Sudán al borde del abismo: entre atrocidades invisibles y un mundo indiferente

Mientras el conflicto en Kordofán se intensifica, el mundo observa en silencio una de las peores crisis humanitarias de nuestra era

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Un conflicto sin fin: la guerra olvidada de Sudán

Sudán atraviesa uno de los conflictos más devastadores e ignorados por el resto del mundo. Desde hace más de dos años, el enfrentamiento armado entre el ejército regular sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) ha sumido al país africano en una espiral de violencia, desplazamiento masivo y colapso de las estructuras civiles.

La situación actual se ha agravado dramáticamente con la reciente intensificación de combates en la región de Kordofán. El alto comisionado de los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, lanzó una severa advertencia: “Temo una nueva ola de atrocidades”. Su llamado se une a los múltiples informes que denuncian matanzas, violaciones y asedios contra civiles desde que las RSF capturaron el último bastión del ejército en Darfur: la ciudad de el-Fasher.

El-Fasher: un presagio oscuro

El dominio de el-Fasher por las RSF fue acompañado de testimonios espeluznantes. Organizaciones de derechos humanos reportaron ejecuciones sumarias, violencia sexual y desplazamientos masivos. Más de 100,000 personas han huido de la ciudad desde octubre. Según varios grupos humanitarios, miles podrían haber muerto durante los enfrentamientos o estar atrapados sin posibilidad de ayuda.

El patrón de violencia no se detuvo allí. La atención internacional ahora se centra en Kordofán, donde un conflicto férreo y el colapso de los mecanismos de telecomunicación hacen imposible un censo real de víctimas.

Campos de muerte en Kordofán

Según el comunicado de Türk, desde finales de octubre se han documentado al menos 269 muertes sólo en el poblado de Bara (Kordofán del Norte), resultado de ataques aéreos, bombardeos de artillería y ejecuciones. Sin embargo, esa cifra podría ser mucho mayor dada la interrupción de las comunicaciones. El 3 de noviembre, un ataque con dron de las RSF mató a 45 personas, en su mayoría mujeres, en una tienda de campaña en el poblado de el-Obeid.

Días después, el ejército sudanés respondió con sus propios ataques aéreos que provocaron al menos 48 muertes en Kauda, en Kordofán del Sur, casi todos civiles. Así, la región se hunde en un ciclo de fuego cruzado, con los civiles atrapados entre dos ejércitos aparentemente indiferentes a los derechos humanos.

El epicentro del conflicto: Babanusa

El nuevo centro de operaciones parece estar en Babanusa, ciudad clave por sus conexiones de suministro en Kordofán del Oeste. El lunes, las RSF anunciaron haber capturado la sede de la 22ª división del ejército sudanés allí. Aunque esta afirmación aún no fue verificada por fuentes independientes, diversos videos publicados en redes sociales muestran presuntamente a combatientes del RSF dentro del recinto.

Este avance genera gran preocupación ya que decenas de mujeres y niños se refugiaban desde hace meses dentro del cuartel militar. La Red de Médicos Sudanesa hizo un llamado urgente para garantizar su protección y evacuación segura, alertando del riesgo de detenciones arbitrarias o represalias simplemente por vínculos familiares con soldados.

¿Un nuevo genocidio en gestación?

Las RSF, que fueron expulsadas de Jartum a principios de 2023, han centrado su ofensiva en dominar zonas estratégicas como Kordofán, rica en petróleo. Sin embargo, lo que están dejando en su estela es más que ocupación militar: es una sombra de crímenes de guerra.

La región sureña de Kadugli y Dilling, en Kordofán del Sur, vive una crisis alimentaria profunda, agravada por el sitio impuesto por las RSF y grupos afines. Las agencias humanitarias no pueden ingresar para asistir a los 44,000 desplazados estimados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Türk instó urgentemente a restablecer las comunicaciones en la región para permitir la llegada de ayuda y mantener informada a la población civil. “No podemos permitir que Kordofán se convierta en otro el-Fasher”, advirtió.

¿Quién financia la guerra?

Uno de los puntos más alarmantes del informe de la ONU es el continuo flujo de armas hacia los bandos en conflicto. Türk apeló a los países con influencia a suspender inmediatamente el envío de armamento, señalando cómo estos aportes externos alimentan un conflicto cada vez más sangriento.

Varios informes independientes han apuntado a naciones del Golfo y países vecinos como principales facilitadores del tráfico de armas en la región, complicando aún más la posible mediación internacional.

Una catástrofe humanitaria sin precedentes

Con más de 14 millones de desplazados internos y refugiados, el conflicto sudanés ha sido calificado por la ONU como la peor crisis humanitaria del planeta. Sin embargo, la cobertura mediática global ha sido fragmentaria y el compromiso político internacional resulta sorprendentemente escaso.

La cifra oficial de muertos asciende a 40,000 personas, aunque organizaciones de derechos humanos argumentan que el número real podría ser mucho más alto, dada la imposibilidad de registrar muchas zonas afectadas.

¿Por qué el mundo guarda silencio?

Es inevitable preguntarse por qué Sudán parece tan ausente en la conversación global. ¿Será porque no encaja en las agendas geopolíticas dominantes? Mientras la comunidad internacional emite comunicados y sanciones en conflictos como Ucrania o Gaza, el pueblo sudanés resiste sin acceso básico a agua, comida, salud y seguridad.

El experto en conflictos africanos Alex de Waal lo dijo claro en una entrevista con Foreign Policy: “Este es el tipo de guerra que se alimenta del olvido. Si no tenemos memoria, si no exigimos rendición de cuentas, sólo podemos esperar que se repita”.

No hay paz sin justicia

Los horrores recientes en el-Fasher y Kordofán evocan inevitablemente el recuerdo del genocidio en Darfur en la década de los 2000, cuando las mismas milicias Janjaweed (precursoras de las RSF) cometieron atrocidades bajo el mando del entonces presidente Omar al-Bashir, quien enfrenta cargos por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional.

Permitir que las RSF continúen impunemente ahora sería validar un patrón de violencia donde el poder se afirma a través de la limpieza étnica regional y la brutal represión de la disidencia, con los cuerpos de miles de inocentes como testimonio silenciado.

Una guerra olvidada en pleno siglo XXI

Sudán se desangra ante la mirada indiferente del mundo. Los niños que mueren de hambre, las mujeres víctimas de violencia sexual, y las familias que deben recorrer kilómetros para huir de las bombas, claman por una comunidad internacional que parece haberles dado la espalda.

No bastan boletines. No bastan declaraciones diplomáticas. El conflicto exige acciones concretas: un embargo total de armas, presión diplomática multilateral y un compromiso serio con procesos de paz inclusivos y supervisados por organismos independientes.

Mientras tanto, cada hora que pasa sin una intervención decidida representa más vidas perdidas, más futuros truncados y más cicatrices para un país que lucha no sólo por un futuro, sino simplemente por el derecho a existir.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press