegaban en camionetas. Herido en la pierna, no se retiró. Informó por radio a su equipo de un nuevo oleaje de atacantes. A pesar de tener ya heridas en la pierna y el brazo, abrió fuego y logró enfrentarse solo a varios de ellos hasta caer. El ejército israelí declaró que su cuerpo fue luego llevado a Gaza por militantes de Hamas.
“El primero en irse, el último en volver”
Así lo describió su madre, Talik Gvili, en redes sociales. La familia clama por el retorno de sus restos. “Vemos a otras familias recibiendo los cuerpos de sus hijos. Queremos eso también. Queremos cerrar un ciclo”, dijo su hermana Shira.
Ran no era solo un héroe. Tocaba guitarra, cantaba ‘The House of the Rising Sun’, hacía bromas malas que aún así hacían reír, y tenía un tatuaje de su perra Luna en la pierna. Sus seres queridos aún la cuidan.
El valor de un cuerpo, el valor de una historia
En las guerras modernas, las cifras han sustituido a los rostros humanos. Se habla de bajas sin nombres, de retrocesos y avances sin biografías. La historia de Gvili rompe esa rutina. Fue un ciudadano, un hijo, un hermano y un amigo. Ahora se ha convertido en el rostro de todos aquellos cuerpos que aún no han regresado a casa.
Israel ha llevado a cabo intercambios de prisioneros, recuperando lentamente a algunos de sus ciudadanos. Pero llegar hasta Ran parece un proceso mucho más complejo. Su caso se ha convertido en un símbolo político y moral.
¿La última ficha del acuerdo de cese al fuego?
El cuerpo de Gvili se ha colocado, de forma trágicamente simbólica, como pieza clave en el cumplimiento de la fase uno del plan de cese al fuego de 20 puntos propuesto por el expresidente estadounidense Donald Trump. Esta fase incluye la liberación de miles de palestinos —vivos y muertos—, así como el incremento de ayuda humanitaria en Gaza.
Las fases posteriores prometen mayor complejidad: implementación de una fuerza internacional en Gaza, desarme de Hamas, y creación de un gobierno palestino temporal bajo supervisión global. Pero todas estas medidas dependen de una matriz emocional y política: el retorno de cuerpos como el de Gvili.
El temor de repetir el pasado
La familia Gvili teme que la historia de Ran termine como la de otros soldados israelíes cuyos cadáveres nunca regresaron. Uno de los casos más conocidos es el de Ron Arad, un navegante de la Fuerza Aérea de Israel que fue capturado en Líbano en 1986 y nunca más fue hallado. Otro ejemplo es Hadar Goldin, muerto en Gaza en 2014 y cuyo cuerpo fue devuelto años después como parte de un acuerdo.
“Rezamos, por supuesto, para que no sea otro Ron Arad o Hadar Goldin”, dijo su padre, Itzik Gvili, durante una entrevista con Kan News. “Mientras Ran no regrese, para mí sigue vivo”, concluyó.
Una historia que conmueve a todo un país
En Israel, la narrativa entorno a Ran Gvili ha superado la frontera de lo personal y se ha vuelto parte del paisaje nacional. Tanto en medios de comunicación como en redes sociales, su historia actúa como punto de inflexión emocional frente al complejo conflicto bélico.
La pregunta sigue abierta: ¿cómo otorgar paz a las familias si sus muertos no regresan? ¿Cómo construir reconciliación cuando ni siquiera hay posibilidad de luto físico?
Ran Gvili, presente
Sólo queda esperar, en medio del ruido político y las diplomacias estancadas, que las familias como los Gvili puedan finalmente enterrar a sus hijos. Israel ha demostrado una política interna y externa profundamente enfocada en "no dejar a nadie atrás", una filosofía que se manifiesta tanto en sus operaciones militares como en su cultura cívica y espiritual.
Ran Gvili no fue un mártir anodino. Fue un joven llamado Rani, que dejó su casa lesionado, y murió tratando de proteger a otros. Su cuerpo sigue siendo rehén de una guerra no concluida, pero su historia ya ha quedado grabada en el corazón del país.
