El nuevo rostro del terror en Mali: África Corps y el legado criminal de Wagner

Civiles huyen en masa mientras una unidad militar rusa, respaldada por el gobierno de Mali, impone una brutal campaña de violencia en la región del Sahel

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Un cambio de nombre, no de método

En los confines del Sahel —una vasta franja de tierra árida que atraviesa el corazón de África Occidental— una nueva fuerza paramilitar ha tomado el relevo del infame grupo Wagner. Se trata del África Corps, supuestamente formalizado bajo el Ministerio de Defensa ruso. Esta reorganización, lejos de representar un giro hacia la moderación, ha perpetuado, e incluso recrudecido, una política de tierra arrasada que ha sumido a la población civil de Mali en una pesadilla de violencia, desapariciones, abusos sexuales y mutilaciones.

Este artículo busca ir más allá del simple reporte de hechos y ofrecer un análisis profundo del impacto que tiene el África Corps en la estabilidad regional, en la legitimidad de las autoridades malienses y en la responsabilidad del Estado ruso frente a violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Wagner: una máquina de guerra con historia sangrienta

El Grupo Wagner surgió como una fuerza mercenaria con vínculos tácitos con el Kremlin. Aunque oficialmente no formaba parte del Estado ruso, operaba con apoyo logístico, armamentístico y político del mismo. Se ganó notoriedad por su participación en conflictos en Siria, Libia, Ucrania y, particularmente, en África. En Mali, desde 2021, Wagner colaboró estrechamente con el ejército para combatir a insurgentes islamistas afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico.

La estrategia de Wagner se caracterizó por una violencia desenfrenada que despreciaba las reglas del conflicto armado. Organizaciones de derechos humanos han documentado decenas de masacres, violaciones, secuestros y asesinatos selectivos contra civiles, sobre todo de etnia fulani, sospechosos frecuentes en la narrativa oficial de colaborar con los yihadistas.

Tras la muerte de su líder, Yevgeny Prigozhin, en un misterioso accidente aéreo en 2023 —meses después de su fallida insurrección en Rusia— Wagner fue oficialmente desmantelado o reintegrado bajo control directo del Ministerio de Defensa. Así nació África Corps, una "nueva" unidad cuya operativa replica (o incluso supera) la brutalidad de su antecesor.

Un nuevo capítulo de horror: África Corps toma el relevo

En los últimos seis meses, múltiples refugiados malienses en la frontera con Mauritania han ofrecido testimonios espeluznantes a periodistas internacionales. Lo que debía ser un proceso de profesionalización bajo la tutela estatal rusa, se ha convertido en una estrategia sistemática de terror.

  • 34 refugiados entrevistados describen asesinatos indiscriminados, decapitaciones y desapariciones forzadas de civiles.
  • Vídeos muestran aldeas carbonizadas y cadáveres mutilados, con órganos sustraídos, como hígados y riñones.
  • Se reportan violaciones masivas y secuestros de mujeres jóvenes.
  • Testimonios afirman que los militares rusos, a veces junto al ejército maliense, llaman a los lugareños “pes” —perros en ruso— antes de ejecutar o golpear a las víctimas.

Una madre, Mougaloa, relató cómo vio morir degollado a su hijo de 20 años después de responder negativamente sobre si había visto insurgentes. Más tarde, su hija mayor, Fatma, fue secuestrada, y hasta el cierre de este reporte, su paradero es desconocido.

La impunidad compartida: Mali y Rusia

El gobierno de transición militar de Mali jamás ha reconocido oficialmente la presencia de Wagner ni del África Corps. Sin embargo, los medios estatales rusos han difundido imágenes de tropas rusas “defendiendo al pueblo maliense de los terroristas”, y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia ha confirmado la presencia del África Corps “a petición de las autoridades malienses”.

He aquí un grave dilema legal y moral: si el África Corps actúa integrado oficialmente en el Ministerio de Defensa ruso, sujeto al derecho internacional, sus acciones pueden atribuirse directamente al Estado ruso. Así lo argumenta la directora Lindsay Freeman, del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de California, Berkeley.

“A diferencia de Wagner, el África Corps puede ser considerado una extensión estatal. Sus crímenes podrían caer bajo jurisdicciones internacionales contra el gobierno ruso”, afirma Freeman.

El Sahel: tierra de nadie y todos

El Sahel es hoy por hoy la región más mortífera del mundo en términos de violencia extremista. Solo en 2022, se reportaron más de 6.000 muertes relacionadas con actividades de grupos yihadistas, según el ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project). Sin embargo, el verdadero terror ya no proviene exclusivamente de los insurgentes islamistas. Son los abusos desde el Estado y sus aliados mercenarios los que encuentran menos canales de denuncia.

Tal como lo plantea el experto Heni Nsaibia de ACLED:

“Los civiles están entre la espada y la pared. Si colaboran con el ejército, los matan los yihadistas. Si no colaboran, los matan las fuerzas de seguridad.”

Una guerra sin rostro

Hay algo especialmente aterrador en la opacidad del África Corps. Los testimonios apuntan a soldados blancos y otros de tez oscura, probablemente reclutados en países africanos aliados de Rusia. El European Council on Foreign Relations ha revelado que se están reclutando combatientes en Rusia, Bielorrusia, Sudán y República Centroafricana.

Se calcula que el África Corps tiene unos 2.000 efectivos, pero la falta de monitoreo internacional hace que estos datos sean poco confiables. Las ONGs apenas pueden operar en las zonas más afectadas, y el gobierno maliense impone restricciones duras a periodistas extranjeros.

Costo humano de la militarización rusa

Las acciones del África Corps no solo constituyen crímenes de guerra, sino también una forma de limpieza étnica encubierta. La insistencia en atacar comunidades fulani, a pesar de su diversidad ideológica y religiosa, refleja patrones de persecución que podrían incorporarse a investigaciones de la Corte Penal Internacional.

En 2023, múltiples ONG, incluyendo Amnistía Internacional y Human Rights Watch, exigieron la apertura de una investigación formal. Sin embargo, falta voluntad política regional e internacional para poner límites a la creciente influencia militar rusa en África.

La responsabilidad de la comunidad internacional

Mali, junto con Burkina Faso y Níger, ha cortado lazos con misiones occidentales como la MINUSMA de Naciones Unidas. Esta decisión, sumada al acercamiento a Rusia, ha dejado un vacío de rendición de cuentas y ha consolidado la impunidad. Queda la pregunta: ¿Hasta cuándo mirará el mundo hacia otro lado?

Quizás el caso del África Corps y su continuidad con Wagner sea clave para reformular cómo se entienden los crímenes estatales mediante proxy. Si el uso de mercenarios reempaquetados como unidades formales se convierte en modelo, se abrirá la puerta a una nueva era de guerras sin ley y violencia sin responsable.

La sangre derramada en Mali exige justicia, claridad y responsabilidad internacional.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press