Navidad en Belén: Un símbolo de resiliencia en medio del conflicto

A pesar del dolor, la ocupación y una guerra devastadora en Gaza, la ciudad sagrada de Belén se aferra a la esperanza con celebraciones navideñas que resisten al miedo y al olvido.

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Belén renace en Navidad pese al conflicto

Durante casi dos años, la icónica ciudad de Belén, considerada tradicionalmente como el lugar de nacimiento de Jesucristo, permaneció envuelta en sombras. Calles vacías, negocios cerrados y un aire de luto constante fueron la tónica desde el estallido de la guerra entre Israel y Hamás en octubre de 2023. Sin embargo, en diciembre de 2025, algo distinto comenzó a palpitar en el corazón del mundo cristiano: una chispa de vida volvió a iluminar la Plaza del Pesebre, y con ella, la esperanza de todo un pueblo.

En esta crónica nos sumergimos en lo que ha significado el retorno —aunque tenue— de las celebraciones navideñas en Belén. Más que luces y villancicos, esta Navidad simboliza resistencia, fe y supervivencia en una región que, aunque golpeada por el conflicto, se niega a perder su esencia humana.

La guerra silenció las campanas

El 7 de octubre de 2023 marcó un punto de quiebre. El mortífero ataque de Hamás sobre el sur de Israel desató una respuesta militar sin precedentes. La Franja de Gaza fue blanco de bombardeos constantes, marchando hacia una de las crisis humanitarias más graves en décadas: más de 70,000 palestinos muertos, según informó el Ministerio de Salud gazatí. Aunque Belén se encuentra en la Cisjordania ocupada, la reverberación de la guerra dejó cicatrices profundas también allí.

Las celebraciones navideñas se suspendieron por completo en 2023 y gran parte de 2024. La ciudad, con una población de mayoría musulmana que depende en un 80% del turismo religioso, vio colapsar su economía. De acuerdo con el alcalde Maher Nicola Canawati, la tasa de desempleo pasó del 14% al 65% y más de 4,000 personas abandonaron la ciudad buscando empleo fuera.

Un faro de luz en medio de la ruina

Pero en diciembre de 2025, por primera vez desde el inicio del conflicto, una señal inequívoca de vida volvió a brillar en la ciudad: el encendido del árbol de Navidad en la Plaza del Pesebre. Grandes multitudes, aunque principalmente locales, se reunieron para celebrar. La escena era conmovedora: padres alzando a sus hijos sobre los hombros, música árabe entremezclada con cánticos navideños, y una fragancia de café palestino flotando en el aire.

Uno de los ejemplos más simbólicos de este renacer es el restaurante familiar de John Juka, un negocio tradicional en la ciudad desde 1979. “Nos preguntábamos cuánto más podíamos aguantar”, relató Juka, de 30 años. “Pero en agosto, con los rumores de un alto el fuego, vimos turistas caminando por las calles y decidimos abrir de nuevo”.

Una economía ligada a la espiritualidad

Desde hace siglos, el turismo y la peregrinación religiosa son el motor económico de Belén. Según datos oficiales de la autoridad local, cuando la ciudad recibe a 10,000 visitantes, el impacto económico se siente en toda la región: desde el carnicero hasta el conductor de taxi. Sin ese flujo de visitantes, especialmente en Navidad, las consecuencias son devastadoras.

En noviembre de 2025, las cifras ofrecieron cierto alivio. De acuerdo con Canawati, el nivel de ocupación hotelera alcanzó un 70% durante la temporada navideña, lo que representa el mejor dato desde el inicio de la guerra. Aun así, buena parte de los asistentes al encendido del árbol eran locales o palestinos de provincias cercanas, no peregrinos internacionales.

Celebrar bajo vigilancia armada

Aunque las luces volvieron a iluminar la ciudad, el contexto de violencia no ha desaparecido. Fuertes dispositivos de seguridad, puestos de control militar israelí y una creciente presencia tanto del ejército como de colonos armados condensan la contradicción de una ciudad sagrada atrapada por el conflicto.

Los ataques de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania alcanzaron su punto más alto desde 2006, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. Incluso durante los festejos, se reportó el asesinato de dos palestinos en un intento de embestida contra soldados en un retén en Hebrón, a sólo 30 kilómetros de Belén.

Las voces de la esperanza

En medio de esa tensión, ciudadanos como Issa Montas, de 29 años, insisten en ver la Navidad como una festividad de unidad y resistencia. “Viajé seis horas desde Ramala para estar aquí, debido a los retenes y puntos de control”, explica este pintor de casas que trabaja en Jerusalén. “Pero vale la pena. Esta celebración no es sólo para cristianos; es para todos: cristianos, judíos, musulmanes. Esta Navidad es para la humanidad”.

La narrativa oficial que intenta ligar la celebración navideña con la paz y la coexistencia cultural encuentra eco en los pasillos de la Iglesia de la Natividad, epicentro del turismo en Belén y sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012. Esa misma Iglesia que, durante siglos, ha sido testigo de rezos por la salvación y ahora, más que nunca, es símbolo de supervivencia.

El mensaje silencioso de una ciudad herida

Más allá de religiones y banderas, la decisión de retomar las celebraciones envía un mensaje potente al mundo: un pueblo herido, pero vivo, se niega a que su historia y su fe mueran bajo el ruido de las balas. “La decisión que tomamos fue reencender el espíritu de la Navidad y reavivar la esperanza”, dijo Canawati. “Este es nuestro mensaje al mundo: los palestinos amamos la vida y deseamos una solución pacífica”.

Tal vez los cánticos ya no suenan con tanta fuerza, ni las calles bullen de turistas como antes, pero el simple acto de iluminar un árbol es, en sí mismo, una declaración de dignidad. Belén, la ciudad de la paz, se aferra a la posibilidad de que, en este rincón tan disputado del mundo, aún haya espacio para una Nochebuena verdaderamente santa.

¿Y ahora qué?

La comunidad internacional observa con atención el devenir de Belén y otras localidades palestinas. Iniciativas que fomenten no sólo el turismo sino también la protección del patrimonio cultural y religioso son más urgentes que nunca. Esta Navidad ha puesto sobre la mesa una realidad innegable: si el mundo quiere ver luz en Tierra Santa, debe mirar más allá de los titulares, respaldar a las comunidades locales y comprometerse con una paz genuina.

En palabras de Montas: “Hoy celebramos no con fuegos artificiales, sino con el latido del corazón. Porque sobrevivir, en tiempos como estos, también es una forma de celebrar”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press