Pointe-au-Chien: La tribu indígena que resiste el colapso ecológico de la costa de Luisiana

Entre erosión, huracanes y migración forzada, los pueblos originarios del sur de EE.UU. luchan por sobrevivir y preservar su herencia cultural en un terreno que literalmente desaparece bajo sus pies

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Una amenaza que no deja de avanzar

La costa de Luisiana se está desmoronando. Desde la década de 1930, el estado ha perdido casi 2,000 millas cuadradas (unos 5,180 kilómetros cuadrados) de tierra. En ciertos momentos críticos, la pérdida equivalía a un campo de fútbol cada 34 minutos, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Detrás de esta alarmante estadística hay comunidades reales, como la tribu indígena Pointe-au-Chien, que han habitado estas tierras durante generaciones. Hoy, enfrentan uno de los retos más grandes de su historia: resistir el paso destructivo del cambio climático.

Una lucha ancestral contra el agua

Cherie Matherne, directora de operaciones de la tribu, observa con pesar un paisaje que ha cambiado en solo unas décadas. Donde antes había árboles frondosos y ganado pastando, ahora hay agua salada y vegetación muerta. Esta pequeña tribu se rehúsa a ser desplazada, como le ocurrió ya a la Nación Choctaw de la Isla Jean Charles, reubicada hace tres años tras perder el 98% de su territorio.

Queremos quedarnos aquí por el tiempo que nos sea posible”, dice Matherne. Para lograr eso, han emprendido iniciativas que van desde la adaptación de viviendas hasta proyectos comunitarios de restauración ecológica.

¿Qué está causando la desaparición de la costa?

Numerosas causas se combinan para producir este desastre ecológico:

  • Levees y represas en el Misisipi, que interrumpen la sedimentación natural que forma la tierra.
  • Canales artificiales que permiten la intrusión de agua salada y matan la vegetación dulce que sostiene el terreno.
  • Extracción de aguas subterráneas, que acelera el hundimiento del terreno.
  • Huracanes más intensos y frecuentes debido a las emisiones que provocan el calentamiento global.

Una solución hecha de conchas y esperanza

Una de las estrategias más innovadoras ha sido la creación de arrecifes artificiales con conchas de ostras recicladas. Estas conchas, recolectadas de restaurantes, se colocan en bolsas y se apilan cerca de la costa para formar una barrera que frena la erosión.

Desde 2014, el programa de la Coalition to Restore Coastal Louisiana ha reciclado más de 16 millones de libras (antes 7.3 millones de kilogramos) de conchas, lo suficiente para proteger aproximadamente 2.4 kilómetros de costa. Y ha funcionado: donde la tribu construyó un arrecife en 2019 para proteger un sitio histórico, la velocidad de pérdida de tierra se redujo en un 50%.

“Puede parecer una gota en el océano, pero en una crisis como esta, cuantas más gotas podamos reunir, mejor”, señala James Karst, vocero de la coalición.

Edificaciones resistentes para un futuro incierto

El huracán Ida, con vientos sostenidos de 241 km/h, azotó la región en 2021 y destruyó buena parte de las viviendas. Con ayuda del Lowlander Center, una ONG que colabora con comunidades vulnerables al cambio climático, han comenzado a reconstruir casas con diseños más resistentes: estructuras elevadas, ventanas reforzadas, equipos eléctricos a prueba de oleajes e incluso paneles solares (cuando los fondos lo permiten).

No basta con fortalecer una sola casa. La seguridad de la comunidad solo se logra si todas las familias están incluidas”, explica Kristina Peterson, directora del centro.

Barreras burocráticas y falta de reconocimiento

A pesar de todos sus esfuerzos, la tribu Pointe-au-Chien afronta otro obstáculo: la falta de reconocimiento federal. Sin este estatus, tienen dificultades para recibir subvenciones del gobierno federal, dependiendo así de donaciones, colaboraciones universitarias y organizaciones sin fines de lucro.

La situación se agravó tras recortes presupuestarios impulsados durante la administración de Donald Trump. Proyectos como centros comunitarios autosuficientes o paneles solares para cada vivienda quedaron congelados por falta de fondos.

Conservar la cultura y el territorio

Theresa Dardar, una de las ancianas de la tribu, ha sido testigo del cambio radical de la geografía: cuerpos de agua que se han fusionado, vegetación autóctona desaparecida, pesca más difícil. Sin embargo, la relación espiritual con el territorio permanece inquebrantable.

Este es nuestro hogar ancestral, aquí descansan nuestros antepasados y no los vamos a abandonar”, afirma Dardar. Además, recalca una verdad práctica: las tierras donde se asientan ellos son el “colchón” natural que protege regiones más al norte de inundaciones.

Un modelo de resiliencia indígena

Según proyecciones, Luisiana podría perder hasta 3,000 millas cuadradas (unos 7,770 km²) de terreno en los próximos 50 años si no se toman medidas drásticas. Pero más allá del drama ambiental, está la resistencia indígena como ejemplo de fortaleza comunitaria.

Otras tribus, como la Grand Caillou/Dulac Band of Biloxi-Chitimacha-Choctaw, se han unido al esfuerzo, participando en proyectos de arrecifes y solicitando fondos para centros resilientes de energía y sustentabilidad comunitaria.

Al final, como dice el geólogo Sam Bentley de Louisiana State University: “El colapso costero traerá desplazamientos, pérdida ecológica y aislamiento de infraestructura. Será duro, pero las comunidades que se adaptan y luchan en colectivo tienen mayores probabilidades de perdurar”.

Este es un llamado no solo a la conservación ecológica, sino también a la justicia social e histórica. Las tribus como Pointe-au-Chien no solo resguardan su forma de vida, sino también el equilibrio delicado de un ecosistema que le ha dado al sur estadounidense su carácter único.

Como decía Matherne: “Nuestras raíces no se arrancan tan fácilmente, ni siquiera por la marea”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press