¿Qué futuro le espera al sur de Líbano tras la retirada de la fuerza de paz de la ONU?
La inminente salida de UNIFIL plantea nuevas tensiones y desafíos estratégicos en la frontera entre Líbano e Israel
Una retirada que cambia el juego: la salida de UNIFIL
En agosto de 2023, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó de forma unánime el fin de la misión de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) para finales de 2026. Esta decisión marca el cierre de un capítulo que dio comienzo en 1978 como respuesta a la operación militar israelí en el sur del país.
La presencia de UNIFIL a lo largo de la frontera sur del Líbano con Israel ha sido, durante casi cinco décadas, un factor estabilizador en una región volátil. La misión consistía en monitorear el cese de hostilidades, asistir al gobierno libanés en el restablecimiento de su autoridad en la zona y facilitar la ayuda humanitaria. Sin embargo, el entorno geopolítico actual ha puesto en entredicho la continuidad de esta fuerza internacional de paz.
El nuevo panorama planteado por Nawaf Salam
Ante esta decisión, el recién designado primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha propuesto la creación de una fuerza sucesora más reducida, que opere como los observadores de la ONU desplegados en la frontera entre Israel y Siria desde 1974. En sus declaraciones durante una reunión con una delegación del Consejo de Seguridad en Beirut, Salam expresó que una fuerza de reemplazo permitiría mantener la estabilidad mientras las fuerzas armadas libanesas fortalecen su presencia en la región.
“Esta zona sigue siendo un punto caliente. Necesitamos una transición segura para evitar un vacío que sea aprovechado por actores que promueven la violencia”, señaló Salam.
La noción de vacío regional no es menor: la retirada de UNIFIL ocurre en un contexto donde los enfrentamientos esporádicos entre la milicia Hezbollah e Israel se han intensificado desde los ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023. Hezbollah se posicionó solidariamente con el movimiento palestino, disparando cohetes hacia Israel, lo que reavivó acciones bélicas directas entre el grupo y el estado hebreo.
Hezbollah y sus críticas: un nuevo frente interno
La propuesta de Salam rápidamente provocó reacciones dentro del propio Líbano. Hezbollah, el grupo político-militar chiita respaldado por Irán, se mostró reacio a la idea. Naim Kassem, su líder adjunto, acusó al gobierno libanés de hacer concesiones a Israel con la designación de Simon Karam —ex embajador ante EE. UU. y considerado cercano a posturas occidentales— como jefe de la delegación en la comisión de monitoreo del alto el fuego.
“Nominar a Simon Karam es un acto que erosiona nuestra soberanía. No cambiará el comportamiento agresivo del enemigo israelí”, dijo Kassem en una intervención televisada.
Para Hezbollah, que ha ganado influencia política y militar a lo largo de los años, cualquier acuerdo internacional que no le tenga en cuentas es problemático. Y su rechazo al nombramiento del nuevo diplomático refleja el aumento de las tensiones no solo entre Líbano e Israel, sino también al interior mismo del Líbano.
Los límites de la paz internacional: el peso y crítica a UNIFIL
Desde su despliegue, UNIFIL ha sido celebrada como garante de estabilidad en una región en permanente riesgo de conflicto. No obstante, ha estado también en el epicentro de controversias. Durante la administración de Donald Trump, el gobierno de EE. UU. empezó a recortar el financiamiento de la misión, argumentando que la fuerza no estaba cumpliendo plenamente su propósito de limitar las actividades de Hezbollah en el sur del Líbano.
Según Human Rights Watch, los enfrentamientos y bombardeos israelíes desde noviembre de 2023 han dejado al menos 127 civiles muertos en el Líbano. Las autoridades israelíes sostienen que atacan infraestructura del grupo Hezbollah, pero las organizaciones humanitarias alertan sobre el costo humano colateral de estas operaciones. Tras cada ataque, UNIFIL ha registrado y reportado infracciones al cese del fuego, aunque su capacidad de intervención directa es limitada.
¿Quién llenará el vacío tras UNIFIL?
La respuesta a esta pregunta es clave para el futuro inmediato del sur del Líbano. Salam quiere evitar que el retiro de la ONU sea sinónimo de menor vigilancia y mayor inestabilidad. Pero hay múltiples obstáculos:
- Falta de consenso interno: el sistema político libanés está profundamente fraccionado, y Hezbollah es una de las fuerzas dominantes tanto en el parlamento como en las calles del sur del país.
- Renuencia internacional: muchos países son ahora más cautelosos a la hora de enviar tropas a misiones de paz que implican riesgos reales de conflicto armado.
- Presión israelí: Israel ha incrementado sus operaciones quirúrgicas en territorio libanés para evitar que Hezbollah refuerce su arsenal, lo que complica cualquier intento multilateral de mediación local.
La dimensión simbólica de UNIFIL
La presencia de cascos azules en el sur del Líbano durante décadas ha sido un símbolo de la voluntad internacional para evitar una guerra total entre Israel y Hezbollah. Incluso si la fuerza tenía atribuciones militares limitadas, su mera presencia servía como un recordatorio visual y político de que el mundo observaba la zona.
El fin de esta etapa podría alimentar escenarios bélicos de mayor escala. Sin una fuerza que medie y documente —y eventualmente disuada— los ataques, tanto Israel como Hezbollah tendrán más margen para dirigir ataques y justificar retaliaciones.
¿Y el futuro inmediato?
Hasta ahora, la delegación del Consejo de Seguridad de la ONU no ha emitido una respuesta oficial a la propuesta de Nawaf Salam. Aun así, el presidente libanés, Joseph Aoun, se pronunció a favor de conservar cualquier presencia extranjera que pueda reforzar la seguridad en el sur. El problema es que esta decisión no depende solo del gobierno libanés: la continuidad o instauración de una nueva misión debe ser aprobada por consenso impuesto por los 15 miembros del Consejo de Seguridad.
En ese contexto, las circunstancias geopolíticas complican las negociaciones: miembros permanentes como Rusia y China podrían boicotear una nueva misión si la consideran afín a intereses occidentales, mientras que EE. UU. y Francia exigen condiciones más estrictas para cualquier nuevo despliegue, especialmente si Hezbollah sigue siendo un actor armado no estatal en la zona.
¿Un regreso a la lógica de la guerra?
La perspectiva planteada es sombría. Con la UNIFIL fuera antes de 2027, un reemplazo incierto y el aumento de las hostilidades entre Israel y las milicias proiraníes —incluyendo Hezbollah—, existe un riesgo latente de regresar a la espiral de guerra abierta. Ya lo hemos visto en conflictos pasados: la ausencia de mecanismos de contención sólo beneficia a quienes apuestan por la confrontación.
El ex embajador Ghassan Salamé resume esta preocupación en una frase lúcida: “El vacío en seguridad pronto se llena, pero pocas veces por aquellos que buscan la paz”.
El reloj avanza, la ONU decide
La responsabilidad ahora recae en la ONU y en los actores regionales. ¿Serán capaces de evitar un nuevo conflicto de gran escala en Medio Oriente? ¿O serán víctimas de la parálisis diplomática y los intereses contrapuestos?
Mientras tanto, las vidas de miles de libaneses del sur, atrapados entre dos fuegos inseguros, siguen siendo el daño colateral de decisiones tomadas lejos de sus aldeas. Si la diplomacia no actúa rápido, será la historia —y quizás la guerra— quien volverá a dictarla.
