Las mujeres que pilotan drones están cambiando la guerra en Ucrania

De cocinas a cuarteles: cómo la tecnología está empoderando a las mujeres en las Fuerzas Armadas ucranianas

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La revolución silenciosa del frente ucraniano

En Kharkiv, una ciudad cercana al frente oriental de Ucrania, una nueva generación de combatientes está redefiniendo lo que significa servir en el ejército. Los rostros de esta revolución no son solo los de soldados endurecidos por años de conflicto, sino de mujeres jóvenes que, armadas con controladores y FPV drones, están transformando la guerra moderna. Entre ellas, destaca Monka, una exgerenta de restaurante de 26 años que abandonó su vida en el extranjero para convertirse en piloto de drones explosivos.

Una de sus reflexiones describe con claridad esta nueva manera de combatir: "El hecho de que la tecnología nos permite entregar municiones sin tener que cargarlas físicamente o correr hasta la línea del frente, es increíble", dijo desde el Batallón de Sistemas No Tripulados del Tercer Cuerpo de Ejército.

Un aumento sin precedentes en mujeres militares

Según el Ministerio de Defensa de Ucrania, en 2025 más de 70,000 mujeres sirven en las Fuerzas Armadas, un aumento del 20% en comparación con 2022. De ellas, más de 5,500 han sido desplegadas directamente en el frente. Esta cifra marca un cambio transformador en un ejército históricamente masculino y conservador.

En este contexto, el papel de la tecnología ha sido crucial. La guerra moderna ya no se libra solo con fusiles. Ahora se trata de codificación, navegación satelital y drones equipados con cámaras y explosivos. El cambio ha hecho que los roles tradicionalmente asociados a los hombres ahora estén disponibles para cualquier persona con habilidades técnicas.

Imla: de jugadora de hockey a piloto de drones

Uno de los casos más inspiradores es el de Imla, una exjugadora de hockey profesional que, al unirse al ejército, planeaba ser paramédica de combate. Tras seis meses en esa función, aprendió a manejar drones y poco después se convirtió en piloto a tiempo completo. Su primer vuelo fue una misión de reconocimiento: "Estaba tan nerviosa que me temblaban las manos, incluso quería llorar", recuerda. Sin embargo, hoy opera drones armados como si fuera una extensión de su propio cuerpo.

Figuras como Imla simbolizan las nuevas dinámicas en una guerra donde los joysticks y los software de reconocimiento son tan importantes como los rifles. Su historia también habla de valentía, aprendizaje y adaptación.

Khartiia: pioneros en inclusión militar femenina

El Corps Khartiia ha liderado esta inclusión. Desde 2024, ha visto un aumento del 20% en mujeres combatientes. En colaboración con la Fundación Dignitas, lanzó una campaña de reclutamiento dirigida directamente a mujeres para funciones de combate y roles tecnológicos. Según Volodymyr Dehtyarov, responsable de relaciones públicas, "cuanta más tecnología tengamos, más profesiones históricamente masculinas estarán abiertas".

Khartiia también ha comenzado a formar oficiales y futuros comandantes en liderazgo de unidades mixtas. Esta preparación tiene como objetivo combatir prejuicios arraigados y fomentar un liderazgo militar más eficaz y equitativo.

Obstáculos persistentes en un ejército tradicional

No todo ha sido una marcha triunfal. Yaha, una soldado de 25 años, recuerda su frustración al ser asignada a la cocina cuando pidió asistir a un curso de drones. “Fue desagradable porque no esperaba estas condiciones incómodas ni restricciones tan estrictas”, explicó.

Sin apoyo institucional, estudió por su cuenta en cibercafés y simuladores hasta convertirse en piloto de drones bombarderos en la Novena Brigada. “La guerra no es glamorosa. Es dolor, sufrimiento y pérdida. Pero lo haces porque quieres cambiar la situación”.

Chibi y el submundo tecnológico del frente

A sus 20 años, Chibi trabaja en condiciones extremas como técnica de FPV. Desde un sótano húmedo cerca de la línea del frente, prepara drones para misiones. Aunque enfrentó también prejuicio de sus compañeros hombres, uno la apoyó lo suficiente como para demostrar su talento. Hoy, no solo maneja la tecnología, sino que la domina.

Con el cabello teñido de rosa y azul oscuro, afirma: "Necesitamos más mujeres en el ejército. Cuantas más haya, mejor será el trato hacia nosotras".

Los drones: el nuevo rostro de la guerra

Para Olha Meloshyna, portavoz de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, el crecimiento de mujeres en esta unidad es evidente. Aunque solo representan el 4.2% del total, su participación está en aumentó constante. Subraya que en esta unidad nunca han hecho distinciones de género, sólo cuentan la motivación y el desempeño.

Somos parte del nuevo ejército ucraniano. Lo que importa es el deseo y la preparación”, afirmó. Actualmente, están preparando una campaña para reclutar 15,000 personas más —hombres y mujeres— para roles tecnológicos y de combate.

Ningún dron es autónomo. Necesita intervención humana. Cuanto más personal tengamos, más drones volarán hacia Rusia”, concluyó Meloshyna.

Innovación, inclusión y futuro

Esta transformación en las filas ucranianas no solo ofrece un modelo para otros países, sino que demuestra cómo la tecnología puede democratizar el acceso a roles esenciales en condiciones de guerra. Mientras las negociaciones de paz buscan una resolución al conflicto, la guerra se sigue librando no solo en trincheras sino también desde sótanos improvisados, laptops y controles remotos.

Las mujeres como Monka, Imla, Yaha y Chibi no sólo desmienten la idea de que la guerra es cosa de hombres, sino que reescriben la historia del conflicto en Ucrania usando firmware, hélices y visión en primera persona como sus principales armas.

Su participación no es simbólica: es real, concreta, y posiblemente, decisiva en el curso del conflicto.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press