USS Harry S. Truman: ¿falla humana, fatiga operacional o una Armada sobrecargada?
Una mirada crítica a los recientes informes sobre fallos en el portaaviones que ponen en evidencia las grietas estructurales bajo la presión del combate moderno
La Armada de Estados Unidos ha hecho públicos varios informes que revelan cuatro incidentes graves protagonizados por el portaaviones USS Harry S. Truman durante sus operaciones en respuesta a ataques hutíes en el Mar Rojo. Estos eventos, que incluyen desde fuego amigo hasta la caída al mar de aviones de combate, han generado serias preocupaciones no solo sobre los procedimientos y el entrenamiento de tripulación, sino también sobre la carga operativa bajo la que operan sus buques insignia.
Fuego amigo: cuando confiar demasiado en la tecnología sale caro
El incidente más impactante ocurrió el 22 de diciembre de 2024, cuando el crucero USS Gettysburg, escolta del Truman, disparó por error contra dos aviones F/A-18F de su propio grupo. Uno de los aviones fue derribado, aunque su tripulación logró eyectarse a tiempo. El error se debió, según el informe, a la “dependencia excesiva en los sistemas automatizados” por parte del centro de información de combate del Gettysburg, que confundió a los cazas con misiles enemigos.
El informe critica duramente la falta de entrenamiento adecuado y el exceso de confianza en la tecnología por parte del personal del buque. Esto resalta un problema recurrente: la automatización mal gestionada no puede reemplazar el juicio humano, especialmente durante el combate.
“La tecnología es una herramienta, no un sustituto del criterio profesional. El fuego amigo sigue siendo una de las amenazas más devastadoras en combate moderno.”
— Rear Adm. Sean Bailey
Un portaaviones que choca: error de juicio en el mar
En febrero de 2025, el USS Truman colisionó con un buque mercante cerca del Canal de Suez. La causa: una maniobra agresiva de navegación a una velocidad insegura mientras el portaaviones intentaba compensar retrasos operativos.
Los investigadores destacaron la cultura del "just get it done” (hazlo como sea), altamente arraigada en la tripulación, lo que llevó a decisiones riesgosas y a minimizar los peligros de navegar en aguas congestionadas. La principal responsabilidad se adjudicó al oficial encargado de la navegación, aunque el informe también señala la falta de liderazgo proactivo por parte del comandante y el navegante del Truman.
El estrés crónico: enemigo invisible a bordo
No se trata de una serie de errores aislados: los informes destacan el alto nivel de estrés operativo a bordo. El capitán Christopher Hill informó que desde el 15 de marzo, la tripulación había estado operando casi ininterrumpidamente, con ataques constantes de drones y misiles por parte de los hutíes.
En este ambiente de tensión continua, otro F/A-18F cayó al mar en abril durante una maniobra evasiva para evitar un ataque con misiles. El avión estaba siendo movido por la tripulación en el hangar cuando el portaaviones realizó giros abruptos. Nadie avisó con antelación, las compuertas del hangar permanecían abiertas y el suelo estaba resbaladizo por la falta de limpieza. Resultado: el avión rodó por su cuenta hasta precipitarse al océano.
Este incidente reveló fallas tanto en comunicación interna como en mantenimiento preventivo, ambos esenciales durante operaciones de combate constante. Según el informe, el marinero encargado de frenar el avión carecía de conocimientos básicos para entender el sistema de frenado del F/A-18F.
Fallo mecánico evitable: el fin de otro jet
En mayo de 2025, otro F/A-18F cayó al mar mientras intentaba aterrizar en el Truman. El fallo ocurrió cuando se rompió el sistema de cables de detención, encargados de frenar el avión en pocos metros.
La investigación determinó que una pieza crítica faltaba en el sistema, permitiendo que un pasador se deslizara fuera de lugar lentamente durante 50 aterrizajes hasta que el sistema colapsó totalmente. El almirante Bailey lo dijo sin rodeos:
“Este accidente era completamente prevenible. El nivel de deterioro del equipo refleja una cadena de negligencias técnicas y liderazgo ausente.”
— Rear Adm. Sean Bailey
La doble cara de la presión operacional
Todos estos incidentes poseen un hilo conductor que va más allá del error humano o del fallo mecánico: el ritmo operativo desbordado. La Armada mantiene sus naves principales como el Truman en zonas de conflicto por períodos más extensos, sin el mantenimiento ni el descanso correspondientes.
En un contexto de hostilidades crecientes con los hutíes en Yemen, la flota estadounidense ha intensificado su presencia en el Mar Rojo, afectando la seguridad de las rutas comerciales marítimas globales —más del 12% del comercio mundial atraviesa el Canal de Suez.
No es la primera vez que esto ocurre. En 2017, el destructor USS Fitzgerald colisionó con un buque mercante japonés frente a costas de Japón. Siete marineros estadounidenses murieron. Una investigación posterior también culpó al agotamiento de las tripulaciones. En 2020, un informe del Government Accountability Office señaló que más del 36% de las tripulaciones de buques de guerra reportaron sentirse fatigadas de forma habitual.
¿Están siendo llevados los buques al límite?
Con buques que envejecen, extensiones continuas de despliegue y múltiples crisis internacionales —desde Asia, pasando por Medio Oriente, hasta el Ártico—, la Marina de EE.UU. enfrenta una presión sin precedentes. Lo que antes era una rotación de seis meses ahora se extiende con facilidad a nueve o hasta doce meses.
Este sobreuso tiene consecuencias claras. No solo degrada los materiales más rápido, sino que erosiona la preparación del personal. Los marineros al borde del agotamiento toman decisiones críticas en escenarios de combate.
“No hay héroes cuando hay fatiga. Hay errores.”
— Vicealmirante retirado James Foggo
¿Cuál debería ser la solución?
- Mejorar el entrenamiento sistémico: No solo en inteligencia artificial y automatización, sino en fundamentos operativos y protocolos de emergencia tradicionales.
- Rotación de personal más frecuencia: Una tripulación exhausta no es eficaz. Se deben establecer ventanas obligatorias de descanso sin prolongación política o estratégica.
- Auditorías constantes de mantenimiento: No solo en puerto, también en operación. Revisiones periódicas de misión deben incluir evaluaciones técnicas independientes.
- Cultura de reporte sin represalias: Crear una cultura segura para denunciar fatiga, errores o condiciones peligrosas sin miedo a consecuencias en la carrera.
¿Fracaso puntual o síntoma sistémico?
Los cuatro incidentes del USS Harry S. Truman no pueden verse como accidentes aislados. Juntos configuran una radiografía de una flota sobreutilizada, con sus sistemas al límite y su gente aún más allá.
La disuasión naval de EE.UU. sigue siendo una piedra angular de su estrategia global. Pero no hay buque, sistema o misil que supere la fragilidad de una tripulación agotada o de un sistema mal mantenido. Reformar esta cultura de presión constante es tan esencial como blindar el casco del Truman.
En alta mar, no hay margen para el error. Y en tiempos de guerra encubierta como la que se vive en el Mar Rojo, el mayor enemigo puede no estar en tierra firme sino integrado en la rutina misma del operativo naval.