FIFA, Trump y el Mundial 2026: ¿Fútbol o espectáculo político?

Una mirada crítica al exceso mediático del sorteo del Mundial 2026 y su inesperado protagonista principal

Cuando el fútbol se vuelve un show político

El sorteo del próximo Mundial de Fútbol 2026 se celebró en Estados Unidos de una forma que pocos podrían haber anticipado. Lo que tradicionalmente ha sido una ceremonia moderada y protocolaria, esta vez se transformó en una producción de alto calibre propio de una entrega de premios de Hollywood. Pero más que fútbol, el evento terminó girando en torno a un personaje que, como siempre, acaparó toda la atención: Donald Trump.

La ceremonia fue celebrada en el icónico Kennedy Center de Washington D.C., que ha sido objeto de polémica en los últimos tiempos por la inclusión de figuras cercanas al expresidente entre sus directivos. Trump, además de aprovechar el momento, recibió nada menos que el primer 'Premio de la Paz de la FIFA', una distinción que parece haber sido creada exclusivamente para él.

FIFA como "proveedor oficial de la felicidad"

Las palabras del presidente de FIFA, Gianni Infantino, fueron casi tan llamativas como el premio entregado. Definió a la FIFA como “el proveedor oficial de felicidad para la humanidad”. Esta declaración, que parece sacada de una comedia, suena irónica si se contextualiza con las múltiples investigaciones por corrupción que han manchado a la organización durante décadas.

Recordemos que entre 2015 y 2019, varios dirigentes de la FIFA fueron acusados de recibir sobornos y participar en una red de lavado de dinero, lo cual derivó en la renuncia del entonces presidente Sepp Blatter y una reestructuración forzada de la institución. Todo esto subraya la contradicción de los mensajes solemnes emitidos durante el evento. Infantino parece haber elegido el espectáculo por encima de la coherencia institucional.

Una producción digna de Broadway

El evento reunió a una cantidad impresionante de celebridades. Desde los cantantes Robbie Williams, Nicole Scherzinger y Lauryn Hill, hasta deportistas consagrados como Shaquille O’Neal, Tom Brady, Wayne Gretzky y Aaron Judge. Además, los anfitriones principales fueron el comediante Kevin Hart y la supermodelo Heidi Klum.

Todo esto podría parecer una estrategia de marketing efectiva, pero también genera preguntas legítimas: ¿dónde termina el fútbol y comienza el circo? ¿Realmente necesitamos una ceremonia de más de dos horas, con interpretaciones musicales, discursos presidenciales y desfiles de celebridades, para sortear grupos de fútbol?

Trump, el protagonista indiscutible

La figura del expresidente Trump estuvo presente en cada rincón del evento. Desde su baile característico con la canción "YMCA" de Village People hasta su aparición en el escenario para recibir una medalla de oro por la “paz”, Trump se comportó como el showman que siempre ha sido. Cerrando con broche de oro, el tenor italiano Andrea Bocelli interpretó “Nessun Dorma”, una de las piezas favoritas del expresidente.

Durante la ceremonia, y en presencia de dignatarios de México y Canadá, el protagonismo se desvió del Mundial hacia la figura de Trump. Esto contrasta profundamente con la edición del Mundial de 1994, también celebrada en EE.UU., donde el entonces presidente Bill Clinton ni siquiera asistió al sorteo.

Un sorteo hinchado y complicado

Más allá del espectáculo, la parte técnica del sorteo también fue todo un desafío. El Mundial de 2026 será el primero en contar con 48 selecciones, divididas en 12 grupos de cuatro equipos. Este nuevo formato causó confusión entre muchos televidentes, al punto que incluso comentaristas deportivos como Wayne Gretzky tropezaron con la pronunciación de nombres de países como Curazao y Macedonia del Norte.

Además, seis plazas aún están por definirse en los repechajes de marzo de 2026, por lo que FIFA debió incorporar “equipos comodines” en el sorteo, lo que restó claridad y emoción a muchos tramos de la ceremonia. A ello se suma la política de evitar choques continentales en la fase de grupos (excepto Europa), que complicó aún más el procedimiento.

Irán y el componente diplomático del torneo

Uno de los aspectos más delicados de este sorteo y del torneo en general es la participación de Irán en un evento coorganizado por Estados Unidos, país con el que las relaciones diplomáticas son tensas desde hace décadas.

Irán fue uno de los países incluidos en la prohibición de viaje emitida por la administración Trump en junio. Aunque la FIFA ha garantizado el acceso de jugadores y cuerpos técnicos, muchos fans iraníes podrían no obtener visas para asistir a los partidos en suelo estadounidense.

Irán iniciará su campaña mundialista enfrentando a Nueva Zelanda el 15 de junio en Seattle o Inglewood, California. Sus siguientes partidos podrían ser en cualquiera de las tres naciones anfitrionas: EE.UU., Canadá o México. La participación de la selección iraní, conocida como Team Melli, ya ha generado tensiones diplomáticas e incluso un amago de boicot al sorteo por parte de algunos funcionarios iraníes que no obtuvieron visas para participar.

La FIFA como reflejo del mundo moderno

Toda esta puesta en escena plantea una pregunta profunda sobre el papel del fútbol en la sociedad actual. ¿Debe el deporte mantener una apariencia neutral o es inevitable que se vea influenciado por intereses políticos y de entretenimiento?

En décadas pasadas, eventos como el Mundial eran organizados con sobriedad y un claro enfoque deportivo. Hoy, sin embargo, el fútbol ha sido absorbido por la maquinaria del espectáculo global, en la que los intereses políticos, mediáticos y económicos modelan su narrativa tanto como los goles y los partidos.

El sorteo del Mundial 2026 ha dejado en evidencia que, para la FIFA, el fútbol es tanto negocio como deporte. Y si ese negocio implica homenajear a líderes polémicos, convertir el sorteo en un reality show o disfrazar de paz una estrategia de posicionamiento, lo hará sin titubear.

¿Y el fútbol?

Entre tanto ruido mediático, finalmente se realizó el sorteo. Estados Unidos quedó en el Grupo D junto a Australia, Paraguay y un equipo por definir. Francia deberá enfrentarse a Noruega y Senegal en un grupo que promete emoción y talento. Brasil volverá a cruzarse con Escocia, una tradición que se repite en cinco de los últimos siete Mundiales. Irán, por su parte, tiene una combinación de rivales poco común con Nueva Zelanda, y posiblemente selecciones que aún deben clasificar.

Pero todo esto pareció relegado a un segundo plano frente al espectáculo montado por FIFA y capitalizado por Trump. En una era donde la línea entre política, deporte y entretenimiento se desvanece cada vez más, cabe preguntarse: ¿será el Mundial 2026 recordado por el fútbol o por su circo?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press