Ucrania bajo fuego: drones, misiles y la guerra energética en pleno invierno

El conflicto entre Rusia y Ucrania escala con ataques masivos a infraestructuras clave mientras Occidente busca una salida diplomática y el frío se convierte en un arma más del Kremlin

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Una nueva ola de destrucción

En las primeras horas del sábado, Rusia lanzó uno de sus ataques más masivos hasta la fecha sobre territorio ucraniano, utilizando 653 drones y 51 misiles en una ofensiva que abarcó todo el país y coincidió con el Día de las Fuerzas Armadas ucranianas. Según la Fuerza Aérea de Ucrania, 585 drones y 30 misiles fueron interceptados y destruidos, sin embargo, 29 localidades sufrieron impactos directos.

Este bombardeo no solo afectó zonas del este y sur, tradicionalmente bajo amenaza, sino que llegaron alertas de ataques incluso en la región occidental de Lviv, muy cercana a la frontera con Polonia.

Infraestructura energética en la mira

Ucrania acusa a Moscú de usar el invierno como arma de guerra. Las fuerzas rusas han enfocado sus esfuerzos en destruir plantas eléctricas y estaciones de distribución de energía. De acuerdo con Ukrenergo, “se trata de un intento por colapsar nuestra red eléctrica y dejar a millones sin calefacción, agua ni luz en el crudo invierno”.

Este patrón no es nuevo. Desde el inicio del conflicto, Rusia ha tratado cada invierno de debilitar la moral civil a través del frío, un método que muchos analistas ya califican como “armamentización del clima”.

Respuesta ucraniana: drones de largo alcance

Al mismo tiempo, Ucrania sigue desarrollando su ofensiva mediante ataques de largo alcance. Más de 100 drones ucranianos fueron interceptados en Rusia durante la noche, según el Ministerio de Defensa ruso. En particular, se reportó un ataque a la refinería petrolera de Ryazán, al sureste de Moscú.

Videos no verificados aparentemente muestran incendios y grandes columnas de humo tras el supuesto impacto. Aunque Ucrania no ha confirmado el ataque, esta estrategia forma parte de un esfuerzo sostenido por debilitar los ingresos energéticos del Kremlin, claves para financiar la maquinaria bélica.

Los civiles, atrapados entre misiles y diplomacia

Las autoridades locales informan de al menos tres heridos en la región de Kyiv. Mientras tanto, los ciudadanos en numerosas regiones han pasado noches en refugios antiaéreos o completamente a oscuras por apagones programados y daños en la red eléctrica.

En la ciudad de Dnipró, Anna, una doctora de 39 años, declaró: “Nos estamos acostumbrando a vivir en la incertidumbre. Cada noche me acuesto esperando el ruido de las alarmas o las explosiones. El generador se ha vuelto parte de nuestra vida diaria.”

Diplomacia en paralelo: ¿hay luz al final del túnel?

Pese a la violencia, hay señales de diplomacia en curso. Representantes de Estados Unidos y Ucrania se reunieron en Florida para una tercera jornada de conversaciones centradas en el diseño de un marco de seguridad para la posguerra.

El enviado especial estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner, cercano a Donald Trump, lideran el intento estadounidense por mediar un acuerdo. Por parte ucraniana, los negociadores Rustem Umerov y Andriy Hnatov señalaron cierto progreso, pero dejaron claro que “el verdadero avance dependerá de la voluntad rusa de comprometerse seriamente con una paz duradera.”

El rol de la industria petrolera en el conflicto

Los ataques ucranianos contra instalaciones petrolíferas rusas, como la refinería de Ryazán, han aumentado en los últimos meses. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), estos ataques apuntan a una estrategia más amplia: contener la capacidad rusa de generar ingresos por exportación, que en gran parte provienen precisamente del petróleo.

Desde enero de 2023, Ucrania ha lanzado más de 40 ataques confirmados contra infraestructuras energéticas en territorio ruso, según datos de inteligencia británica. Aunque la mayoría de estos drones no provocan víctimas directas, su poder de disrupción económica es cada vez mayor.

El invierno, otra línea del frente

Históricamente, los inviernos han marcado momentos clave en conflictos europeos. Desde las campañas napoleónicas hasta la Segunda Guerra Mundial, el frío ha causado bajas y desplazamientos tanto como las balas. En este caso, el invierno se convierte en una trinchera invisible.

Más del 40% del sistema eléctrico ucraniano ha sido dañado desde el inicio del conflicto, según un informe del Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía. En respuesta, Ucrania ha invertido en generadores móviles, placas solares para hospitales y calefacción comunitaria, pero la demanda es abrumadora.

Occidente maniobra con cautela

Mientras tanto, la Cámara de Representantes de EE. UU. debate nuevos paquetes de ayuda militar y humanitaria para Ucrania. Sin embargo, voces dentro del ala conservadora del Congreso exigen “revisar los términos de la asistencia”, lo que ha ralentizado los desembolsos.

Europa, por su parte, aprobó recientemente otra ronda de sanciones al sector energético ruso, buscando cortar canales indirectos de financiamiento que burlan restricciones previas.

Instrumentalización del sufrimiento

Ucrania acusa a Moscú de un patrón sistemático de “castigo colectivo”. El presidente Volodímir Zelenski ha sido claro en su postura: “el Kremlin no solo ataca posiciones militares, busca quebrar completamente nuestra resistencia ciudadana mediante el terror energético.”

La Comisión de Derechos Humanos del Consejo de Europa advirtió en un informe reciente que estos ataques pueden constituir crímenes de guerra si se demuestra que su objetivo principal son infraestructuras esenciales de carácter civil.

Un conflicto sin horizonte claro

La guerra en Ucrania se acerca a su cuarto año, con más de 70.000 muertos según proyecciones de ONGs y organismos internacionales. La población desplazada interna supera ya las 6 millones de personas.

Y mientras los diplomáticos se reúnen en salones cómodos en Florida o Bruselas, millones sobreviven en sótanos congelados, con la esperanza de que el próximo misil no caiga sobre su techo.

Porque en esta guerra, además de la geopolítica y los recursos, lo que se disputa es la resistencia misma de un pueblo que se niega a rendirse.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press