Red Sea International Film Festival: el renacer del cine en Arabia Saudita entre opulencia, crítica y ambición cultural

Con más de 100 películas de 70 países, la quinta edición del festival apuesta por la visibilidad global, la identidad árabe y la controversia sobre el ‘cine-washing’ saudí

Jeddah se viste de gala: cine bajo el sol del desierto

Del 4 al 13 de diciembre, la ciudad costera de Jeddah, en Arabia Saudita, se ha convertido en el epicentro del séptimo arte internacional con la llegada de la quinta edición del Red Sea International Film Festival. Este evento, que comenzó con discreción en 2021, ha ganado protagonismo con una rapidez fulminante, convirtiéndose en una referencia indispensable en el circuito global de festivales como Cannes, Berlín o Venecia.

La edición 2025 acoge más de 100 películas procedentes de al menos 70 países, proyectadas en uno de los escenarios más emblemáticos de Jeddah: Al-Balad, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Este cruce simbólico entre la tradición saudita y la modernidad cinematográfica ejemplifica los ejes sobre los cuales gira el festival: identidad cultural, diversidad internacional y diplomacia cultural.

Sean Baker y el nuevo lenguaje de la narrativa internacional

El jurado de esta edición está presidido por el cineasta estadounidense Sean Baker, director de la aclamada cinta Anora, que arrasó en los premios Oscar con cinco estatuillas. La elección de Baker refuerza el posicionamiento del festival como un espacio que acoge también a voces independientes y autorales.

“Este festival es verdaderamente emocionante por la rapidez con la que ha crecido”, comentó Baker en la apertura. “Es raro ver un festival expandirse con tanta influencia en tan poco tiempo en el panorama del world cinema”.

Una inauguración de campeonato: la biopic de ‘Prince Naz’

La película encargada de abrir esta edición fue Giant, basada en la historia real del icónico boxeador británico-yemení Prince Naseem ‘Naz’ Hamed. Dirigida por Rowan Athale y protagonizada por Amir El-Masry como Naz, junto a Pierce Brosnan interpretando a su entrenador Brendan Ingle, el filme fue recibido con entusiasmo por el público.

“Fue uno de los papeles más exigentes de mi carrera. Entrené por casi cinco semanas y perdí ocho kilos para entrar en cuerpo y mente en el personaje”, confesó El-Masry a los medios. El director, por su parte, señaló: “Naz era un héroe local cuando yo era adolescente. Siempre soñé con contar su historia y hoy es un honor hacerlo en Arabia”.

Figuras globales y glamour en la alfombra roja

Como corresponde a un festival de esta magnitud y ambición diplomática, la alfombra roja del Red Sea fue una constelación de estrellas. Desde Vin Diesel y Adrien Brody, hasta veteranos como Sir Michael Caine y Ana de Armas. También se contó con la presencia de actores y actrices del mundo árabe, así como de Aishwarya Rai Bachchan, ícono del cine hindú, que simboliza el puente entre Oriente y Occidente que el festival busca construir.

El corazón del festival: competencia y diversidad

Uno de los momentos más esperados del evento es la entrega de los Yusr Awards, premios que reconocen lo mejor de la narrativa cinematográfica en diversos géneros. Este año la competencia principal reúne 16 películas, entre largometrajes de ficción, documentales y animaciones, provenientes de Asia, África y el mundo árabe.

Algunos de los títulos destacados incluyen:

  • The Mother of All Lies (Marruecos): una reflexión sobre el exilio y la verdad histórica.
  • Hao Jiu Bu Jian (Long Time No See) (China): conmovedora historia de reconciliación familiar.
  • Under the Fig Trees (Túnez): retrato de mujeres campesinas y sus dilemas cotidianas.

Este enfoque en cine árabe y del sur global no sólo promueve la representación artística, sino que permite explorar narrativas que con frecuencia no encuentran espacio en los festivales occidentales.

Una estrategia cultural bajo la lupa: ¿cine o lavado de imagen?

Así como el festival ha cosechado elogios por su impacto y diversidad, también ha sido objeto de críticas por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos. Varios expositores han denunciado que el evento forma parte de un esfuerzo mayor del gobierno saudita por blanquear su imagen ante la comunidad internacional, una estrategia comparada con el “sportswashing” que han aplicado también con la Fórmula 1, el fútbol y los videojuegos.

Arabia Saudita ha sido señalada por mantener altos índices de ejecuciones públicas, restricciones a la libertad de expresión y limitaciones severas a los derechos de las mujeres. “Es admirable que el país invierta en cultura”, afirmó un observador anónimo del sector, “pero mientras activistas como Loujain Al-Hathloul sigan amenazadas, la industria del entretenimiento no puede ser aislada del contexto político”.

El cine como puente, pero también como espejo

El actor Giancarlo Esposito, conocido por su papel en Breaking Bad y presente en el festival, resumió con claridad el espíritu del evento: “Este festival celebra el cine como una fuerza que une culturas. Estoy aquí porque creo en el poder de las historias para cambiar el mundo”.

Desde su creación en 2021, el Red Sea International Film Festival ha evolucionado de escaparate local a plataforma global. Lanzado por el Ministerio de Cultura de Arabia Saudita y respaldado por el Public Investment Fund, este festival forma parte del ambicioso plan económico y social conocido como Visión 2030, con el que el príncipe heredero Mohammed bin Salman busca diversificar la economía y reducir la dependencia del petróleo.

Una ventana para el talento local y regional

Más allá del desfile de celebridades, uno de los focos del festival es incentivar el desarrollo de nuevos talentos en la industria cinematográfica árabe y de Medio Oriente. Programas como el Red Sea Lodge y el Red Sea Souk permiten el financiamiento, mentoría y coproducción de proyectos innovadores.

En 2023, más de 40% de las películas proyectadas fueron dirigidas por mujeres, una cifra destacable en un país donde el cine apenas fue legalizado en 2018 tras décadas de prohibición. Además, se han abierto más de 500 cines en todo el país desde que la industria fue liberada, generando miles de empleos y mayor apertura cultural.

¿Hasta dónde llegará la ola saudí?

Mientras algunos cineastas internacionales han rechazado la invitación al festival en solidaridad con disidentes sauditas, otros han optado por asistir argumentando que el cambio cultural necesita participación, no aislamiento. El debate está lejos de resolverse, pero lo indiscutible es que el Red Sea Festival se ha consolidado como un termómetro del poder blando emergente de Arabia Saudita.

En un escenario geopolítico marcado por choques culturales y tensiones ideológicas, el lenguaje del cine parece ofrecer una línea de diálogo que, sin borrar las controversias, permite seguir preguntando: ¿Puede el arte abrir caminos donde la política se cierra?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press