¿Está roto el fútbol americano universitario? La lucha por el control del NIL en la era del caos

Entre reclamos por legislación, presión a los congresistas y millones en juego, el college football vive un momento definitorio

Por años, el fútbol americano universitario en Estados Unidos funcionó como un ecosistema cerrado, amateur y, sobre todo, lucrativo... pero para todos excepto los jugadores. La entrada del acuerdo NIL (Name, Image & Likeness) en 2021 —que permite a los atletas monetizar su imagen, nombre y semejanza— cambió radicalmente el panorama. Desde entonces, el debate sobre cómo regular este nuevo orden ha escalado hasta el Congreso.

¿Qué es el NIL y por qué hay tanto alboroto?

Antes de 2021, los atletas universitarios en la NCAA no podían recibir ninguna compensación financiera, más allá de becas educativas. Sin embargo, tras una lucha legal, varias legislaciones estatales y una creciente presión pública, la NCAA permitió que los jugadores lucraran con su NIL. Esto significa que cualquier jugador ahora puede firmar contratos publicitarios, hacer promociones o participar en campañas... como cualquier otro influencer.

Sin embargo, lo que se presentó como una victoria por los derechos de los atletas ha tenido un costo inesperado: una industria en crisis de identidad y rumbo.

Brett Yormark alza la voz

Desde el corazón del Big 12 Championship Game, el comisionado Brett Yormark lanzó una advertencia clara:

“La Cámara de Representantes debe hacer lo correcto por más de 500,000 atletas universitarios y aprobar el SCORE Act. Debemos proteger su futuro, su bienestar y su trato justo. ¡Ellos merecen acción, no excusas!”

La legislación en cuestión, respaldada por la NCAA, el Comité Olímpico Estadounidense y la Casa Blanca, busca establecer marcos regulatorios para evitar que los acuerdos NIL se conviertan en una carrera desbocada por fichar talentos en base a chequeras más que a proyectos deportivos.

El dinero como juez supremo

En la práctica, muchos de estos acuerdos NIL alcanzan cifras millonarias. Yormark ha indicado que el gasto sin límite en reclutamiento y retención de talento universitario puede desequilibrar las conferencias, incluso más que la ampliación del College Football Playoff.

Scott Frost, entrenador de la Universidad de Central Florida (UCF), ha dicho que el fútbol universitario está “roto” precisamente por este tipo de dinámicas. Para ilustrarlo, Frost recordó su época como entrenador en 2017 cuando UCF logró un récord perfecto de 13-0... y aún así quedó fuera del playoff, que en ese momento tenía apenas cuatro equipos.

Ahora, en medio de un mercado altamente competitivo donde nombres como Caleb Williams, Arch Manning o Travis Hunter podrían generar millones antes de ser profesionales, la equidad entre universidades ricas y pobres está más amenazada que nunca.

¿Qué es el SCORE Act y por qué genera polémica?

El SCORE Act (Strengthening Collegiate Opportunities and Requirements for Education) propone establecer estándares nacionales para los contratos NIL y limitar la capacidad de universidades y terceros (boosters) de usarlos como incentivos puros para reclutar.

Sus detractores argumentan que la ley le daría demasiado poder a la NCAA, una organización criticada durante décadas por la explotación de talentos sin contraprestación económica. “No se puede regular una industria pretendiendo que no ha cambiado”, han reclamado analistas como Paul Finebaum de ESPN.

¿Hacia dónde se dirige el College Football?

La expansión del College Football Playoff (CFP) a 12 equipos ha sido aplaudida por algunos como un esfuerzo por democratizar el acceso al título nacional. Pero Yormark va más allá: propone una postemporada de 16 equipos, con cinco cupos automáticos y 11 wild-cards.

“Con 136 equipos en la FBS, 12 no es suficiente. Necesitamos más acceso por todas las razones correctas”, sentenció.

Sin embargo, también fue realista y aclaró que probablemente no se logre ampliar el formato para 2026 a pesar de la prórroga de ocho semanas que pidió la NCAA. “No podemos apresurar esto. Hay consecuencias no previstas. Estamos en el laboratorio y trabajando”, dijo.

Escenarios posibles y consecuencias

Si no se regula pronto el NIL, se corre el riesgo de volver aún más difícil la competencia para universidades con presupuestos menores. Por su parte, los atletas podrían ser manipulados desde jóvenes para rendir económicamente más que en la cancha. Según el observatorio OpenDorse —una de las plataformas que gestiona contratos NIL— los acuerdos actuales varían desde unos pocos cientos de dólares hasta contratos de más de siete cifras anuales.

Un caso paradigmático es el de Jayden Rashada, quien había llegado a un contrato NIL prometido de $13 millones en la Universidad de Florida, pero terminó sin jugar ni un sólo partido tras disputa contractual. ¿Está ahora el college football gobernado por agentes, abogados y ejecutivos más que por entrenadores?

La ética en juego

El reclamo ético no es menor: ¿Cómo garantizar que los atletas que, en muchos casos, aún no cumplen 20 años, estén protegidos legal, fiscal y psicológicamente frente a contratos de dimensiones profesionales?

Algunos estados ya han impuesto restricciones como límites de edad, aprobación parental y autorizaciones educativas, pero sin una regulación federal, los vacíos legales abundan. La NCAA ha pedido actuar en bloque, pero para muchos eso representa reeditar un sistema centralizado que benefició poco a los jugadores por décadas.

¿Revolución o caos regulatorio?

Lo que está claro es que el fútbol americano universitario está en una encrucijada histórica. Incluso los conservadores más tradicionales comienzan a aceptar que el statu quo murió. Lo que está por definirse es si el nuevo orden será regulado de manera sostenible o si caerá víctima de abusos, desigualdades y deslegitimación.

Y, en última instancia, se define también si los atletas universitarios serán verdaderos beneficiarios de su esfuerzo o simples peones en este ajedrez económico.

El legado, la tradición y la emoción del deporte quedan en juego. El Congreso tiene la pelota... ahora hay que ver si va a anotar o dejar pasar la oportunidad histórica.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press