El riesgoso camino hacia la paz en Gaza: poder internacional, reconstrucción y una juventud que busca sobrevivir

Mientras se negocian frágiles acuerdos de alto el fuego y planes de reconstrucción encabezados por EE.UU., los jóvenes palestinos intentan retomar sus vidas entre ruinas y dunas: ¿es posible la paz sin un verdadero control palestino?

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Una tregua inestable en medio del polvo

El 10 de octubre de 2025 marcó el inicio de un alto el fuego largamente esperado en la Franja de Gaza. Tras dos años de confrontaciones intensas entre Israel y el grupo islamista Hamás, y bajo la mediación de Estados Unidos, se construyó una tregua frágil que apenas sostiene su equilibrio sobre acuerdos diplomáticos y silencios bélicos intermitentes.

Sin embargo, mientras los artífices de la geopolítica cincelan una supuesta nueva era para Gaza desde despachos blindados, en el terreno los jóvenes palestinos ensayan otra forma de resistencia: la vida misma. En Al Zahra, en el centro de la Franja, motocicletas y cuatrimotos rugen sobre las dunas donde antes solo había polvo y escombros. Es un ruido de esperanza improvisada, que desafía tanto al miedo como al olvido.

La Junta de Paz: ¿un nuevo mandato externo?

Uno de los puntos clave del acuerdo es la creación de una nueva estructura de gobernanza internacional llamada Junta de Paz (Board of Peace), encabezada por el presidente de Estados Unidos. Esta junta estará integrada por líderes de Oriente Medio y Occidente y tendrá un mandato renovable de dos años bajo la supervisión de Naciones Unidas para liderar la reconstrucción de Gaza.

Esta medida forma parte del llamado plan de 20 puntos del presidente Donald Trump, que busca estabilizar la región e imponer nuevas reglas de gobernabilidad. Y aunque se contempla la inclusión de tecnócratas palestinos para las funciones administrativas cotidianas, muchos dentro del propio pueblo palestino temen, con razón, que este esquema diluya —cuando no excluya— sus aspiraciones soberanas.

La fuerza de seguridad internacional: ¿control o ocupación disfrazada?

El acuerdo también establece el despliegue de una Fuerza de Estabilización Internacional Armada encargada de garantizar la seguridad en la región y supervisar el desarme de Hamás, una de las exigencias más firmes del gobierno israelí. El inicio de esta misión de seguridad se espera para el primer trimestre de 2026.

Para muchos analistas, este punto es uno de los más controvertidos. La narrativa de una fuerza de paz internacional podría encubrir una permanencia de facto del control militar sobre el territorio palestino. Tal como lo expresó el analista político palestino Khalil Shaheen: “Nadie en Gaza ha pedido soldados extranjeros protegiendo nuestras calles. Esta no es una paz soberana, es una tutela disfrazada de reconstrucción.”

¿Y la representación palestina?

Aunque el acuerdo menciona una futura promesa de “posible camino” hacia la formación de un Estado palestino, el plan no garantiza nada en concreto. Además, Israel, bajo el liderazgo de Benjamín Netanyahu, ha reiterado su oposición a una solución de dos Estados. Por eso, muchas voces denuncian la exclusión marcada de los intereses palestinos en los mecanismos acordados.

El politólogo egipcio Ayman Khaled comentó al respecto que “una junta sin representación real de los actores palestinos no puede legitimar un nuevo orden. Es apagar un incendio dejando latente el combustible.”

La vida entre ruinas: motocross como grito de normalidad

Mientras tanto, la juventud palestina en Al Zahra ha conseguido reocupar un espacio simbólico y literalmente desierto: las dunas del centro de Gaza. Antes de la guerra, este lugar era centro de reunión, exhibición de motocross y escape de los rigores cotidianos. Ahora, las piruetas imposibles y los motores rugientes recuperan, al menos por horas, un breve aroma de libertad.

Ahmed Abu Amra, de 23 años, mostró sus acrobacias en una colina de arena mientras docenas observaban. Dijo a medios locales: “Cuando la moto está en el aire, me olvido de todo. No hay guerra, no hay ruinas. Solo viento y velocidad.”

Fotografías de niños y adultos observando estas escenas evocan una resistencia emocional ante la devastación. No se trata solo de sobrevivir, sino de marcar el terreno como suyo, de reescribir memorias sobre arenas manchadas de dolor.

¿Reconstrucción sin recursos?

Pese a los grandes anuncios sobre mandatos internacionales y autoridades compartidas, buena parte del plan sigue sin soporte financiero concreto. Las donaciones externas, claves para los planes de reconstrucción, aún no se han comprometido firmemente. La reconstrucción de infraestructuras básicas —agua, electricidad, hospitales— continúa en una espera incierta. La ONU estima que al menos 60% de la infraestructura de Gaza ha quedado destruida total o parcialmente.

Además, organizaciones civiles han alertado sobre la falta de mecanismos de transparencia y participación local en estos proyectos. ¿Quién reconstruye y para quién?

Nudos críticos: ¿por qué desarmar a Hamás no será tan fácil?

Uno de los principales escollos de la segunda fase del plan de paz es la exigencia israelí del desarme de Hamás. Aunque este punto es central para garantizar la seguridad de Israel, diversos sectores advierten la improbabilidad logística y política de una entrega total del armamento por parte del movimiento islamista.

Hamás, que ha sido catalogado como organización terrorista por numerosos países, también conserva apoyo entre ciertos sectores de la población palestina, particularmente por su resistencia al avance militar israelí. Obligarles a desarmarse sin ofrecer una alternativa política real o sin garantías territoriales claras puede alentar nuevos focos de insurgencia.

Recordando el pasado: la Franja de Gaza, rehén de su tragedia histórica

Desde 1948 y especialmente tras la ocupación israelí en 1967, Gaza ha sido epicentro de conflictos. Ya en 2005, Israel se retiró del enclave, pero mantuvo su control sobre espacios aéreos, fronteras y recursos. La llegada de Hamás al poder en 2007 provocó un bloqueo asfixiante por parte de Israel y Egipto.

Durante estos años, Gaza ha sufrido múltiples ofensivas militares, y su población —más del 70% de ella refugiada— sobrevive con servicios colapsados y necesidades humanitarias crónicas. Según datos de la ONU, más del 80% de los habitantes dependen de ayuda alimentaria externa.

La negociación que viene: ¿realismo o lavado de imagen?

Según fuentes diplomáticas, las negociaciones para la segunda fase del acuerdo comenzarán en las próximas semanas. Pero tanto diplomáticos árabes como europeos coinciden en que será una etapa “dura y compleja”, especialmente alrededor del desarme y la retirada de tropas israelíes del 50% del territorio que aún controlan.

Hasta ahora, los jóvenes de las dunas y los niños en los campamentos no han sido consultados en ninguna fase. Ni los colectivos médicos, ni las universidades destruidas, ni las mujeres que crían hijos entre ruinas. Si el proceso de paz no devuelve voz a quienes han sido silenciados, difícilmente será un proceso legítimo.

Para que Gaza vuelva a respirar en libertad, no solo se necesitan acuerdos entre presidentes y diplomáticos. Se necesita reconstrucción con dignidad, planificación con justicia y memoria que no borre a sus protagonistas.

Mientras eso sucede —si es que sucede—, las motos seguirán rugiendo. Porque el sonido de un motor desafiando el polvo tal vez sea hoy el único símbolo real de soberanía para muchos en Gaza.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press