Trump y la retórica del odio: un análisis del discurso contra los inmigrantes somalíes

Del lenguaje racista a las políticas de exclusión: cómo el expresidente estadounidense intensifica una narrativa peligrosa

Trump y el regreso del nacionalismo xenófobo

En un acto que cimbró la agenda política y mediática de los Estados Unidos, Donald Trump, expresidente y figura central del Partido Republicano, volvió a lanzar una andanada de insultos contra comunidades inmigrantes. Esta vez, sus blancos fueron los inmigrantes somalíes, a quienes llamó reiteradamente “basura” durante una reunión del gabinete presidencial.

Lo que hace esta declaración aún más escalofriante es no solo el hecho de que la repetición fue intencional, sino que fue celebrada con vítores y aplausos por su equipo de gobierno, incluyendo al actual vicepresidente JD Vance y al secretario de Defensa, Pete Hegseth.

Un largo historial de retórica peligrosa

Desde su campaña presidencial en 2015, Trump ha sido conocido por sus declaraciones incendiarias contra inmigrantes. Las acusaciones de que México estaba enviando “violadores” al país marcaron el tono de su proyecto político. Desde entonces, ha llamado a las naciones africanas “países de mierda” y ha planteado de forma abierta la idea de terminar con la ciudadanía por nacimiento.

Pero lo ocurrido en esa reunión reciente representó un punto de quiebre. No se trataba ya de “políticas de inmigración” ni de “seguridad fronteriza”, sino de ataques directos a la dignidad humana. Al referirse a los somalíes en Estados Unidos —una comunidad de aproximadamente 260,000 personas— Trump dijo: “No los queremos en este país. Que regresen y arreglen su país.” Allí mismo, calificó a la congresista Ilhan Omar, originaria de Somalia, como “basura” y extendió este calificativo a “sus amigos”.

Una narrativa con ecos del pasado

Académicos como Carl Bon Tempo, profesor de historia en la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, han señalado que Trump ha legitimado un tipo de lenguaje que durante décadas fue considerado inaceptable en la esfera pública. “Ha llevado esta forma de expresarse al discurso cotidiano”, advierte Bon Tempo.

Este tipo de retórica no es nueva en la historia estadounidense. En el siglo XIX, existió el Acta de Exclusión China, y durante la Segunda Guerra Mundial se internó a más de 120,000 japoneses-estadounidenses en campos de concentración. Lo que diferencia el momento actual es el hecho de que ese discurso proviene del líder máximo del país.

Políticas que acompañan al discurso

El segundo mandato de Trump ha estado marcado por acciones concretas para frenar la inmigración:

  • Cancelación de solicitudes migratorias desde 19 países incluidos en la lista de prohibición de viajes.
  • Propósito de anular el derecho constitucional de ciudadanía por nacimiento, un cambio que requeriría reinterpretar la 14.ª Enmienda.
  • Congelamiento del sistema de asilo y drástica reducción en la admisión de refugiados.
  • Lanzamiento de operativos de deportación en ciudades como Nueva Orleans.

Estas políticas han sido recibidas con división por la ciudadanía. Según una encuesta de AP-NORC en noviembre, un 42% de adultos aprobaban el manejo de la inmigración por parte de Trump, por debajo del 50% reportado en marzo del mismo año.

Reacciones desde Somalia hasta Minnesota

Las expresiones de Trump generaron ondas de choque internacionales. En Mogadishu, capital de Somalia, Ibrahim Hassan Hajji declaró que ha perdido toda intención de visitar Estados Unidos: “Mi visión del país ha cambiado radicalmente. Nunca pensé que un presidente diría algo así en su segundo mandato”.

Por su parte, la representante Ilhan Omar —una de las pocas legisladoras musulmanas del Congreso— calificó los comentarios de Trump como “una obsesión perturbadora” y reiteró que no será intimidada.

Impacto global: cuando el odio cruza fronteras

Lo que Trump dice tiene peso no solo en EE.UU., sino en el mundo entero. Según César Cuauhtémoc García Hernández, profesor de derecho en la Universidad Estatal de Ohio, Trump “ha reconfigurado los límites de la retórica política” y ha proporcionado un marco útil para líderes como Nigel Farage en Reino Unido o Marine Le Pen en Francia.

En Europa, donde las leyes de discurso de odio son más estrictas, las palabras de Trump serían ilegales si provinieran de ciudadanos comunes. Arié Alimi, abogado de París y especialista en este tipo de casos, aseguró: “Están cruzando una frontera importantísima en lo que respecta a comentarios racistas.”

¿Qué define ser estadounidense?

Las declaraciones de Trump alimentan una pregunta central en la historia del país: ¿quién puede ser considerado estadounidense? A lo largo del tiempo, muchos grupos étnicos y raciales han sido tratados como eternos forasteros. La idea de pertenencia se vuelve una cuestión de color de piel, acento o lugar de origen —injusticia con raíces profundas.

Como nación construida por inmigrantes (y esclavos traídos forzosamente), EE.UU. enfrenta una tensión constante entre su mitología de acogida y sus realidades de discriminación. Trump parece haber decidido qué lado elegir, y lo ha hecho ampliando la brecha entre los estadounidenses “aceptables” y “los otros”.

¿Hasta dónde puede llegar esta narrativa?

Trump ya fue reelegido con más de 77 millones de votos, y aunque sus políticas dividen a la nación, su base permanece fiel. Lo que preocupa a muchos es cómo sus palabras y decisiones sientan precedente. Cuando un presidente insulta a toda una comunidad por su origen nacional, ¿qué impide a otros políticos hacer lo mismo?

No se trata únicamente de inmigración. Es una batalla cultural por el alma de una nación que ha vendido al mundo la imagen de refugio inclusivo pero que ahora, bajo liderazgos como el de Trump, revela rincones oscuros llenos de intolerancia y exclusión.

¿Un modelo para otros líderes?

En el contexto actual, donde líderes autoritarios intentan afianzarse a través del miedo al “otro”, Trump ya no parece una anomalía, sino una plantilla. Políticos en Hungría, Italia, Francia, Brasil y más allá han replicado su estrategia: atacar a las minorías para consolidar una base política fiel.

Pero lo más alarmante es lo que sucede dentro de Estados Unidos. La normalización del lenguaje de odio, como advierte Carl Bon Tempo, ha llegado al punto en el que palabras que hace apenas una década hubieran escandalizado ahora se repiten en medios, redes y espacios institucionales.

¿Quién responde?

Las reacciones en contra existen y son firmes: desde la oposición política hasta activistas por los derechos civiles, organizaciones pro-inmigrantes y miles de ciudadanos horrorizados. No obstante, cada vez que Trump pronuncia otro insulto cargado de racismo, parece mover un poco más los límites del aceptable discurso público.

Como advirtió el historiador Timothy Snyder en su libro Sobre la tiranía, los autoritarismos no llegan de golpe, sino con pequeños ajustes en la norma social – y muchas veces, mediante palabras.

Una América que se define por sus decisiones

Lo que está en juego hoy no es solo una política migratoria, sino la identidad misma de una nación. ¿Será un país que honra su historia de diversidad o uno que sucumbe al miedo y el odio?

El futuro de Estados Unidos se está escribiendo una palabra a la vez. Y en este momento, las palabras importan más que nunca.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press