El premio de la paz de la FIFA a Donald Trump: ¿honor diplomático o estrategia política?

La entrega del flamante galardón de la FIFA a Trump en medio del sorteo del Mundial 2026 desata polémicas sobre deporte, política y la figura del expresidente.

¿Un premio inesperado?

En un giro tan inesperado como controversial, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió el recién creado Premio de la Paz de la FIFA durante el sorteo oficial del Mundial 2026, celebrado en el icónico Kennedy Center de Washington. La ceremonia, originalmente concebida para revelar los encuentros del certamen más importante del fútbol internacional, se convirtió en un momento político y simbólico que ha generado reacciones diversas en el mundo deportivo y diplomático.

El reconocimiento fue entregado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien elogió a Trump por sus «acciones para promover la paz y la unidad mundial». El galardón consistió en un certificado, una medalla dorada y un trofeo que muestra manos sosteniendo al planeta, todo personalizado con el nombre del exmandatario.

FIFA y su nueva dimensión política

Históricamente, la FIFA ha procurado mantenerse neutral en temas políticos, enfocándose en la expansión global del fútbol. Sin embargo, esta no es la primera vez que el organismo se ve envuelto en controversias relacionadas con el poder. Desde el escándalo de corrupción de 2015 que diezmó su cúpula, hasta la elección de países anfitriones con cuestionadas credenciales democráticas —como Catar en 2022—, la FIFA parece cada vez más dispuesta a transitar los terrenos del poder global.

Infantino no escondió sus simpatías: «Esto es lo que queremos de un líder: alguien que se preocupe por la gente», afirmó durante el acto. No es un secreto que el suizo mantiene una relación cercana con Trump y ha respaldado su postulación anterior al Nobel de la Paz por su mediación en conflictos en Medio Oriente, especialmente en el caso del cese al fuego en Gaza.

Una ceremonia con aire electoral

Más allá del protocolo, el evento tuvo un marcado tono electoral. Trump, acompañado por su esposa Melania y rodeado de banderas e himnos, aprovechó para agradecer a los líderes de los demás países anfitriones del Mundial 2026: el primer ministro canadiense Mark Carney y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum.

«Este es verdaderamente uno de los grandes honores de mi vida», declaró un Trump visiblemente satisfecho, apenas unas semanas después de intensificar su discurso migratorio y ordenar intervenciones militares en el Caribe contra presuntos narcotraficantes.

¿Por qué un premio de paz justo ahora?

La creación del premio coincide con la escalada de tensiones globales y el resurgimiento de candidaturas ideológicas fuertes, como la del propio Trump para 2024. ¿Está FIFA reconfigurando su papel como actor diplomático? ¿O simplemente está haciendo uso del poder simbólico del fútbol para conseguir apoyo político y visibilidad?

Lo irónico es que el premio fue entregado justo cuando la activista y opositora venezolana María Corina Machado fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025. Ella misma, poco después de recibir la noticia, declaró públicamente estar agradecida con Trump por su «apoyo decisivo a nuestra causa». Este gesto fue interpretado como una forma de legitimar aún más la distinción entregada por FIFA.

Las críticas no se hicieron esperar

Para muchos sectores, especialmente los más progresistas, la decisión de entregar un premio de paz a una figura tan divisiva como Trump es cuando menos desacertada. Tras su gestión marcada por restricciones migratorias, polémicas ambientales y una política exterior cargada de tensiones, resulta difícil para sus críticos considerar que haya contribuido significativamente a la unidad mundial.

Katherine García, activista medioambiental y directora de la campaña «Clean Transportation for All» del Sierra Club, fue rotunda: «Este tipo de acciones desvirtúan los objetivos de organizaciones como FIFA y relativizan el concepto de paz en un momento donde las democracias luchan por mantenerse firmes».

El fútbol como herramienta diplomática

No es la primera vez que el fútbol se cruza con las esferas del poder y la geopolítica. Ya en los tiempos de la Guerra Fría, partidos entre Estados Unidos y la URSS eran cargados de simbolismo, como ocurrió durante los Juegos Olímpicos de 1980 en Moscú y en LA 1984. Más cercano, el Mundial de Sudáfrica 2010 representó un símbolo del fin del Apartheid; incluso se argumenta que ayudó a fortalecer el legado de Nelson Mandela.

El antropólogo Simon Kuper ha señalado que «el fútbol se ha convertido en la herramienta más poderosa de la diplomacia blanda global». Si antes los líderes buscaban el Premio Nobel para sellar su legado, ahora parecen apostar por el balón como vía de reverencia global.

Las implicaciones para el Mundial 2026

El Mundial de 2026 —a celebrarse por primera vez en tres países— está pensado no solo como una competición deportiva, sino como un evento de integración continental. La entrega del premio a Trump sirve también como recordatorio de que los grandes eventos deportivos no están exentos de tensiones políticas e ideológicas.

La designación de Trump como receptor del premio genera aún más atención sobre el rol que jugará EE.UU. en la organización del torneo. Desde planes de infraestructura y seguridad, hasta debates sobre derechos humanos (especialmente en relación con las políticas migratorias), el torneo ya no es solo una fiesta del fútbol.

¿Un galardón vacío o el comienzo de una tradición?

FIFA ha señalado que buscará entregar el Premio de la Paz de forma regular a personas que hayan contribuido significativamente a la «unidad entre pueblos». Sin embargo, el hecho de estrenar dicho galardón con un personaje tan polarizante plantea dudas sobre la intencionalidad y criterios de selección. Incluso dentro del seno de FIFA, rumores apuntan a que varios delegados nacionales no estuvieron informados de la decisión hasta pocas horas antes del evento.

¿Cómo reacciona el mundo del fútbol?

Deportistas y entrenadores han evitado pronunciarse directamente. Sin embargo, figuras como el exfutbolista y actual comentarista Gary Lineker no tardaron en ironizar en redes sociales: «Ya lo estoy viendo... Trump levantando el trofeo junto a la Copa del Mundo. ¿Alguien trajo las tarjetas rojas?».

Por otra parte, asociaciones como Football Supporters Europe han criticado el evento por usar la plataforma del fútbol para legitimizar figuras con historial cuestionable. En un comunicado, pidieron a FIFA mantener su enfoque en la inclusión y el deporte, no en celebraciones individuales con trasfondo político.

El poder del espectáculo

Independientemente de las críticas, la ceremonia consiguió lo que muchos estrategas buscan: foco mediático, viralización y discusión pública. Para Trump, que aspira a volver a la Casa Blanca, la imagen de él recibiendo un premio por la paz mundial ante una audiencia internacional no es menor.

Y para Infantino y la FIFA, ratifica una estrategia que va mucho más allá del deporte: posicionar el fútbol como espacio central del poder blando global, capaz de premiar, de castigar e influenciar agendas internacionales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press