La segunda era Trump: ¿Justicia selectiva, revisionismo histórico y militarismo sin freno?
Entre indultos masivos, represión de fiscales y decisiones polémicas, la nueva administración de Donald Trump parece decidida a reescribir la historia y redibujar los límites del poder presidencial
Una detención, muchas preguntas
La reciente detención de Brian Cole Jr., acusado de colocar dos bombas caseras frente a las sedes de los partidos Republicano y Demócrata el 5 de enero de 2021, ha sido presentada por la actual administración de Donald Trump como una muestra de su compromiso para proteger la nación. Sin embargo, ha dejado aún más claro el silencio ensordecedor que rodea a los hechos del 6 de enero de ese mismo año: la violenta irrupción al Capitolio por parte de simpatizantes del entonces presidente.
Mientras el fiscal general y otros altos funcionarios del Departamento de Justicia se apresuraban a declarar que cualquier ataque contra las instituciones estadounidenses sería severamente castigado, ni una sola mención se hizo a los cientos de oficiales heridos durante los disturbios del 6 de enero. ¿Qué dice esto sobre el compromiso real de la administración con la justicia?
El revisionismo de la insurrección
Michael Romano, exfiscal federal que procesó a varios alborotadores, lo dijo sin rodeos: "La administración ha intentado blanquear la violencia del 6 de enero porque los responsables eran partidarios del presidente". Y ese es solo un ejemplo de cómo la segunda administración Trump parece decidida a reescribir los episodios más oscuros de su propia historia.
Numerosos fiscales que trabajaron en los casos del asalto al Capitolio han sido despedidos, reasignados o dejado en el limbo administrativo. Incluso se ha pedido a la FBI que revele los nombres de los agentes involucrados en estas investigaciones, lo que muchos consideran una antesala a una depuración masiva.
Indultos a medida y lealtades premiadas
El día que Trump retomó el poder en enero de 2025, firmó un decreto controvertido: el perdón a todos los participantes procesados por su implicación en la insurrección del 6 de enero. Más de 1,500 personas, incluidos algunos captados en video golpeando brutalmente a agentes con muletas, palos e incluso una tabla de madera, fueron exonerados. Y lo más alarmante es que muchos fiscales afirman que esta amnistía se dio sin ninguna revisión detallada de los casos individuales.
En paralelo, figuras cercanas a Trump han cambiado radicalmente su discurso desde que asumieron roles oficiales. Kash Patel, hoy director del FBI, llegó a defender públicamente a los insurrectos llamándolos "prisioneros políticos" cuando era comentarista. Ahora declara que actuará con dureza contra cualquier amenaza… excepto, al parecer, si esta amenaza proviene del entorno trumpista.
Cultura, símbolos y manipulación patriótica
Pero el intento de reescribir la historia no se limita a los tribunales. La administración ha cambiado las fechas de acceso gratuito a los parques nacionales, sustituyendo días emblemáticos de la historia afroamericana –como el Día de Martin Luther King Jr. y Juneteenth (la conmemoración del fin de la esclavitud)– por el cumpleaños de Trump, el 14 de junio.
Organizaciones como la National Parks Conservation Association han protestado por esta medida, señalando que estos días no solo reconocen figuras históricas, sino que también se utilizan para actividades comunitarias de servicio y reflexión. Kristen Brengel, portavoz de la organización, lamentó: "Eliminar días que celebran los logros de los afroamericanos es una señal clara del rumbo ideológico de esta administración".
El simbolismo va aún más lejos: desde su intento de renombrar el Instituto de la Paz estadounidense hasta propuestas de poner su cara en el Monte Rushmore o en el billete de 100 dólares. Parece claro que Trump quiere ser recordado no por lo que hizo, sino por cómo logró imponerse en los espacios más emblemáticos de la identidad nacional.
Intervenciones militares sin freno
En la esfera internacional, la actual política exterior de Trump, representada por su secretario de Defensa Pete Hegseth, ha dado un giro militarista que recuerda más al combate al terror post 11-S que a una estrategia diplomática moderna. Recientemente se autorizaron ataques a embarcaciones sospechosas de pertenecer a cárteles de droga, resultando en al menos 87 muertes, sin una investigación clara sobre la proporcionalidad o legalidad de las acciones.
“Si traes drogas en un bote, te hundiremos”, declaró Hegseth con total convicción, reforzando la noción de que cualquier acción militar es válida si se justifica bajo la bandera del patriotismo. Comparó estas acciones con la guerra contra Al-Qaeda, a pesar de que numerosos expertos han señalado claras diferencias con el narcotráfico.
Además, en un tono más alarmante, se ha prometido reanudar pruebas nucleares para “igualar” las capacidades de China y Rusia, una política que aleja a EE.UU. de décadas de diplomacia y desarme progresivo. ¿Está el país ante un retroceso político y ético sin precedentes?
Más allá del partidismo: ¿Hacia un Estado personalista?
No se puede ignorar que estos cambios forman parte de una tendencia más amplia: personalizar las instituciones del Estado alrededor de una única figura. Ya sea el sistema judicial, el sistema de parques nacionales, las fuerzas militares o incluso la política internacional, todo parece girar alrededor de la figura de Trump y de sus intereses personales y simbólicos.
Los datos respaldan esta alarmante deriva:
- Desde su reelección, al menos 27 fiscales federales vinculados a los eventos del 6 de enero han sido retirados o transferidos.
- El cambio en los días de acceso gratuito a parques afecta directamente a cientos de organizaciones comunitarias negras, muchas de las cuales planificaban actividades de servicio y reflexión en MLK Day.
- El 72% de los ataques ejecutados contra embarcaciones en el último año no contaban con pruebas concluyentes de pertenencia a organizaciones criminales, según fuentes del Congreso.
¿Qué está en juego?
Estamos ante un momento definitorio para la democracia estadounidense. La reescritura de la historia, el castigo a quienes protegen el Estado de derecho, y el enaltecimiento autopromocional de la figura presidencial no solo representan una ideología, sino un modelo político que amenaza con desmantelar los principios fundacionales del país.
Los estadounidenses —y el mundo— deben decidir si están dispuestos a seguir normalizando esta nueva realidad, o si levantarán la voz por un país donde la justicia, la memoria y la democracia no sean selectivas ni manipuladas por intereses personales. Como dijo alguna vez Martin Luther King Jr.: "La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes".
