Trump, el Mundial 2026 y la paradoja migratoria: ¿bienvenidos o no?

El choque entre el discurso antiinmigrante del expresidente estadounidense y la esencia de unidad global de la Copa Mundial de la FIFA

Un momento de celebración internacional, opacado por la política migratoria estadounidense

La Copa Mundial de la FIFA es, desde sus inicios en 1930, más que un simple torneo de fútbol. Es una celebración de culturas, un punto de encuentro global y un símbolo de unidad entre pueblos. Sin embargo, el Mundial de 2026, que será compartido por Estados Unidos, Canadá y México, enfrenta una paradoja: uno de sus anfitriones, Estados Unidos, bajo la administración del expresidente Donald Trump, mantiene y amplía políticas migratorias que chocan con este espíritu inclusivo.

En un escenario global donde el deporte intenta ser puente y no muro, las políticas migratorias de Trump y su retórica antiinmigrante han sembrado tensiones justo cuando se espera que naciones de todo el mundo converjan en América del Norte.

Trump en el sorteo del Mundial: ¿un anfitrión contradictorio?

El expresidente Trump tomó protagonismo durante el sorteo del Mundial en Washington, en un evento que, simbólicamente, debería ser una bienvenida al mundo. Sin embargo, dicha bienvenida se da en paralelo con la expansión de medidas migratorias restrictivas, que afectan a ciudadanos de 19 países, incluidos algunos clasificados al torneo como Irán y Haití.

Esta dualidad generó inmediatas críticas desde el Congreso estadounidense y diversos sectores internacionales. El senador Chris Van Hollen (D-Md.) fue tajante: “La Copa es un momento para unir al mundo… y tenemos a un presidente que está intentando mantener al mundo fuera.”

Prohibiciones y visados: entre la seguridad y la segregación

La administración de Trump propuso una prohibición total de viaje para naciones consideradas “peligrosas” o con altos niveles de migración hacia EE.UU. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, declaró públicamente su intención de vetar ciudadanos de países “que inundan a nuestra nación con asesinos, sanguijuelas y aprovechados”.

Esta lista incluye a 12 países con prohibición total, y otros 7 con restricciones severas. Entre ellos se encuentran Irán y Haití, dos naciones que lograron clasificar al torneo. Aunque hay excepciones para jugadores, entrenadores y personal técnico, los aficionados—el alma del torneo—no podrán ingresar si son ciudadanos de estos países.

Irán ha manifestado su intención de boicotear el sorteo realizado en el Kennedy Center, luego de que miembros claves de su delegación no recibieran visado. Las autoridades iraníes expresaron que los obstáculos iban más allá del ámbito deportivo y respondían a decisiones políticas.

El mensaje de la FIFA: diplomacia y equilibrio

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha intentado mantener una posición diplomática. En octubre de 2025, aseguró desde Roma que “no habrá problemas de visados para equipos y delegaciones”, y que se trabajaba para facilitar el ingreso de aficionados. Pero la realidad, al menos hasta ahora, ha sido más complicada.

Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, minimizó las críticas: “Hay una narrativa ficticia de que el presidente no da la bienvenida a extranjeros”. Aunque Giuliani aseguró que hubo avances en la tramitación de visados, también repitió: “Cada decisión es por seguridad nacional”.

Una Copa en tensión: entre la integración y la exclusión

El Departamento de Estado ha respondido destinando más de 400 oficiales consulares adicionales a procesar visados para los eventos del Mundial en 2026. Incluso se ha lanzado un nuevo sistema denominado “FIFA Pass”, para agilizar citas de visado a quienes posean entradas oficiales.

Sin embargo, la percepción de que EE.UU. pueda realizar redadas migratorias durante los partidos se mantiene. Durante el Mundial de Clubes de este año, surgió un rumor en redes sociales oficiales de que agentes de inmigración estarían presentes en estadios. Alex Lasry, CEO del comité organizador de Nueva York/Nueva Jersey, lo consideró alarmante y lo reportó al equipo de Giuliani.

“El presidente no descarta nada que ayude a proteger a los ciudadanos estadounidenses”, replicó posteriormente Giuliani al ser consultado sobre operativos migratorios durante partidos.

El caso haitiano: una afición dejada atrás

Uno de los casos más dolorosos es Haití. Esta nación caribeña clasifica al Mundial por primera vez en 50 años. Una nación que respira fútbol, y cuyo logro deportivo es motivo de celebración nacional. Pero muchos haitianos ya enfrentan la realidad inevitable: no podrán asistir a ver a su selección en EE.UU.

Rich André, del American Immigration Council e hijo de inmigrantes haitianos, expresó su frustración: “El espectáculo no continúa sin los aficionados que puedan alentar a su equipo en persona”.

Estadísticas: ¿las visas alcanzan para todos?

Según datos del Departamento de Estado (2025), el tiempo de espera estimado para una visa de turista a EE.UU. varía entre 30 y más de 300 días, dependiendo del país. Con un total de 48 naciones participando en el Mundial 2026 y juegos en 11 ciudades estadounidenses, el desafío logístico de movilidad internacional es colosal.

Por ejemplo, países como Bangladesh, Siria y Somalia tienen esperas que pueden superar los 250 días. Esto es especialmente preocupante cuando la FIFA espera más de cinco millones de visitantes internacionales entre las tres naciones anfitrionas.

¿Puede el deporte vencer a la política?

“El fútbol es un lenguaje universal,” dijo alguna vez Nelson Mandela. “Nos inspira, nos une”. Esta cita cobra fuerza en un contexto donde la política estadounidense parece moverse en la dirección opuesta.

Para muchos expertos y activistas, el Mundial 2026 puede convertirse en una vitrina de inclusión o en una demostración de división. Mucho dependerá del esfuerzo colectivo de la FIFA, los gobiernos anfitriones y la presión internacional para asegurar que los valores del deporte —inclusión, respeto, equidad— no queden subordinados a intereses políticos inmediatos.

Un espectáculo con condiciones

Es cierto que el gobierno de Trump busca acortar tiempos de visado para los países “favorables”, difundir mensajes de apertura a través de figuras legendarias del fútbol y desplegar campañas de relaciones públicas con FIFA. Pero las acciones simbólicas deben ir acompañadas de realidades tangibles.

Hasta ahora, el discurso no ha sido coherente con las políticas. Negar el acceso a delegaciones deportivas por nacionalidad, vetar a hinchas por su pasaporte y marcar estigmas sobre culturas enteras contradicen los principios de la Copa Mundial.

La imagen internacional de Estados Unidos en juego

En términos políticos, el Mundial 2026 también será una prueba para la imagen global de Estados Unidos. ¿Puede EE.UU. mostrarse como nación anfitriona, abierta, moderna y respetuosa del pluralismo cultural?

Expertos señalan que un mal manejo en esta edición puede afectar futuras candidaturas deportivas, relaciones diplomáticas e incluso el turismo post-Mundial, un sector que representa cerca del 2.9% del PIB estadounidense (datos de la U.S. Travel Association, 2024).

Una Copa Mundial para todos

El fútbol es capaz de cambiar historias y unir a mundos distantes. Y aunque las tensiones entre política y deporte no son nuevas —desde los boicots olímpicos en la Guerra Fría hasta los recientes debates sobre Catar 2022—, el reto frente a EE.UU. y el Mundial 2026 es profundo.

O bien se garantiza que el Mundial sea un evento para todos, con facilidades migratorias claras, transparencia en seguridad y verdadero espíritu de hospitalidad, o se corre el riesgo de que quede empañado por contradicciones que ningún balón puede esconder.

Porque al final del día, una Copa del Mundo sin sus aficionados, sin sus pequeños países soñadores, sin diversidad cultural en las gradas, no es más que un torneo mal enfocado. Y Estados Unidos tiene en sus manos la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar lo contrario.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press