¿Desarme o estrategia? El dilema de Hamás y el futuro de Gaza bajo una tregua compleja
Entre propuestas y desconfianzas, la segunda fase del alto al fuego entre Israel y Hamás deja en evidencia las tensiones, las expectativas internacionales y los desafíos de una recuperación postguerra.
Una tregua frágil en el corazón de Oriente Medio
Tras más de dos años de una ofensiva devastadora en la Franja de Gaza y el doloroso precedente del 7 de octubre de 2023 —fecha en la que Hamás atacó a Israel causando la muerte de más de 1.200 personas y tomando a más de 250 rehenes—, la posibilidad de un cese al fuego ha encendido una tenue esperanza en la región. Esto, sin embargo, está lejos de significar la paz.
En el centro del acuerdo mediado por Estados Unidos se encuentra un plan de 20 puntos, promovido por el presidente Donald Trump y respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Este plan busca reconstruir Gaza, establecer una administración palestina tecnócrata y poner en marcha una fuerza internacional de estabilización, a la par que enfrenta el mayor obstáculo: el desarme de Hamás.
La propuesta de Hamás: ¿giro real o estrategia política?
En una declaración sorpresiva desde Doha, Bassem Naim, alto funcionario y miembro del buró político de Hamás, señaló que están dispuestos a considerar una “congelación o almacenamiento” de su arsenal como parte del proceso de tregua. Aunque el lenguaje empleado sugiere una intención negociadora, las implicaciones de esta propuesta son variadas.
“Estamos abiertos a un enfoque integral para evitar más escaladas”, dijo Naim, añadiendo que Hamás no descarta aplicar una tregua de cinco o diez años para reanudar discusiones sobre el futuro de Palestina. “Podemos hablar de congelar o almacenar (las armas) con garantías palestinas de no utilizarlas durante este tiempo de tregua”, remarcó.
El conflicto entre la ideología y las exigencias de desarme
El quid del asunto radica en que el desarme de Hamás no es una simple política de seguridad. Para el grupo, lo que describen como “resistencia armada” forma parte misma de su identidad política e ideológica frente a lo que consideran una ocupación israelí desde 1948.
Aunque Naim admite que “el pueblo palestino ha pagado un precio muy alto”, reitera que el ataque del 7 de octubre fue una respuesta a décadas de políticas israelíes. “La historia no comienza el 7 de octubre. Fue un acto de defensa. Cumplimos con nuestro deber de alzar la voz de nuestro pueblo”, argumentó.
El difícil camino hacia la segunda fase
La primera etapa de la tregua ha sido volátil. Se han producido intercambios de rehenes israelíes por prisioneros palestinos, pero no ha estado exento de acusaciones mutuas por violaciones al acuerdo. Mientras Israel responsabiliza a Hamás por demoras en entrega de rehenes, funcionarios palestinos denuncian la muerte de más de 370 personas tras bombardeos israelíes durante la tregua.
Ahora, con la entrega pendiente de los restos del último rehén israelí, Ran Gvili, Israel se prepara para iniciar la segunda y mucho más compleja fase, que involucra puntos clave:
- Desarme de Hamás
- Retiro de tropas israelíes de Gaza
- Despliegue de una fuerza internacional de estabilización
- Creación de un gobierno tecnócrata palestino
¿Fuerza internacional o ocupación encubierta?
Una de las cuestiones más polémicas es la presencia de una fuerza internacional. Varias naciones, como Indonesia, han declarado estar dispuestas a participar; sin embargo, Hamás ha advertido que tales fuerzas solo serán aceptadas si su mandato consiste en monitorear el cumplimiento de la tregua, y no en ejecutar acciones dentro del territorio palestino.
“Damos la bienvenida a una fuerza de la ONU que supervise el acuerdo desde las fronteras, no aceptamos que tengan mandato dentro de Palestina”, señaló Naim con firmeza.
Estados Unidos y sus aliados: ¿facilitadores o actores clave?
La implicación directa de Donald Trump como presidente del consejo internacional que supervisará la reconstrucción de Gaza ha levantado cejas. Muchos cuestionan si su liderazgo será percibido como neutral dada su histórica cercanía con Israel. A su lado, países como Alemania continúan firmando su lealtad a Israel. “Siempre defenderemos la existencia y seguridad de Israel. Es parte de los principios inmutables de nuestra relación”, afirmó el canciller alemán Friedrich Merz durante su visita a Tel Aviv.
Pese a ese respaldo firme, Alemania también reafirmó su creencia en la solución de dos Estados, pero puntualizó que su reconocimiento a Palestina solo llegará al finalizar un proceso político, no al comienzo. Un claro contraste con naciones que ya han reconocido la soberanía palestina.
La reconstrucción de Gaza: un drama humanitario y económico
Gaza ha quedado prácticamente reducida a escombros. Con más de 70.000 fallecidos palestinos—casi la mitad mujeres y niños según el Ministerio de Salud en Gaza—y una infraestructura arrasada, la presión sobre la comunidad internacional aumenta.
Gran parte de la ayuda humanitaria prometida aún no ha llegado a los civiles. Según Naim, buena parte de lo que entra a Gaza está dirigido a comerciantes privados, lo que deja a la población más empobrecida sin alimentos ni cobijo. Además, acusa a Israel de incumplir con su compromiso de reabrir el cruce fronterizo de Rafah con Egipto. Mientras tanto, el temor palestino es que la reapertura de Rafah solo para salidas sea un pretexto para promover un éxodo forzoso.
¿Se puede desradicalizar Gaza?
Netanyahu, en sus declaraciones junto al canciller Merz, adelantó que una “tercera fase” incluirá la desradicalización de la sociedad gazatí. Apuntó que esto sería similar a lo hecho en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial o en Japón. “Hamas debe ser desmantelado”, insistió.
Estas declaraciones, aunque refuerzan el objetivo de desmilitarización, también revelan el enfoque profundamente político e ideológico de Israel respecto a Gaza y su población. Lejos de centrarse únicamente en la seguridad, la propuesta alude a una transformación cultural y política del enclave.
¿Qué sigue?
Las partes caminan sobre una cuerda floja. Israel exige compromisos irreversibles, Hamás muestra señales ambiguas de flexibilidad. La comunidad internacional intenta mediar, mientras más de dos millones de gazatíes esperan ayuda, justicia y certidumbre. El reloj avanza y con él la posibilidad de convertir esta tregua inestable en una ruta hacia la paz o en la antesala de otro ciclo de violencia.
Como dijo Naim: “Esta oportunidad debe ser aprovechada de forma seria y comprensiva”. La historia juzgará si fue solo una pausa más, o el inicio de algo distinto.
