Afganistán y Pakistán al borde del abismo: ¿por qué el fuego en la frontera nunca se extingue?

La última escalada de violencia fronteriza entre los dos países revela tensiones históricas no resueltas y la fragilidad de los acuerdos de alto el fuego

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El pasado fin de semana, el mundo fue testigo de otra escalada de violencia entre Afganistán y Pakistán, después de un enfrentamiento a lo largo de la tensa frontera que comparten. El intercambio de disparos nocturno dejó cinco civiles afganos muertos —incluidos tres niños y una mujer— y heridas a otras ocho personas en total, tanto del lado afgano como del paquistaní.

Una frontera marcada por la sangre

La región de Spin Boldak, en la sureña provincia de Kandahar, nuevamente se convirtió en escenario de destrucción cuando fuerzas de ambos países volvieron a enfrentarse a pesar de una tenue tregua mediada por Qatar desde octubre pasado. Los muertos y heridos son solo un capítulo más en una larga historia marcada por la desconfianza, los intereses cruzados y la crisis regional permanente.

Desde la retirada de las tropas estadounidenses en 2021 y el regreso del poder talibán en Afganistán, las relaciones entre Islamabad y Kabul se han deteriorado aún más, influidas en parte por el papel del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo terrorista que aunque técnicamente separado de los talibanes afganos, mantiene fuertes lazos con ellos.

¿Qué sucede en la frontera?

Ambas naciones se acusan mutuamente de iniciar el fuego. Según Ali Mohammad Haqmal, director de información del distrito afgano de Spin Boldak, los soldados paquistaníes comenzaron el ataque arrojando una granada. Afganistán, afirma, se contuvo por 15 minutos antes de responder por una hora y luego cesó el fuego. Sin embargo, la parte paquistaní señala que el tiroteo fue iniciado del lado afgano, obligando a sus tropas a responder para proteger el cruce fronterizo de Chaman.

En medio del caos, se encuentra atrapada la población civil. Las víctimas son, regularmente, personas ajenas a la lógica de guerra: mujeres, niños, comerciantes... Vidas truncadas por los caprichos de una violencia crónica e impune.

Chaman y Spin Boldak: rutas estratégicas y peligrosas

Estos pasos fronterizos son fundamentales no solo para el comercio regional, sino también para el tránsito de refugiados y ayuda humanitaria. En ese contexto, el anuncio de Pakistán de que permitirá al ONU enviar ayuda a Afganistán a través de Chaman y Torkham alivió momentáneamente la situación humanitaria. Pero, como vimos, fue apenas un respiro. Al día siguiente ya se escuchaban explosiones y disparos.

El comercio bilateral, que alguna vez se valorizó en más de 1.000 millones de dólares al año, ha caído abruptamente desde el retorno Talibán al poder. Las tensiones no solo afectan a ambos gobiernos, sino también a miles de comerciantes, transportistas y familias que dependen de la ruta para sobrevivir.

Un alto el fuego que pende de un hilo

La tregua negociada por Qatar desde octubre sigue técnicamente en pie, pero ya ha sufrido múltiples violaciones. La diferencia hoy es que las provocaciones no provienen únicamente de elementos insurgentes, sino también de las fuerzas regulares de los países en conflicto. La confianza mutua se ha erosionado al punto en que cualquier incidente menor puede derivar en otro episodio grave.

La violencia fronteriza ha aumentado dramáticamente desde octubre, cuando explosiones en Kabul —atribuídas por los Talibanes a agentes paquistaníes— encendieron nuevamente el avispero. En represalia simbólica o real, los combates directos ya han dejado decenas de muertos y cientos de heridos desde entonces.

TTP: el oscuro nexo entre Kabul, Islamabad y el extremismo

Pakistán acusa con insistencia al TTP de ser responsable de los ataques dentro de su territorio y a los Talibanes afganos de cobijarlos. Aunque no se ha podido demostrar de manera contundente una colaboración estatal directa, los altos mandos del TTP disfrutan de relativa impunidad dentro de Afganistán. Islamabad asegura que muchos de sus líderes encontrados en sus operaciones de inteligencia provienen de bases al otro lado de la frontera.

Solo en el último mes, nueve militantes del TTP fueron abatidos en dos operaciones diferentes dentro de la provincia paquistaní de Khyber Pakhtunkhwa, que limita con Afganistán. Esto evidencia la continua amenaza que representa el grupo extremista, cuyos ataques se han multiplicado desde 2021.

¿Paz posible?

En medio de este panorama, muchos se preguntan si aún es posible un acuerdo de paz más duradero. Organismos como la ONU y estados mediadores como Qatar y China han intentado suavizar las tensiones con esfuerzos diplomáticos que hasta ahora no han pasado de ser paliativos.

El propio portavoz del primer ministro de Pakistán, Mosharraf Zaidi, declaró en la red social X: “El régimen talibán volvió a recurrir a disparos no provocados a lo largo de la frontera de Chaman”. También aseguró que las fuerzas paquistaníes permanecen en máxima alerta para proteger su soberanía e integridad territorial.

La respuesta desde Afganistán ha insistido en que su lado se mantiene comprometido con el alto el fuego y que cada ataque es una provocación unilateral proveniente del sur. Estas declaraciones solo confirman lo evidente: no hay un relato compartido de la realidad, y sin eso, no puede haber confianza ni soluciones.

Papel internacional y perspectiva histórica

Los actuales enfrentamientos no pueden analizarse fuera del legado del Durand Line, la línea divisoria impuesta unilateralmente por los británicos en 1893 entre la India colonial (hoy Pakistán) y el Emirato de Afganistán. Kabul nunca ha reconocido esta frontera, lo cual crea una base de tensión histórica sin resolver.

Con casi 2.600 km de extensión, esta frontera montañosa es difícil de controlar y ha sido históricamente utilizada por militantes de ambos lados para escabullirse, lo que acarrea constantes acusaciones mutuas. Las intervenciones externas, incluyendo la de EE.UU. hasta 2021, han fallado en pacificar la región de forma permanente.

En este 2024 marcado por nuevas guerras en otras partes del planeta, la violencia entre Afganistán y Pakistán puede parecer un conflicto olvidado, pero tiene potencial de estallar y tener un impacto regional de gran magnitud. Irán, China, India y Rusia miran muy de cerca estos acontecimientos, sabiendo que la estabilidad de Asia Central pende de un frágil equilibrio.

¿Qué sigue?

Mientras los analistas debaten sobre las posibles salidas diplomáticas, las víctimas siguen apilándose. La reconstrucción de la confianza bilateral requiere algo más que comunicados oficiales: necesita voluntad genuina, garantías verificables y el aislamiento de los grupos extremistas que utilizan el caos como plataforma para avanzar sus propias agendas.

La comunidad internacional, por su parte, enfrenta un desafío ético: ¿permanecer indiferente ante el sufrimiento civil en esta región? ¿O intervenir diplomáticamente antes de que sea demasiado tarde?

Si la historia sirve de advertencia, lo que sucede en la frontera afgano-paquistaní no se queda ahí. A menudo es el preludio de nuevas crisis regionales. El momento de actuar es ahora.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press